2 de noviembre de 2026

ENFOQUE

ENFOQUE. Jardín Arroyito: El título más importante se otorga en el subibaja

Por Alejandro Latorre

La foto de esta viñeta congela un instante que es, en realidad, un umbral de tres décadas. La mano de la profesora Valeria Salas descansa sobre el picaporte de la histórica puerta del Jardín Maternal Arroyito de la Unicen. No es una puerta cualquiera; es la frontera exacta donde se divide el afuera y el adentro, el paso tembloroso desde los brazos de la casa hacia la inmensidad del mundo. Tocar ese picaporte es activar una maquinaria de resistencia, amor y memoria que cumple treinta años habitando el Paraje Arroyo Seco de Tandil.

Heráclito decía que nadie se baña dos veces en el mismo río, porque todo fluye y nada permanece igual. El Campus Universitario es ese cauce indomable por el que pasan miles de historias. El pibe que llega cargado de apuntes, miedos y fotocopias no es el mismo que años después se va con el título bajo el brazo.

Sin embargo, la paradoja más hermosa de este rincón serrano es que, mientras la vida universitaria corre como un torrente que te transforma para siempre, existe un Arroyito que desafía la ley del filósofo griego. Ese pequeño cauce de la primera infancia no te cambia; funciona como un ancla invisible, un remanso de agua clara al que siempre se puede volver para reconocerse en la propia identidad cuando las corrientes de afuera se ponen bravas.

«El parque del jardín, en una palabra, es comunión», dice Valeria con la pausa de quien ha visto crecer el pasto y las infancias al mismo tiempo. Ese grandioso parque es el primer refugio. Cuando el desarraigo o la angustia de la separación se apodera de los nenes de uno o dos años al despedirse de mamá o papá, el viento del campus y el trinar de los pájaros obran el milagro de la calma.

Allí se aprende lo verdaderamente importante. El título más valioso de la vida no lo firma el decano en el estrado del aula magna; se otorga ahí abajo, en la arena, cuando se aprende a sostener al otro en el subibaja de la realidad o a contener el vértigo de la hamaca sabiendo que hay una red colectiva lista para atajar la caída.

La historia de Arroyito está tejida con los mapas cruzados de la crianza, el laburo y el estudio. Una primavera de hace muchos años, a las docentes se les ocurrió salir a repartir flores de goma eva hechas por los chicos por las oficinas y laboratorios del Campus. Lo que nació como un juego se transformó en un ritual identitario. «Es gratificante que nos reciban con sonrisas, caramelos y los brazos dispuestos a regalar abrazos. Todavía ves en los escritorios flores de años anteriores», relata Valeria. Ese día, los nenes descubren asombrados el lugar donde sus viejos tiran del carro, y la universidad pública se transforma, definitivamente, en una gran mesa familiar.

Los chicos crecen y, por una ley inevitable de la biología, el paso de los 45 días a los dos años se borra de los recuerdos conscientes. Los estudiantes universitarios que hoy cruzan el campus ignoran, quizás, que alguna vez gatearon esas mismas baldosas. Pero las familias no lo olvidan. «Nos llena de emoción encontrarnos con los padres; ellos sí tienen los recuerdos más vívidos. Fuimos las primeras que ofrecimos palabras de calma al dejar a sus bebés con desconocidas. Celebramos sus primeros pasos, sus primeras palabras», evoca la docente.

Por eso, cuando Valeria toca ese picaporte, no solo abre una puerta de madera. Abre el cofre de una institución que, durante treinta años, se ha negado a ser un simple depósito de chicos para convertirse en un territorio seguro, confortable y digno de ser habitado. En tiempos donde todo se desvanece en el aire, Arroyito sigue demostrando que la educación pública es, fundamentalmente, la decisión política de transformarse en familia para bancar la parada de los que vienen marchando desde abajo.

TREINTA AÑOS HILVANANDO INFANCIAS EN EL CAMPUS

Fundado el 8 de noviembre de 1996 bajo la órbita de la Secretaría Académica de la UNICEN, el Jardín Maternal «Arroyito» celebra este viernes sus tres décadas de vida ininterrumpida en el Campus de Tandil. Nacido con la misión de brindar atención pedagógica e integral a bebés y a la niñez de entre 45 días y 2 años de edad, el jardín se consolidó como un pilar indispensable para garantizar el derecho a la educación y al trabajo, acompañando las trayectorias de estudiantes, docentes y nodocentes.

Con hitos que forman parte de la identidad cultural y comunitaria de la ciudad -como la edición de su libro de microrrelatos «Historias que van y que vienen en el campus» en 2023-, la emblemática institución preuniversitaria conmemorará este nuevo aniversario con sus tradicionales jornadas de encuentro en su histórico parque serrano.


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