11 de junio de 2015

Sociedad

Sociedad. Somos tandilenses y queremos actuar

Club de Teatro, La Ñata Roja y la Escuela Municipal, por mencionar algunos. La Facultad de Arte juega en “otras ligas” pero cumple un papel fundamental en todo el circuito. Un poco de historia… El teatro en Tandil tiene una larga historia, Daniel Pérez habla de obras publicitadas en el año 1882, un lustro antes de la inauguración del Teatro Cervantes, icono local de las tablas. En más de un siglo -hasta el presente- el desarrollo fue continuo, hubo figuras rutilantes, compañías que marcaron época y formadores que dejaron huella, pero no sería justo mencionar solo a unos pocos. La “historia moderna” cuenta que en noviembre de 2002, en el marco de una Asamblea Universitaria Extraordinaria, se creó por unanimidad la Facultad de Arte, cuyo primer Decano fue Carlos Catalano. La modernidad La profesora Daniela Ferrari comentó que “Tandil es una ciudad muy amigable para recibir y había muchas posibilidades de hacer”, al paso que destaca la llegada de gente ligada a las artes como uno de los puntales de este crecimiento. “Antes la gente iba a ver teatro cuando venía un espectáculo de afuera y esto cambió”, nos dijo Alejandra Casanova, una de las “madres” del club junto a Marcela Juárez. “La gente de Tandil empezó a tomar el teatro como un programa en sí. En las muestras de fin de año, en las producciones de los alumnos, vienen los amigos y los vecinos a ver y se dicen “¿por qué yo no?”. La facultad comenzó a sacar las primeras promociones de egresados y se multiplicaron los profesores, los talleres. Hay mayor demanda de espacios y surgen diferentes alternativas. Empieza como un juego en muchos casos. Como un hobby en otros. Pero casi sin darse cuenta todos reconocen lo importante que es tener un espacio que favorezca su expresión, su socialización y les permita destinar su tiempo libre a la producción creativa. Alternativas Matías Acuipil pasó por las aulas de la Unicén y siguió su camino ligado a las artes. 12 años de trayectoria con Los Tri Tri lo marcaron como un referente dentro del clown. Comenzó dando clases en cuanto espacio le abriera las puertas hasta que el fenómeno lo animó a encarar su lugar propio. Hoy La Ñata Roja tiene  150 alumnos, más los que se acercan para seminarios o talleres cortos. La Universidad ofrece un back up distinto a las demás escuelas o talleres que encontramos en nuestro valle. “La Facultad es académica, te forma como profesor y ofrece un bagaje teórico que no te lo dan los otros espacios”, comenta Casanova. Tanto el Club, como la Escuela Municipal están más relacionados con la vocación o el oficio de actor. “En La Ñata tenemos gente que se viene a divertir, hay señoras grandes que trabajan en un banco y tenemos uno de los primeros talleres de clown para niños que se dan en el país”, comenta Acuipil. El fenómeno trasciende las edades y las clases sociales. Mónica Pérez, directora de la Escuela Municipal, habla con orgullo de los talleres que reciben a chicos de todos los barrios. Esta institución tiene un compromiso social destacado. El Club tiene una ficha de 350 alumnos y cuenta con dos salas que abren durante todo el año. Cumple un rol crucial en este desenvolvimiento de lo artístico. ¡Queremos más escenarios! Hoy tenemos desde el Teatro del Fuerte con capacidad para 500 espectadores, hasta la Ñata que puso en funcionamiento una salita de 50 personas. En el medio está La Fábrica y el Club como mencionamos. Daniela Ferrari ve que “cada espacio tiene un público diferente. Hay un público joven más vinculado con lo que se hace en La Fábrica, otro más adulto que va más al Club o La Confraternidad, que tiene además público del barrio”. Pese a esto, la cantidad de salas es uno de los problemas más recurrentes en las entrevistas con los referentes. Los grupos y compañías no encuentran escenarios para exponer sus trabajos. En el último tiempo se han acondicionado otras pero la cantidad de obras también se va multiplicando, y en mayor medida. En el transcurrir de la charla dejan entrever preferencias hacia las producciones que llegan desde Buenos Aires, entendiendo que estas dejan mejores ganancias a los teatros. El sueño de la Escuela La Escuela Municipal sufre desde su nacimiento la falta de un espacio propio. Desde el año 2003 los chicos toman clases en la antigua confitería del ferrocarril y los grandes lo hacen en la Confraternidad. Próximamente, otra parte se mudará al segundo piso del Cervantes. Directivos, profesores y alumnos sienten que merecen un lugar estable y adecuado. Un grupo interdisciplinario realiza una tarea social encomiable que hasta el momento no fue reconocida. Todavía falta… Todos los entrevistados concuerdan en el crecimiento de la escena y manifiestan que el municipio ha mejorado sus prestaciones a la cultura, pero todavía no alcanza. Faltan políticas que le den a la cultura el lugar que se merece dentro de la sociedad. Con fomento, inversiones y mayor presencia del estado en todos los niveles.
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