15 de marzo de 2017

CULTURA

CULTURA. ¡No las hemos de olvidar!

por
Brando Bruni

El Museo Malvinas Tandil tiene una larga historia, pero extrañamente recién ahora consiguió tener un lugar fijo para mostrar su enorme exposición con más de 500 elementos. A días del estreno de su nuevo sitio en Gardey (será el 19 de marzo a las 11 horas), Santiago Calvo nos contó como creó esta inmensa colección y los detalles de la inauguración.

UN LUGAR

Charlando con El Diario de Tandil, Calvo contó que este es el único museo inaugurado antes de la guerra, hace 35 años, el 19 de marzo del 82. "Empecé esta movida con el asunto de las Georgias del Sur, los chatarreros, Constantino Davidoff. Empecé a poner láminas en la pared y de ahí no paré", comenzó recordando.

"Los primeros 15 años me mantuve tranquilo en mi casa, como pude. Pero se fue agrandando y se me fue de las manos, uno se transforma en un captador de cosas y no tenés donde meterlas. Me llegan de todos lados, que lo tienen en un cajoncito para mostrarlo en las fiestas a la familia, y yo los expongo. Hace 20 años que vengo bregando con autoridades municipales, particulares, emprendedores, todo tipo de gente, para ubicarme en algún lugar", explica. Es que el Museo viene funcionando de forma itinerante, ya ha pasado por la Galería de Los Puentes, el Salón de los Espejos de la Unicen, las instalaciones del Ejército Argentino, El Hormiguero y varias escuelas. "Es un esfuerzo enorme y solo se lleva una parte, del 20 al 40 por ciento del museo, porque todo es imposible. Además siempre hay un ?muerto?, siempre se rompe o se pierde algo", detalla.

Es llamativo que el lugar donde recale ahora sea Gardey, pero explicando, Calvo dice que "una tarde fui a comer una picada al Almacén Vulcano de Gardey, explotado por los hermanos Cristensen. Desde las mesas del bar veía las instalaciones de la Estación del Ferrocarril y le decía a mi mujer que ese era el lugar que quería conseguir. Se lo comenté a uno de los titulares del Almacén y este señor me mostró que dentro de su emprendimiento comercial existen cinco habitaciones que estaban totalmente abandonadas y un patio colonial, me ofreció el lugar, teniéndolo yo que reciclar el espacio. No lo pensé, porque si lo pensaba mucho ni empiezo. Era la primera vez que alguien me ofrecía algo de esa manera".

Luego de mucho trabajo y dinero invertido, las salas ya pudieron renovar y orgulloso expresa que "tengo un gran equipo a mí alrededor, son amigos desinteresados, que no salen en la foto ni los entrevistan, pero esos tipos valen oro. Son como 15 personas que ponen plata, trabajo, vehículos, su esfuerzo diario y su tiempo".

Dando más detalles de las asistencias recibidas, añade que "al delegado de Gardey, Edgardo Zubigaray, le expliqué mi idea, le gustó y me está ayudando de una manera muy importante. La entrada de los ambientes que reciclé era un fachinal, se encargaron de desmalezarlo, arreglarlo, ponerle luces y bancos, haciendo una plaza hermosa. Allí instalamos un mástil y quedó precioso. Me comuniqué también con la Dirección de Cultura del Municipio, y con todo gusto me presentaron a quienes hacen pinturas urbanas. Ariel Genaro, un gran artista, vio la pared y su musa inspiradora lo llevo a hacer lo que hizo, tienen que verlo, un mural precioso".

Todo esto se suma al apoyo de la VI Brigada Aérea y el propio Ejercito Argentino. Además, para la inauguración aportarán lo suyo Aurora Verón, quien cantará el Himno Nacional y la Marcha de Malvinas, y estará actuando la banda del Ejército. Todo esto el domingo 19 de marzo a partir de las 11 horas.

