28 de julio de 2026
La incorporación de la inteligencia artificial como herramienta de trabajo interno en las software factories del país redujo de manera notable los tiempos y los presupuestos necesarios para construir un producto digital propio.
El desarrollo de software en Argentina atraviesa un cambio
que hace apenas tres años resultaba difícil de imaginar. La incorporación de la
inteligencia artificial como herramienta de trabajo interno en las software
factories del país redujo de manera notable los tiempos y los presupuestos
necesarios para construir un producto digital propio. Lo que antes demandaba
varios meses de desarrollo y una inversión considerable hoy puede resolverse en
plazos sensiblemente más cortos, un fenómeno que abrió la puerta a empresas
medianas y pymes que hasta hace poco ni siquiera consideraban la posibilidad de
tener un software a medida.
"La adopción de herramientas de inteligencia
artificial en los equipos de programación cambió por completo la ecuación de
tiempos de un proyecto", explica Agustín Nastasia, fundador de Grupo Vansur,
software factory con base en Buenos Aires que desarrolla productos digitales
para empresas de distintos rubros. Según su experiencia, tareas que antes
insumían semanas de trabajo manual -escribir funciones completas, generar tests
automatizados, documentar código o migrar dependencias entre versiones- hoy se
resuelven en una fracción de ese tiempo.
El nuevo mapa del desarrollo de software
El fenómeno no es exclusivo de Argentina, pero acá tiene un
impacto particular por el peso que tiene el sector del software en la economía
y en las exportaciones de servicios basados en conocimiento. Distintos
relevamientos del sector tecnológico coinciden en que la escritura de código
estándar redujo entre un 40% y un 60% el tiempo que insumía hace apenas un par
de años, mientras que tareas puntuales como generar pruebas automatizadas,
refactorizar componentes o documentar sistemas llegan a resolverse hasta un 70%
más rápido. A nivel global, GitHub reportó que más del 90% de los
desarrolladores ya incorporó algún asistente de inteligencia artificial a su
rutina diaria de trabajo.
Esa aceleración se tradujo en un cambio concreto en los
presupuestos. Proyectos que antes exigían equipos numerosos y meses de
planificación hoy pueden ejecutarse con estructuras más chicas, siempre que
exista experiencia suficiente para dirigir correctamente las herramientas.
Menos meses, menos presupuesto: qué cambió puertas
adentro
En la práctica diaria de una software factory, el cambio se
nota en cada etapa del proceso. Un producto mínimo viable (MVP) que antes podía
llevar entre seis y ocho meses de desarrollo hoy se construye en semanas.
Nastasia lo explica así: "La IA no reemplaza el trabajo de un equipo de
desarrollo, pero sí elimina buena parte de la carga operativa y repetitiva. Eso
libera tiempo para pensar mejor el producto, no solo para escribirlo más
rápido"- agrega Agustín
Nastasia, quien lleva más de 10 años liderando proyectos exitosos de
tecnología en América Latina.
Ese ahorro de tiempo se traduce directamente en costos más
accesibles. Y ahí está, según los especialistas del sector, el cambio más
significativo para el mercado argentino: empresas medianas y pymes que antes
descartaban la idea de tener un desarrollo propio por una cuestión
presupuestaria hoy pueden evaluar la construcción de un producto digital a
medida como una inversión razonable, no como un lujo reservado para grandes
compañías.
Lo que la inteligencia artificial todavía no resuelve
Sin embargo, el abaratamiento de costos no elimina la
necesidad de expertise técnico. Las decisiones de arquitectura, la
definición de cómo va a escalar un sistema cuando crezca la cantidad de
usuarios, y el criterio para evitar que un producto acumule deuda técnica
siguen siendo terreno exclusivamente humano. Una herramienta de
inteligencia artificial puede escribir código funcional en minutos, pero no
puede anticipar cómo va a comportarse ese sistema dentro de dos años, ni
identificar los cuellos de botella que van a aparecer cuando el volumen de
operaciones se multiplique.
Es en ese punto donde, según coinciden distintos referentes
del sector, aparece el riesgo de una falsa sensación de simplicidad: que un
desarrollo más rápido y más barato sea, además, un desarrollo bien construido.
"El perfil senior no perdió relevancia, al
contrario: se volvió más estratégico", sostiene Nastasia. "Antes,
buena parte del valor de un desarrollador senior estaba en la velocidad y la
experiencia para escribir código complejo. Hoy esa velocidad la aporta en parte
la inteligencia artificial, así que el valor del senior se concentra en las
decisiones que ninguna herramienta puede tomar: qué arquitectura elegir, cómo
estructurar los datos, qué patrones evitar, cómo anticipar el crecimiento. Es
el criterio profesional el que determina si un producto va a escalar
correctamente o va a colapsar bajo carga".
Esa mirada coincide con lo que se observa en otros mercados:
los equipos de desarrollo más chicos, potenciados por inteligencia artificial,
funcionan bien cuando están dirigidos por profesionales con experiencia que
saben qué pedirle a la herramienta y, sobre todo, qué no delegarle.
Qué significa esto para las pymes argentinas
El resultado de este nuevo escenario es un punto de entrada
más bajo para tener un software propio, pero con las mismas exigencias técnicas
de siempre a la hora de construir algo que funcione a largo plazo. Para una
pyme que evalúa digitalizar un proceso, automatizar una gestión interna o
lanzar una plataforma propia, la ecuación cambió: los plazos son más cortos
y la inversión inicial, más accesible. Lo que no cambió es la necesidad de
contar con un equipo que entienda no solo cómo escribir código, sino cómo
diseñar un producto que crezca sin romperse.
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