12 de enero de 2014

Papel

Papel. Profundo dolor y un momento de tensión en el sepelio de Lucas Serén

Lucas Serén amaba su trabajo en Metalúrgica Tandil. La explosión del horno eléctrico Nº 6, cuyos registros de mantenimiento fueron incautados por la Justicia, terminó con su vida. Nunca pudo sobreponerse al 70% de su cuerpo quemado por el hierro de más de 1000 grados de calor que lanzó la explosión del horno a la manera de un volcán hasta una distancia de 15 metros que alcanzó los cuerpos de los tres operarios que se hallaban en el lugar. Según los primeros indicios, un cuarto operario, de apellido Leguizamón, se salvó de milagro al salir del recinto a buscar una herramienta luego de que los trabajadores detectaran que el horno tenía problemas. Se supo además que la joven compañera de Lucas está esperando un bebé y que pensaban casarse en estos meses. Lucas era una suerte de modelo de bondad humana para quienes pudieron conocerlo, desde aquellos amigos que lo frecuentaron durante toda la escuela primera y secundaria en el Colegio de la Sierra –grupo de afectos que conservaba hasta la fecha- y sus propios compañeros de trabajo en la emblemática fábrica tandilense. Lucas tiene un hermano mellizo, Matías, a quien se lo vio literalmente destrozado por la tragedia y sus padres, Oscar y Zulma, que lo habían concebido en el seno de una familia trabajadora dedicada durante muchos años al rubro de la panadería. Matías es quien tomó la posta del pequeño negocio familiar. Hoy a media mañana en Pradera de Paz, bajo un tibio sol de enero que contrastaba con la atmósfera de profunda tristeza que se había apoderado del ánimo de la pequeña muchedumbre, fueron sepultados los restos de Lucas Serén entre dos coronas, de las varias que llegaron: las flores donde se podían leer la leyenda Tus compañeros de trabajo y una corona firmada por Renault Argentina, hoy dueña de Metalúrgica Tandil. En medio de escenas de una pena desgarradora entre los familiares y amigos del joven operario fallecido tras la explosión del horno metalúrgico, ocurrió también un instante de tensión cuando un operario, cuñado de Lucas, afectado por una crisis de nervios y llanto increpó al gerente de Metalúrgica Tandil, Mauro Iacovone. El gerente, al igual que una gerenta de la empresa y el jefe de planta, tomaban parte del sepelio basante alejados del núcleo de allegados que durante largos minutos se mantuvo en el lugar abrazando a los familiares y resistiendo el adiós. En un momento, el operario en cuestión, tomándose la cabeza y con claras muestras de dolor, encaró hacia donde estaba Iacavone. Entre lágrimas, lo que le dijo quedó flotando en el aire como un impotente latigazo: “¡Háganse cargo de algo, che! ¡Manga de hijos de puta!”, le gritó. Iacovone, visiblemente incómodo, se abstuvo de responder y tres trabajadores metalúrgicos de inmediato apartaron a su compañero intentando consolarlo ante lo irreparable. “Los chicos estaban solos en el horno. No estaba el capataz, ni el médico, ni el enfermero, nadie… Y diga que esto pasó en ese turno, que si hubiera ocurrido más sobre la mañana el hierro de la explosión hubiera llegado hasta la sala de delegados…”, contó a ElDiariodeTandil la esposa de un metalúrgico presente en el lugar.
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