30 de mayo de 2013

Política

Política. Un “vecino más” que siempre está

Néstor Auza. El segundo puesto lo hubiera dejado a pasitos de la gloria, pero la aridez de la campaña exigía una actitud mucho más combativa del candidato. Aún así, contrariando los consejos de sus asesores y amigos, Bracciale no se salió de su molde de candidato de atmósfera cero. Algo parecido le ocurrió en 2003 cuando pegó el faltazo al debate final de los candidatos. Ambos equipos de campaña sabían que la elección estaba virtualmente empatada, aunque la percepción era que Lunghi podía dar el batacazo. Sin embargo, Bracciale, a la hora en que cada voto vale oro, faltó al imprescindible debate en la Cámara Empresaria y luego perdió la elección por apenas 280 sufragios. Lo reemplazó Javier Levigna, quien fue uno de los dirigentes que mejor acompañó la dubitante campaña del candidato. “Hablá vos, hablá vos, hablá vos….” le rogaba desesperadamente quien fue su estratega político en aquella campaña, el dirigente José Rubén Sentís, cuando Bracciale y Lunghi se encontraron en el estudio de la televisión local, a menos de 48 horas de aquel 14 de septiembre, fecha emblemática para el nacimiento del lunghismo. El caso del médico justicialista es para estudiar: no refracta como candidato pero tampoco levanta multitudes. Es un dirigente que ha trabajado en diferentes entidades intermedias (presidió durante mucho tiempo el Centro de la Prevención de Adicciones) y en su rol de concejal, salvo hechos muy puntuales ligados a la salud pública, tampoco decidió polemizar con el oficialismo. Su antítesis política es el ex concejal Carlos Mansilla. Quienes lo quieren afirman que el slogan de aquella campaña de 2003 lo acompañará por el resto de su vida, pero no como un atributo político a la hora del currículum sino como una señal de “buen tipo”. Otros, lisa y llanamente, lo refieren como un clásico pecho frío de la política, un hombre que por esta tendencia al “agua mineral” no llegó más lejos de donde llegó. Ni tampoco tuvo capacidad de armado propio. Le costó acidez, malhumor y ciertos tics de mal perdedor, asumir la derrota ante Miguel Lunghi. El duelo le duró mucho más de lo esperado, pero cuando volvió –en 2009- nunca perdió de vista, a pesar de cierto cocoliche ideológico que hoy vuelve a lo rodearlo- su identidad peronista. Mario Bracciale fue presentado ayer en una conferencia de prensa realizada en el Hotel Dior por El Hijo del Dentista, figura coloquial con que se identifica al diputado nacional Mauricio D’Alessandro, político local de Unión Celeste y Blanco que ha hecho su meteórica carrera desde el ágora mediática nacional pero poco y nada sembró en la ciudad que lo vio nacer. Con su apuesta de llevar a Mario Bracciale encabezando la lista de Francisco De Narváez, pateó el tablero del centro derecha tandilense, con el dato colateral de que el primer lugar de género femenino muy probablemente vaya para la radical exonerada Nilda Fernández. Bracciale pretendió dos cuestiones en su vida: llegar al sillón de Duffau y ocupar una banca legislativa provincial. Son temas que le han quedado pendientes a instancias de su perfil moderado, carente de picardía política y sin altisonancias. “Demasiado moderado para ser peronista”, ironizó alguien que lo conoce muy bien. Como sea, el hombre se las ingenia para seguir en el candelero desde una categoría barrial-existencial con la cual escribe el presente pero, difícilmente, pase a la historia: la de seguir siendo un vecino más.
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