13 de mayo de 2015
PIRAÑAS AFUERA "Se juntan en la glorieta de la Plaza Independencia, andan con gorritas, el líder tiene aritos en la boca y andan en bicicletas de esas bajitas", la mujer describe a quienes cree son aquellos que golpearon a su hijo en Maipú, a metros de la esquina con Alem. No se percata de que esa descripción apunta a un estereotipo que cumplen centenares de adolescentes. "Uno anda en una bici negra y tiene una cicatriz que la cruza la nariz. Los conocen a los chicos de cuando iban a la primaria, ahora ellos van a otros colegios y vienen a molestar. Los golpean y también roban celulares, mochilas y los carnets estudiantiles. Vienen hasta cuando llueve y empiezan a merodear por la esquina, llamamos a la policía y entonces se calman, pero como no se les puede hacer nada se van a molestar a los chicos de Normal, o para el lado de San José o Polivalente", amplía, a las puertas de la escuela Técnica Nº 2, donde va a esperar a su hijo, quien desde que fue atacado tiene miedo de volver solo a casa. Es robusto y mide más de un metro setenta, pero su rostro es el de un niño. Va a tercer año y cuenta que lo que le ocurrió a él también le pasó a otros compañeros. “Sabíamos que había una banda que les pegaba a los chicos, pero hasta que no te pasa a vos es como que no reaccionás". Explica que las pirañas merodean "por la plaza del centro, la del tanque y a la salida de los colegios". El martes 28 de abril lo que sabía de segunda mano se convirtió en propia experiencia, cuando un grupo le salió al encuentro. Faltaban minutos para las 9.30. Había bajado del colectivo en 9 de Julio y Maipú; apuraba el paso para llegar a tiempo a la clase de taller. "No los vi venir, uno me agarró de atrás y otro me pegó varias piñas en el estómago, uno me tiró una patada en el cuello y cuando se iban me parece que el que me tenía agarrado fue el que me pegó en la nuca". Cree que eran dos o tres, de entre 16 y 17 años. No lo insultaron, no le robaron. "No me dijeron nada, solo me pegaron". Habla con temor, pero tal vez sea la timidez propia de un chico de su edad que le cuenta una experiencia traumática a un desconocido. O quizá de veras tiene miedo, como su madre, a la que se le complicó la rutina diaria porque no se atreve a dejarlo ir y volver sin escolta. Su hijo dice que conocen a los atacantes y descarta que los hechos de violencia sean producto de una disputa entre barrios, escuelas o clases sociales. “Atacan porque sí, porque les gusta pegar, y siempre son más grandes. El otro día, acá a media cuadra, a un compañero le pegaron, lo dejaron desmayado y le robaron, tuvo que venir la ambulancia”. Tienen identificados a dos grupos, de uno saben los nombres de los integrantes, al otro clan lo definen como “los paraguayos”. Dice que en el colegio han conversado sobre esta situación con el regente y la directora, pero no lo han abordado en clase. “En casa casi siempre hablamos del tema”. “Yo voy a segundo año de Polivalente y esto pasó hace dos semanas, a la salida”, cuenta este chico de 13 años, delgado, que nos recibe junto a su madre en una vivienda de la calle Garibaldi. El hecho que relata ocurrió a una cuadra del establecimiento, a las 13. “Yo iba con una amiga por San Martín y Alem cuando vimos que iba un chico de Comercio y le gritó algo a otro de Técnica, este viene corriendo, se saca la gorra, la mochila y se empiezan a pelear. Enseguida aparecen corriendo otros de cada escuela y empieza una pelea entre todos”. No es la primera pelea campal entre adolescentes que presencia. “Son cada vez más comunes, no son solo los grupitos de pirañas que atacan a chicos solos sino que hay una violencia creciente en los mismos colegios, a la salida, pero adentro también hay mucho bullying”, agrega la mamá. Y cuenta que a su hijo mayor, hace tres años lo agarraron entre tres cuando iba a un cumpleaños y le pegaron. “Apareció llorando, todo golpeado, le pegaron porque sí”. Su hijo más chico, con quien comparte este testimonio para ElDiariodeTandil, “va al polimodal San Francisco y la mayoría de los chicos toman el colectivo en la plaza del centro, ahí pasan de Técnica, los golpean y les sacan los celulares, las netbooks y las mochilas”. Cabe preguntarse cómo está tan segura de que son chicos de la Escuela Técnica. “Porque preceptoras de ese establecimiento encuentran las cosas con las etiquetas y llaman por teléfono para que las vayan a buscar”, afirma. PIRAÑAS ADENTRO Edith vive a una cuadra de las escuelas ex Normal y Comercio y asegura que “todos los días veo pasar chicos corriendo, policías y en la plaza del tanque varias veces a la semana los ves peleándose a trompadas”. Y reflexiona: “Uno está