31 de agosto de 2016
Hay un viejo dicho que dice: "Todo llega". Algunos esperan díasy a otros se les va la vida buscando ese momento. Pero no debe haber mayor satisfacción que lograr nuestras metas a base de esfuerzo y dedicación. Los García saben de esto. Además lo hicieron en familia, trabajando juntos y a la par.
Don Julio empezó el camino allá lejos y hace tiempo. Fue a la "escuela" a uno de esos talleres insignia que tuvo Tandil. El Yunque junto a El Brazo, Ronicevi o Talleres Tandil eran los puntos más destacados en su rubro dentro de la metalmecánica.
García aprendió rápidamente el oficio. Creció dentro del organigrama en El Yunque y un día decidió comenzar un camino por su cuenta. Al principio se asoció con un ex jefe, quien puso a disposición un taller ubicado en calle Alsina. De allí el nombre de la empresa fundada en 1968.
Esta sociedad le trajo una importante clientela y de a poco comenzó a ganarse un nombre en el mundillo serrano. Cuando transcurría el año 1973 se cumplió la promesa inicial. Don Julio se mudó en solitario al humilde galpón que había levantado en el patio de la casa.
El trabajo en aquella época era muy rudimentario, la tarea principal era afilar rejas de arado, pero estaban siempre atentos para solucionar cualquier inconveniente con los fierros. Desde su mismo nacimiento, Talleres Alsina trabajó codo a codo junto al hombre de campo.
"Al principio fue con pocos medios, con las maquinas que había y mucho entusiasmo. Pero siempre trabajando de la misma forma. Prestando un servicio y ofreciendo soluciones para el laburante", explicó Osvaldo a El Diario de Tandil.
Nuestro entrevistado recuerda con simpatía aquella época. Apenas era un purrete, pero ya andaba entre los fierros acompañando a su padre. "Yo me vine a trabajar con él cuando salí de la escuela, pero en verdad estoy en el taller desde que tengo memoria. Al principio barría o daba una mano con lo que me dejaban, pero cuando estaba en tercer año de la escuela técnica mi viejo compró un torno para que empiece a trabajar. Fuera de horario o cuando se podía empecé a meter mano. Aprendí el oficio pegándome martillazos en los dedos, pero valió la pena", aclara.
A la salida del Servicio Militar, y tras estar movilizado por la Guerra de Malvinas, Osvaldo se sumó de lleno al taller. Allí comenzó un cambio generacional que hoy se ve materializado en el tiempo. "No fue algo que se dio del día a la mañana, sino que llevo un tiempo. Pero si seguíamos con los discos de arado no íbamos a llegar muy lejos", explicó. De a poco Talleres Alsina se fue aggiornando a los nuevos tiempos. Amplió sus instalaciones allí en calle Montevideo, sumaron tecnología y mano de obra.
"Todos
los cambios que se fueron dando en la empresa fueron despacio, nunca avanzamos
de golpe, pero también es cierto que nunca retrocedimos", aseguró. "En la década del
90 nos metimos de lleno en la fábrica de alas de riego, nos especializamos en
ese tema y fuimos progresando. Pese a que trabajamos con todo el mundo, nuestro
nicho siempre estuvo en la gente del agro. Con los chacareros, con los tambos,
los ganaderos. Talleres Tandil es una empresa de servicio que está para brindar
soluciones, ese espíritu se mantuvo en el tiempo".
Comienza
una nueva era
Con el tiempo, Don julio comenzó a delegar el mando en su hijo. Osvaldo comenzó a tomar importantes decisiones, pero siempre bajo el consejo de su padre. Después de tantos años engrasado no es fácil dejar lo que uno ama. Hoy, a los 87 años, todavía recorre el taller y supervisa las tareas.
Osvaldo destaca también la labor de Mónica, su compañera de ruta. Quien trabaja en la administración y es su principal voz de confianza.
Así fueron expandiendo los límites de la empresa, en el 2004 compraron el terreno donde próximamente inaugurarán una espectacular nave de servicios. Se hicieron importadores de tecnología y se transformaron en representantes oficiales de destacadas marcas como Giorgi o Irtec.
La empresa se fue para arriba, como se suele decir en la calle. Hoy son más de 10 personas trabajando, pero cuando inauguren el edificio de La Blanqueada serán más. Con solo recorrer las instalaciones vemos la envergadura de la empresa.
Casi sin quererlo, Osvaldo prepara el terreno para la tercera generación. Sus hijos están en la Universidad y tendrán la responsabilidad de comandar una empresa líder, con gran trayectoria y bases muy sólidas.
"Todo esto nos costó mucho. Esta empresa es la vida de mi padre, por eso me llena de orgullo verlo recorrer el taller y ponerse contento porque cada vez hay más trabajo. Es una gran satisfacción", finalizó García.
Como decíamos en el título del artículo, Talleres García creció a pulmón. Con trabajo genuino y apostando al esfuerzo. Solo hace falta ver su historia para comprobarlo.
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