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15 de septiembre de 2017
(Por Mauro Carlucho - Fotos de Nicolás
Procopio)
Tatuna es de los grandes personajes del
futbol local. A punto de cumplir 80 años, lo visitamos en su casa del barrio de
la estación. Pese a ser nacido en Benito Juárez encontró en los adoquines un
lugar de pertenencia. "Yo soy tandilero
puro y de la estación", nos dijo inflando el pecho.
Sus padres se mudaron a Tandil cuando
todavía era un niño. El matrimonio vivió junto a sus tres hijos en Montevideo
al 600. Allí se criaron y plantaron las raíces.
"Estudié
en el Colegio San José hasta sexto grado y después empecé a trabajar con mi
padre que era ebanista. Estuve con él hasta que conseguí trabajo en el Correo
Argentino donde estuve más de 30 años como ordenanza. Fueron muchos años
trabajando en el Correo, adonde me jubilé finalmente", repasa junto a ElDiariodeTandil.
No estuvo casado y se anima a confesar que
nunca estuvo enamorado: "La camiseta de
Ferro es el único amor de mi vida", dijo en un pasaje de la entrevista. Su
vida era el trabajo y los viajes. Cada peso que ahorraba lo invertía en
turismo. En una pared de su humilde casa encontramos la memorabillia de cientos
de destinos. Hay llaveros, fotos, mapas, recuerdos. Nos habla con emoción de
sus viajes. De Cuba, España, México. "De
Argentina solo me falta Tierra del Fuego y después conozco casi toda América.
Brasil es lo más lindo que vi. El último viaje fue en el 2012 cuando estuve en
un crucero por el Océano Atlántico", nos cuenta.
Hay imágenes por toda la casa. Cada pared
tiene un poster, una foto. Les agrega anotaciones, frases. El Pato Garate tiene
un lugar de importancia. Fue su amigo y compañero. "Lo extrañé y lo sigo extrañando, era un pingazo", lo recuerda.
Se siente la melancolía en el ambiente.
Tatuna está un poco flojo de salud. Los problemas de los médicos con el
municipio le retrasaron una operación que sigue en espera. Pero hace menos de
un mes recibió una invitación que le alegró el alma. La actual Comisión
Directiva de Ferrocarril Sud le hizo un merecido homenaje en el estadio Dámaso
Latasa.
Cientos de veces escuchamos la frase: "A
los homenajes hay que hacerlos en vida". Este caso nos habilita a seguir
repitiéndolo hasta el cansancio. Ese pequeño gesto del club fue una caricia al
alma.
El amor por Ferro empezó a través del
alambrado. Como hincha. Pero un día lo
empezó a vivir desde adentro. "En una época iba a ver los entrenamientos,
Ferro tenía unos jugadorazos. Salía de trabajar del Correo y me escapaba
derecho para la cancha. A veces ni comía para no perderme nada. Un día les
empecé a alcanzar el agua a los jugadores y me dieron el lugar. Después salimos
campeones en el 77/78 y quedé como la cábala. Aldo Villar era el entrenador",
recuerda.
Lleva las estadísticas marcadas a fuego. Se
pone serio cuando afirma que estuvo en más de 600 partidos, 6.500
entrenamientos y arroja un dato digno del Libro Guinness de los Records: "Llevé 7.200 bidones de agua". Tan
incomprobable como hermoso. Porque es normal que un delantero se vanaglorie de
ser el máximo artillero o un arquero exponga sus vallas menos vencidas, pero
Tatuna tiene su marca. Un aguatero record, que disfrutó de ayudar a los
verdaderos protagonistas: los futbolistas del tricolor.
"¡Si
serán años!", nos dice. Tiene mil anécdotas, historias
de todo tipo. Fue aguatero, masajista, colaborador y parte de la familia de
Ferro. Muchos técnicos hablan de la importancia del grupo, las individualidades
son importantes pero en el futbol los grupos ganan campeonatos. Ahí se hizo
fuerte Tatuna. Desde el primer día fue uno más. Estaba en los entrenamientos,
partidos, viajes, cenas, en las rondas de mate. El club lo adoptó como uno más.
Fueron casi 30 años de presencia ininterrumpida. Hubo buenas y malas épocas,
pero su diminuta figura seguía presente.
"Creo
que me gané el lugar por insistencia. Adentro de la cancha debuté en un partido
contra Loma Negra, me acuerdo como si fuera hoy. El mejor equipo que vi fue el
de 1977 y 1978. Era una máquina y Aldo Villar un verdadero señor. Antes había
muy buenos jugadores, pero ahora no tanto",
analiza. Nombra a Perandones, al "Diente" Areozarena con quien también dio la
vuelta olimpica, al Tucumano Calderón, a quien dice lo vio hacer el mejor gol
que apreciaron sus ojos. "Todavía lo recuerdo, ¡que fenómeno!". De su última
etapa destaca al "Hormiga" González, ese 10 habilidoso que descolló en la
década del ?90.
"Usted no se imagina lo que sufrí cuando me
fui del club", afirma. Sus más cercanos saben del dolor. En el 2003, cuando
Oscar López era el entrenador y Santoro el presidente, Tatuna se quedó sin
lugar en el banco de suplentes. La reglamentación del Torneo Argentino B
permitía un número menor de colaboradores y le tuvieron que pedir seguir los
partidos desde afuera. Braile no lo pudo aceptar. Llevaba más de 600 partidos
sin faltar a ninguno, en una agenda tenía anotadas todas las estadísticas.
Ferro era una parte de su vida.
Lo cierto es que volvió lleno de rabia a su
casa y armó una enorme hoguera con todos los recuerdos. Pensó inútilmente que
el fuego podía borrar a Ferro de su vida. Hoy recuerda tristemente esos
acontecimientos: "No sabía en que
dedicar el tiempo. Extrañaba estar en el club, acompañar a los muchachos. Ferro
es mi vida. Santoro y el "Amarillo" se portaron mal conmigo. Por eso me fui.
Hoy estoy arrepentido de lo que hice. Quemé una parte de mi historia".
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al Club
Desde aquella rabieta, pisó poco y nada a
la institución. Digamos que no quería acercarse. Le hacía mal. Pese a esto,
estuvo en el 2008 cuando homenajearon a los campeones del ?78 a 30 años de
aquel título histórico.
Así y todo siempre siguió la campaña por el
diario, la radio o según lo que le contaban sus amigos por la calle. Le
generaba expectativa esta nueva gente que agarró la manija. Ni hablar cuando lo
visitó un dirigente para comentarle del homenaje que le iban a realizar.
"Como
te dije lo anterior, también debo reconocer lo que están cambiando las cosas.
Hace mucho tiempo que no se hacía nada en el club. Es una maravilla como están
dejando todo. Cuando fui a la cancha fue una sorpresa. El club todo pintado,
ordenadito, lo mismo en la sede. Parece mentira",
dice abriendo los ojos como el dos de oro.
"Me
dan ganas de ir a ver un partido, lo extrañé tanto que aunque esté medio fulero
de salud quiero ir". En ese tiempo, alejado del
club, nunca más fue a la cancha. "A Santamarina ni loco lo voy a ver. No me
gusta". La rivalidad eterna. "A ellos siempre lo ayudaron los árbitros, la
liga. Ferro es otra cosa". Se emociona y nos emocionamos. El ambiente se
transformó en un minuto.
Aprovechó la ocasión y salió corriendo para
el cuarto. Pensé que no quería que lo viéramos llorando, pero no. Aparece al
instante con la camiseta tricolor. "Esta
es la única que no tiré al fuego", nos dice. La guardó pensando en este
momento. Quizás internamente sabía que iba a volver.
"Estos
chicos que están en la dirigencia aman al club. Eso es fundamental. El Viejo
Díaz (otro histórico del club) era muy mal llevado, pero también amaba al club.
Esa es la gente que vale". Sin quererlo Tatuna nos
dejó una máxima. Su amor por el club permanece inalterable. No hay berrinches o
macana que pueda con esta pasión.
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