preocupado porque le agarran a su hijo, pero no es solamente un grupo de pirañas persiguiendo a los chicos, acá hay peleas entre colegios y también adentro de los establecimientos donde a los más chicos les pegan, los molestan, les hacen de todo y como son escuelas grandes donde no alcanzan los controles la cosa no para”. Su hijo tuvo problemas con un compañero que lo hostigaba, hasta que el último se cambió de colegio. La tranquilidad no le duró mucho porque “la semana pasada ese pibe, con un grupito, entró al colegio de mi hijo y lo amenazó”. El bullying a veces marca para siempre a los chicos, el año pasado, Agustín, alumno de Técnica 2, sufrió tal acoso que se cambió de escuela. Martín, que tiene 12 años, acompañado de su padre le cuenta a este diario que “en el recreo a los más chicos nos llevan por delante, o nos bardean, o esperan que estemos solos en el baño o algún pasillo para pegarnos y molestarnos, y si vamos con los preceptores después es peor porque te agarran siempre”. Su padre dice no saber qué hacer porque “hablé con la directora pero volvieron a molestarlo, en estas escuelas con tantos alumnos los preceptores no llegan a vigilar todo”. Recuerda que “cuando nosotros éramos pibes también había algún bravucón que molestaba a los más chicos o débiles, pero no se llegaba a estos extremos y además, cuando lo agarraba un maestro o preceptor la pasaba mal, le ponían amonestaciones, llamaban a los padres y capaz que luego en la casa le aplicaban un correctivo, ahora es un viva la pepa y entonces los violentos no tienen freno”. Antes los padres se ocupaban de educar a sus hijos en valores cívicos y de convivencia, ahora la emprenden contra los docentes si los reprueban o les llaman la atención. En la Escuela Polivalente de Arte, Amalia fue testigo en noviembre del año pasado de un hecho que marca este cambio de época. “Había un chico que era muy malo, Ramiro, así que lo tenían marcado en Dirección porque no nos dejaba en paz. Un día vino la madre con él, trabaron la puerta del salón y la mamá nos empezó a amenazar a todos, la directora tuvo que romper la puerta para entrar”. CATARSIS A LA HORA DE LA CENA No hay soluciones mágicas. No se puede esperar que después de tantas jornadas de intranquilidad, los padres puedan recuperar la calma de inmediato y mandar a los chicos a los establecimientos educacionales, convencidos de que no les pasará nada. La violencia a la salida de algunos colegios empezará a ser tratada a partir de anoche, cuando un grupo de padres autoconvocados llamó la atención de autoridades comunales, educativas, policiales y judiciales. La reunión mantenida en la esquina de Colón y Arana, en la sede del club Ferro sirvió de puntapié inicial para trabajar en una problemática que muchos pareciera que no querían ver y otros intentaban esquivarla. Las autoridades presentes se mostraron sorprendidas ante algunos de los comentarios de los padres, que repitieron lo que escucharon de boca de sus hijos. La problemática no es sencilla porque quienes atemorizan a los adolescentes son menores de edad y, eso, “es casi imposible contrarrestarlo” como dio a conocer el titular de la primera Mariano Giménez. El uniformado está dispuesto a prestar su colaboración, al igual que el Director de Prevención a la Víctima, Pablo Esquivel y las concejales Nora Polich y Carolina Gutiérrez que estuvieron por el radicalismo. No fueron los únicos porque la responsable Distrital de Educación, Andrea Etulain, comenzó a hablar de un trabajo con psicólogos en los establecimientos educacionales y la secretaria de la Fiscal del fuero Juvenil, doctora Marsiglio, tomó nota de todo lo que escuchó. Quizás el relato más estremecedor fue lo sucedido al hijo de Héctor Valenti porque “fue golpeado salvajemente”, realizando la correspondiente denuncia, pero cuando consulta sobre el estado de la causa, recibe cómo respuesta que “estamos investigando”. A partir de este hecho, todos los días concurre a la salida de la escuela de sus hijos y empieza a patrullar. Dicen que se lo puede ver observando todo lo que sucede en Maipú y Alem, porque “la gran mayoría de los casos que se ventilaron corresponden a la Técnica 2. Ante el panorama, el titular de la Seccional Primera, se comprometió ante los presentes “a realizar mayores patrullajes y también hacer participar de los mismos a las motos”. Las distancias no son muy grandes, porque estaba banda de menores de edad, actúa primeramente en las inmediaciones de las escuelas Técnica 2, Polivalente y Normal y si ven que no pueden cometer sus fechorías en esa zona, emigran hacia la Plaza Independencia o peregrinan a Villa Italia. La mayoría de los relatos fueron similares. