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17 de marzo de 2016
¿Cómo viviste esta nueva conmemoración del Día Internacional de la Mujer en nuestra ciudad? AR: Con mucha alegría por un lado. Vemos que la convocatoria siempre va en aumento y es algo que debemos celebrar. Todavía recuerdo aquellas plazas, en otras oportunidades, cuando éramos apenas 15 locas (sic). Este presente me genera cierto entusiasmo. ¿Estamos ante un cambio generacional que acompaña con mayor compromiso? AR: Es algo que venimos notando desde hace un tiempo. Tanto trabajo y esfuerzo parece que está dando algunos frutos. Falta muchísimo, pero la cuestión de género, el reclamo por la igualdad de derechos, va sumando más participación. Vimos muchos hombres acompañando la jornada. ¿Esto siempre fue así? AR: Para nada, es algo que surge en estos últimos años. Vemos que ahora hay una generación que acompaña de otra manera. El martes veíamos en la plaza a familias enteras, compartiendo un mate y conmemorando una fecha muy importante. No es una fecha exclusiva para las mujeres. En esos detalles vemos un cambio importante en la cultura. Hoy muchos jóvenes se hacen cargo de la situación y acompañan. Quizás los hombres de nuestra generación se apartaban, como que les daba miedo compartir un acto de esta naturaleza con el colectivo feminista. Pero tiene que ver con un cambio cultural. Por eso también me gustó ver a la feria de derechos, ver a tantas mujeres emprendedoras ayuda a ampliar la mirada. Somos muchísimas las mujeres trabajadoras y está a la vista. Esa realidad nos hace preguntarnos ¿Qué pasa con nuestros derechos económicos y laborales? ¿Estamos en igualdad de derechos con los hombres en este sentido? Yo creo que todavía no, por eso está bien que se visibilice y entendamos que tenemos los mismos derechos económicos y cívicos que cualquiera. Salvo el PRO que realizó una actividad en solitario, en la Plaza de los Troncos se vio un colectivo heterogéneo participando de la movida. AR: Esto que remarcas es algo muy importante. Me parece que tuvimos una plaza con mayor diversidad, con mucha participación de sectores que a veces se presentan en disidencia. Estaba el Foro, la Biblioteca de las Mujeres que somos como las históricas en esta lucha. Pero también estaban los movimientos más jóvenes como Mala Junta de Patria Grande que tiene una mirada muy interesante del feminismo. Había espacios de las distintas agrupaciones políticas. Quiero destacar la participación de los distintos Centros de Estudiantes. Este año el arte también tuvo una presencia fundamental. Lo artístico conmueve desde otro lado y es una vía de expresión válida para transmitir nuestros mensajes. Pero digamos que todavía falta mucho para llegar al conjunto de comunidad… AR: Es algo que me pregunto muy seguido. Como pasamos de la plaza al resto de nuestra sociedad. Porque a la plaza vamos generalmente los que estamos convencidos de la igualdad de derechos y nuestra gente más cercana. Pero ¿qué estrategia debemos tomar para llegar al resto? La idea de ocupar el espacio público va en esa sintonía, de tomar visibilidad y hacernos escuchar. Creo que es uno de nuestros desafíos pensar esta situación. La estrategia a utilizar para llegar a públicos más amplios. Hay gente que todavía no entiende que no es un día para festejar, sino que es para conmemorar la lucha de las mujeres. Nos llegan muchas preguntas de ¿porque la conmemoración?, ¿porque tomar la lucha de estas trabajadoras textiles que se jugaron por sus derechos?. Nuestra misión es re significar permanentemente esta cuestión de nuestros derechos. Y pasar del discurso a la acción. AR: Es más difícil todavía. Lo he charlado con muchos amigos y me dicen que contrarían a un tipo por sobre una mujer porque nosotras quedamos embarazadas y vamos a tener que pedir licencia. ¿Y esto que tiene que ver?, les digo. Vos también vas a ser padre y tenés que hacerte cargo. Se sigue vinculando la tarea del cuidado de los niños a la mujer, por eso la licencia por paternidad es menor en los hombres. Por eso hablamos de un cambio cultural. Ahí está el tema. Tanto la esfera pública, como la comunidad en su conjunto, deben terminar de incorporar el discurso, que no sea solo una fachada y se pase a un cambio real. ¿Se podría empezar en la escuela, con los más chicos? AR: La escuela es un gran desafío. Se consiguió la Ley de Sexualidad Integral que contempla esta cuestión de género. Pero todavía sigue haciendo agua. Y hablamos de una ley del 2006. Ya son 10 años que tiene gran resistencia de sectores como la iglesia o el sistema educativo. Algunas docentes argumentan que no tienen las suficientes herramientas para trabajar o ponen excusas a la hora de abordar el tema, me parece que ahí tenemos temas puntuales que hay que resolver. La ley es fantástica pero si no la podes plasmar en la realidad no sirve, va de la mano del cambio cultural que hablábamos antes. Evidentemente no alcanza con la legislación vigente. AR: Y eso que se ha avanzado mucho en el campo legislativo, considero que tenemos leyes de avanzada y esto no se puede negar. Pero también debemos remarcar que hay muchas falencias en la práctica, en el cumplimiento efectivo y en su bajada al territorio. Recién hablábamos de la licencia por paternidad. La co-responsabilidad en el cuidado de los hijos no se traduce en la práctica. Cuando llega esta fecha vemos muchos mensajes y expresiones por redes sociales que me parecen fantásticos, pero siento que eso no se traduce en contenido. Está el discurso por un lado y después cuando vas al territorio te das cuenta que hay