 

"SIEMPRE TUVE EL TEMA DE MALVINAS EN LA CABEZA"

El tema de la mudanza es un buen puntapié para ir hacía atrás y recordar como Santiago comenzó con todo esto: "Todo el mundo me pregunta si soy excombatiente, pero nada más alejado. Siempre fui civil, cuando Malvinas, tenía 32 años, mandé una cartita al Ministerio de Defensa ofreciéndome como voluntario y nunca tuve respuesta. Siempre tuve el tema de Malvinas en la cabeza, en vida latente, adentro. Tengo recuerdos de conversaciones con autoridades municipales mucho antes del conflicto. El 19 de marzo del 82 comienza el asunto con los chatarreros en las Islas Georgias, y a mi me lo de Malvinas se me despertó. Mi padre había estado en la Guerra Civil Española, era un niño y cuando hubo muchos tiros mi abuela se lo trajo nuevamente a Argentina. Sabía de mi gusto por la aviación, entonces me regaló ocho láminas con los aviones de la guerra civil, y yo los ponía en un pasillo. Cuando empezó lo de los chatarreros, cambié esas láminas por aviones argentinos y un mapa de Malvinas que saqué de la Guía Peuser, cambiándole los nombres británicos por los argentinos. De esos cuadros, el museo se transformó en lo que es, debo tener en las paredes 380 cuadros".

En total, Calvo enumera unos 500 objetos y aclara que "hay de todo, hasta una tuerca de un Mirage que fue a Malvinas o un tanque eyector de combustible. Asientos, paracaídas, un misil, cosas personales de gente que estuvo en la guerra, un sin numero de cosas. Son todas cosas históricas, recuerdos. Cada elemento cuenta una historia, yo hago una visita de 50 minutos, pero se podría estar cuatro horas. Nada está puesto por generación espontánea, todo tiene una anécdota".

Dice que entre los visitantes ve "mucha lágrima, mucha gente llora, a muchos les llama la atención que pueda haber reunido semejante cantidad de objetos históricos, piezas única e irrepetibles. Por ejemplo, tengo el bastón que perteneció al capitán Giachino, el primer muerto en Malvinas, su viuda me lo dio a mí. Hay maniquíes con los uniformes provistos por excombatientes que me los trajeron para mostrar".

En las recorridas que hizo con los elementos a cuestas, pasó por muchas escuelas y afirma que "los chicos son los que más se interesan, los que más preguntan. Una vez uno me preguntó porque no devolvían las Malvinas, parece que en la escuela no se aclara mucho el tema. Yo le expliqué que es como si el señor de en frente de mi casa me saca el auto y lo mete en su garaje, yo voy a buscarlo y me tira tiros, entonces por ahora lo tiene él pero sigue siendo mío".

Su incansable trabajo tiene como principal objetivo que no pase con Malvinas como pasó con otros hechos relevantes, que se fueron perdiendo en el recuerdo y hoy son apenas una página más en algún libro de historia. "No podemos ir a tirar tiros a Malvinas, pero si podemos mantener la memoria", sentencia.

 

"LAS DECISIONES PASAN POR EL PODER DE LAS ARMAS"

En medio de la charla, le preguntamos a Santiago Calvo si considera que se sigue haciendo algo con respecto al reclamo por las Islas Malvinas. Cauto, expresa que "no podría decirlo, desconozco en profundidad ese tema. Tengo conocimiento por un colaborador que es experto en relaciones internacionales, que algo se hace. Pero estos temas no son sencillos. Es un asunto político e histórico que no podemos dejar de lado. No se que se puede hacer, es complicadísimo. Lamentablemente las decisiones pasan por el poder de las armas, aunque se diga que no, por la única razón que los ingleses tienen las Malvinas es porque son más poderosos armamentísticamente que nosotros.

Entonces hay que ser muy diplomático, tener una muy buena cancillería, muy buenos políticos, que desconozco si los tenemos".

"El día que la argentina sea un país vivible, que la gente desee vivir, los 1800 kelpers van a decir que quieren ser argentinos. Esa va a ser la forma de recuperar las Islas", afirma sin dudarlo.

 

UN SENTIMIENTO COMPLICADÍSIMO

Hablando con Santiago, cualquiera diría que se conoce las Malvinas de memoria, pero sorprende al decir que nunca estuvo en las Islas. Explica que "es un sentimiento complicadísimo. Puedo ir pero hay que llevar el pasaporte y hacerlo sellar como ciudadano extranjero. Y los kelpers tienen una listita con todos los que han sellado. Mañana eso lo pueden presentar en Naciones Unidas diciendo que hay dos millones de argentinos diciendo que están de acuerdo con que es territorio extranjero".

"Por otro lado está la parte emotiva. Si yo me peleo con un tipo, no puedo ir a ver la casa y decirle que es linda mientras se la estoy reclamando. Es mi enemigo. Me encantaría ir, siempre me veo en la escalerilla del avión con el viendo malvinero llegándome. Pero a la vez tengo ese sentimiento, no me puedo bancar que un británico me diga lo que tengo que hacer. Los británicos son nuestros enemigos, y eso lo tenemos que decir a viva voz", afirma. 

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