
Si tiene alguna consulta comuniquese al
25 de julio de 2016
por
Enrique Guillermo Avogadro
Según
todas las encuestas, la inflación es el principal tema de preocupación de los
argentinos, superando a la corrupción. La reacción generalizada contra los
aumentos en las facturas de los servicios públicos (agua, luz y gas),
aprovechada políticamente por el inescrupuloso Sergio Massa y el desvergonzado
kirchnerismo, demuestra claramente que conformamos una sociedad hipócrita,
pendiente del corto plazo y enviciada con las ilusorias ventajas que puede
obtener de un Estado omnipresente. Nadie nos dice cómo piensan que deberían
financiarse los enormes desequilibrios que Maurico Macri heredó: ¿mayor emisión
monetaria?, ¿creciente endeudamiento externo?, ¿más impuestos?; todos sabemos a
dónde llevan los dos primeros caminos, por que los hemos recorrido hasta el
hartazgo, y el tercero es imposible.
Para
que la inflación ceda, lo primero que hay que hacer es reducir el déficit
fiscal, algo que se ve impedido por la subsistencia de subsidios
indiscriminados. Si, entre otras cosas, no pagamos por la energía que
consumimos lo que vale, no sólo seguiremos malgastando inexistentes recursos
públicos en la importación sino que, como no habrá inversiones en el sector, no
se podrán abrir fábricas; sólo un demente lo haría si no hay gas ni luz
eléctrica.
Hace
más de una década, dije a los grandes consumidores que iban al suicidio porque,
mirando no más allá de la nariz, estaban llevando a la quiebra al sector
eléctrico mientras recibían un subsidio implícito desmesurado al amparo del
congelamiento de tarifas que, impuesto durante la crisis de 2001/02, Kirchner
había mantenido a rajatabla. Recordando una frase que había aprendido en
Brasil: "la energía más cara es la que uno no tiene cuando la
necesita", les recomendé que llegaran a un acuerdo con los proveedores del
indispensable insumo para aumentar el precio que éstos percibían, de modo de
asegurar rentabilidad a las empresas y permitirles aumentar la capacidad de
generación y transporte. Obviamente, no lo hicieron, y siguieron disfrutando de
esa "plata dulce" como si todo hubiera podido seguir así para
siempre.
Ese
congelamiento hacía que, por ejemplo y en materia de gas, mientras se pagaba a
Repsol y los demás productores US$ 2,5 por millón de BTU (la medida que se
utiliza para medir el poder calórico) en boca de pozo en Argentina, se
reconocía a la misma Repsol US$ 7,5 si lo extraía en Bolivia, desde donde llegaba
ante los crecientes faltantes durante los picos de consumo. Lo mismo ocurría en
todo el mercado energético; la resultante fue que perdimos el
autoabastecimiento y surgió la necesidad de importar masivamente. Durante los
90's, se construyeron gasoductos para exportar a Chile y a Rio Grande do Sul, y
líneas de alta tensión para enviar electricidad a Brasil y a Uruguay; a partir
de 2003, el sentido de esos flujos se invirtió para importar gas y energía
eléctrica. Para atender a la demanda, se recurrió a comprarlo licuado y
regasificarlo en Bahía Blanca y Zárate, a más de US$ 17, lo cual generó un
enorme negociado, que ya está en manos de la Justicia.
El Gobierno eludió, por un inexplicable
prurito vinculado al riesgo de espantar a potenciales inversores, informar
claramente a la población la magnitud de una crisis, distinta pero peor que la
de 2001/02 y, claro, nadie notó su verdadera dimensión. El sistema tarifario
implementado ya había estallado en la década anterior y, cuando se debió elegir
a quién cortar los suministros de luz y gas, el populismo optó por mantenerlo a
los hogares en desmedro de las empresas, aunque esta medida atentaba contra la
industria y, naturalmente, era un factor más en el incremento de la inflación y
en la pérdida de trabajo.