todavía un divorcio importante entre lo que se dice y lo que se hace. Yo celebro todas las manifestaciones de acompañamiento, pero la brecha con la realidad todavía es muy grande. ¿Dónde se marcan estas diferencias, por ejemplo? AR: Afortunadamente hoy tenemos muchas estadísticas que nos respaldan en este reclamo de igualdad de derechos. Pero hay que ver también lo cualitativo. Por ejemplo en el campo del periodismo se han sumado muchas compañeras trabajadoras, pero también aumento la pauperización de su labor en esos espacios. Ojo con este análisis, porque a veces más participación no significa igualdad. Hace poco se presentó un informe de la Facultad de Económicas sobre algunos barrios periféricos de Tandil. Ahí se hablaba de grandes porcentajes de mujeres como jefas de hogar. Esos números te van guiando. ¿En qué situación viven esas mujeres? ¿Las parejas acompañan la crianza de sus hijos? ¿Reciben las ayudas que contempla la ley? Hay que analizar estos datos. ¿Hay jardines maternales en los barrios para dejar a sus hijos y poder salir a buscar el pan? Me parece que la tienen muy difícil. Hoy tenemos los datos, falta trabajar sobre ellos. ¿Le falta más iniciativa al Estado? AR: Al Estado siempre la falta un poco más. Hace, pero creo que podía hacer más. Claramente podía hacer más. En todos los niveles, municipal, provincial y nacional. Cuando por ejemplo se habla de que María Eugenia Vidal va a hacer más refugios, lamentablemente tenemos muy pocos. En Tandil está ese espacio. No alcanza, pero está. Cuando hablamos de denuncias, se habló mucho y se analizó en el Observatorio de Género de la Provincia de Buenos Aires. Se avanzó mucho en la denuncia, pero los procesos judiciales no llegan a buen término. Entonces la justicia también tiene responsabilidad por su burocracia y por la comunicación entre poderes. Es ínfimo el porcentaje de casos que llegan a una resolución en la justicia. Hay mucho por hacer y creo que siempre son determinaciones políticas. La política, la justicia, el tema es transversal. AR: Claro que sí, la sociedad está influenciada por una mirada patriarcal con fuerte predominio de lo masculino. Hagamos un ejercicio. Mirá la foto del gabinete local. La mayoría son hombres. Las mujeres quedan relegadas a Desarrollo Social y Educación. Ahí te das cuenta que todavía falta mucho. El sistema patriarcal se sigue desarrollando como antes. Cuesta salir y abstraerse del sistema. Estamos mal aprendidos y el desaprender tiene que ser constante. Cuando nos reunimos en grupos de mujeres nos damos cuenta de esto, pero en algún punto nos traicionamos porque nos viene esa herencia cultural. ¿Cómo haces para convencer a esos funcionarios y funcionarias de la necesidad vital de priorizar en cada política la igualdad de derechos? ¿Qué pasa con las políticas públicas destinadas a las mujeres víctimas de violencia o en situación de vulnerabilidad? Sin la contención necesaria es imposible salir del círculo vicioso. Es fundamental que logren la independencia económica. Y hablamos de muchas mujeres que no trabajaron nunca por estar bajo el ala del hombre. Yo todavía no veo políticas eficientes en este sentido. ¿Hay cierta hipocresía en la sociedad? AR: Están las dos cosas. Están los que se hacen los boludos y los que de verdad no comprenden la realidad. Hombres y mujeres que no comprenden la igualdad como un derecho o no se dan la posibilidad de comprenderlo. Esto también es así. Nosotras hemos hecho un montón de capacitaciones sobre género y el público es mayoritariamente femenino. El funcionario varón no se queda o no se acerca porque todavía está esta cuestión de que es cosa de mujeres. Me parece que esta resistencia se vence dándonos la oportunidad de escuchar y ver la otra realidad, es como un prejuicio que está instalado y no quiere cambiar. Me parece que la única forma de vencer este prejuicio es conocer, aprender y para eso te tenés que dar la oportunidad. Por ahí es más cómodo hacerte el boludo o la boluda. Esta cuestión patriarcal nos atraviesa al conjunto de la sociedad. Convengamos que nuestra sociedad en Tandil es bastante conservadora… AR: No lo podemos negar. Estamos como muy regidos por las cruces y eso influye. La mirada de género es muy resistida por las iglesias, porque claramente hay bajadas de línea de cuan peligroso son estas políticas. Revolucionarias, dicen. Y hablo de las iglesias, no solo del catolicismo. La mayoría de las religiones tiene esta mirada de control sobre el cuerpo de la mujer. Fíjate que para la mayor parte de las religiones nosotras tenemos que acompañar a los hombres. Además encarnamos al mal, esto está en los libros sagrados. Somos descendientes de Eva que cometió el pecado original. Desde ahí para adelante tenemos una carga muy importante, fundamentalmente en el control de los cuerpos. Queda mucho trabajo por delante AR: Hay que seguir adelante, es como un trabajo de hormigas. Pasa en todos los campos de los DDHH. Hablamos de cambios profundos y tenemos que dar vuelta nuestra cabeza. Pensá en el caso de las mochileras asesinadas en Ecuador. La gente se cuestiona porque viajaban al exterior, decían que iban solas. Se desvía el debate. Si son dos pibes a nadie se le ocurriría decir que viajaban solos. Algunos se preguntaban porque no viajaban por Argentina, como si nuestro país fuera lo más seguro del mundo o si no pasaran este tipo de crímenes. El foco tiene que estar puesto en que tipos de vínculos generamos hacia dentro de nuestra sociedad y como cambiamos para no tener estos niveles de violencia.
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