23 de junio de 2016

PERSONAJES

PERSONAJES. Por este mundo, sobreviviendo

por
Mauro Carlucho

Pasado

Nació hace 43 años en nuestra ciudad, en el seno de una familia humilde asentada en calle Paraguay (por la zona del Calvario). Los padres siempre fueron laburantes y hacían lo que podían.

Marcelo nació con algunos problemas, desde el primer minuto tuvo que lidiar con una vida que dista mucha de ser un lecho de rosas.

Algunos vecinos del barrio recuerdan que de chico estaba mucho en lo de su abuela. Pero cuando perdió esa contención se volcó a las calles.

El padre cuidaba autos en la vía pública y estaba poco en la casa. Los trastornos que trajo de nacimiento y ese contexto desfavorable lo alejaron de la escuela. A duras penas recuerda algunos pasajes de su infancia en la fábrica Mocoretá, punto de reunión para los pibes del barrio.

La calle fue su casa durante mucho tiempo, aunque siempre tuvo un techo para recurrir. No recuerda cuando cayó en el alcohol, aunque fue a temprana edad. Cuando apenas era un jovencito.

Ese calvario lo acompañó casi por 30 años, primero deambulando por cuanto bar había en el barrio y luego sin punto fijo dentro del centro. Cualquier esquina o plaza lo encontraba "doblado" y ensimismado en sus problemas.

Presente

Habla muy poco, entre balbuceos, y pasa sus días en una pensión del barrio de la estación. No llegó allí por sus propios medios. Estaba muy desmejorado cuando el municipio se reunió con la familia y buscaron una salida a su delicada situación.

Estuvo un tiempo internado, luego pasó por Salud Mental y finalmente quedó alojado en una pensión de la calle 4 de abril.

Cuando entramos a visitarlo lo encontramos en el patio, sentado solo y con la mirada perdida. Sus concubinos dicen que se levanta bien temprano, prepara unos mates y sale encapuchado al patio. No le gusta estar encerrado y casi que no mira televisión.

Le preguntamos que le gustaba hacer, ¿cómo se entretenía cuando no bebía alcohol?, pero solo responde que le "gustaba tomar" haciendo señas con la mano empinada.

Su adicción le consumió la vida, por lo menos por unos cuantos años.

Los médicos que lo trataron en la ciudad hablan de un problema muy severo de adicción, pero conjugado con un cuadro mental que traía de nacimiento.

Su familia no lo podía contener, sus padres hicieron lo que pudieron, pero nunca alcanzaba. Marcelo se escapaba y volvía a la miseria. Su madre apenas atinaba a acostarlo y cobijarlo por el frio.

"Su caso es muy grave, no se va a recuperar en dos o tres meses", dijo una profesional cuando corrió el falso rumor de que había fallecido. A casi cuatro años de iniciado el tratamiento su estado todavía es delicado.

No tiene permiso para salir solo a la calle y su familia lo visita muy de vez en cuando. Viene su madre, algún hermano y hasta vecinos que lo recuerdan con afecto y le llevan ropa o alguna cajita de cigarrillos para pasar el rato.

En medio de la charla llega Charly al patio, otro personaje que vivió una historia parecida. Entre los dos se hacen compañía y toman mate en la fresca. Comparten una pitada y se ríen ante las ocurrencias de este.

"Yo lo quiero como un hermano, porque pasamos juntos por muchas cosas. No es algo lindo para recordar, pero es lo que nos tocó. ¡Si habremos dormido juntos en la calle y con los perros!", grita.

"Pero fíjate que ahora están cambiando algunas costumbres. Ya no se ven borrachos por la calle como andábamos antes. Yo no se si la gente está tomando conciencia o que. Debería pasar lo mismo con la droga que le hace tanto mal a los pibes", reflexiona Charly. 

El sobrenombre de Macoco se lo puso Sandra Maqueira según nos dice él. La recuerda con afecto, porque siempre estaba para darle una mano y hasta le puso su apodo a un boliche que marcó una época.

Futuro

Como decía la profesional, no se sabe cuánto demandará su tratamiento. Ni siquiera si podrá rehacer su vida fuera de la pensión. Pero Charly sueña con sacarlo de apoco. "Yo lo veo sentado en el sillón esperando en vano que lo vengan a buscar y me parte el alma. Quiero sacarlo a pasear, que salga a la vida. La gente me pregunta mucho por él. Saben que estamos juntos y me piden que le mande saludos".

Hoy espera manso, fumando en el patio y tomándose un mate amargo. Apenas sigue la campaña de River Plate y presencia las actividades que hacen los abuelos en la pensión. 

La gente del lugar dice que una vez se escapó, pero era porque no tenía cigarrillos. Nunca más lo vieron alcoholizado ni tirado en la vereda.

"La gente nos recuerda con cariño, porque éramos borrachines pero no le hacíamos mal a nadie. Macoco nunca le hizo mal a nadie, andaba en la de él y no jodía. A lo sumo pedía una moneda para seguir chupando o comprar un cigarro. La gente nos decía que nos compremos un sándwich pero nosotros estábamos enfermos, no lo podíamos ver. Hoy no te puedo decir que estamos curados, pero estamos mejor. Luchando y tratando de salir adelante". Habla Charly, pero Macoco asiente con la cabeza.

Es un sobreviviente de esta vida. Para algunos es un cuento de hadas, pero otros hacen lo que pueden.


FOTOS: NICOLÁS PROCOPIO

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