Los
usuarios de las zonas beneficiadas por esa mal intencionada política (Capital y
Conurbano) siguieron derrochando la energía, ya que el Estado la
"regalaba" -en realidad, se pagaba con los impuestos de todos-,
mientras que el interior soportaba tarifas mucho más altas, y lo mismo ocurría
con el transporte público; así, aquéllos calentaban sus piscinas en invierno y
los hogares parecían arbolitos de Navidad; otra vez, la "plata
dulce". Ahora, cuando resulta indispensable realizar un ajuste paulatino
-el brusco era política y socialmente inviable- la desinformación generada por
el Gobierno y su errónea implementación (hubiera sido mejor, por ejemplo,
establecer el aumento a partir del anuncio, lo cual produciría ahorro, y no
para el consumo pasado) provocan las protestas, fogoneadas por el kirchnerismo,
la primera de las cuales se produjo el jueves. Curiosamente, quienes
"cacerolearon" no reclaman por las gigantescas tarifas del celular o
del cable, pero se alteran si por el gas deben pagar mensualmente el
equivalente a cuatro pizzas en lugar de un café, como hasta ahora. Pero,
confesémoslo, tampoco resulta explicable que, en medio del desastre, se sigan
quemando billetes ante el altar de Fútbol para Todos y otros tantos agujeros
negros.
La Justicia, ahora en defensa propia, mostró
el ya pornográfico espectáculo de inexplicables millones de dólares en cajas de
seguridad de la hija de Cristina Elizabet Fernández, que no ha trabajado en su
vida mientras que sus padres sólo han sido empleados públicos desde hace
treinta años y su hermano Máximo consiguió su primer conchabo en diciembre de
2015, como Diputado. La escena recordó a los allanamientos a la casa de los
narcos mexicanos, donde se encontraron parvas de billetes escondidos en
placards. Por esos detalles ocupacionales que me pregunto por qué el Juez que
tiene en sus manos la causa por enriquecimiento ilícito de la ex Presidente no
la llama ya mismo a indagatoria, ya que en ella es ésta quien debe demostrar la
legitimidad de la gigantesca fortuna que tan impúdicamente exhibe ante un país
en ruinas.
Porque así es: la Argentina está en ruinas
precisamente porque Néstor y Cristina "fueron por todo" para robar
sin medida. Los fondos que se encuentran en bóvedas, bolsones y cajas de
seguridad, en casas, hoteles y campos, todos ellos una pequeñísima parte del
monto del saqueo, faltan en hospitales, escuelas, viviendas, cloacas, rutas, y
en gas, en represas y plantas de generación eléctrica, y otras miles de
necesidades insatisfechas a lo largo y ancho del país. En realidad, nada de eso
es nuevo, porque cuando ya se conocía el tamaño del latrocinio y llegaban
valijas de dólares voladores, la hipocresía de la sociedad argentina hizo que
se alzara con el 54% de los votos en 2011, producto de la fiesta de subsidios y
de la emisión demencial.
Ante la
dramática magnitud que ha adquirido el problema, me pregunto si también seremos
hipócritas para enfrentar el narcotráfico -otra fuente de enriquecimiento de
los Kirchner, como el juego- y dejaremos la solución en manos de policías como
la de Provincia de Buenos Aires, autogestionadas para el delito. ¿Por qué no
aceptamos que así no se alcanzará y que, por el contrario, iremos al horror
final? ¿No ha llegado la hora de adoptar medidas heroicas? Tal vez, una salida
sería la "militarización" de las policías, mediante la designación de
oficiales en actividad y de alto grado
de las fuerzas armadas para encabezarlas, sólo hasta tanto la corrupción pueda
ser erradicada, algo que a Gran Bretaña le llevó diez años lograr con Scotland
Yard.
29 de julio de 2026
29 de julio de 2026
29 de julio de 2026
29 de julio de 2026
29 de julio de 2026
28 de julio de 2026
28 de julio de 2026
28 de julio de 2026
28 de julio de 2026
28 de julio de 2026
28 de julio de 2026
28 de julio de 2026
¡Muchas gracias!

Único diario digital con cobertura integral en cada rincón de la provincia de Buenos Aires.
Edición Nº
2976 correspondiente al día
29/07/2026
Inscripto en la DNDA:
5224617 |
Propietario:
María Belen Bruni
Director:
Eduardo Hugo Bruni
Domicilio comercial:
Sarmiento 291 |
Tel:
(0249) 422 00 27
Podrás ver costos y tiempos de entrega precisos en todo lo que busques.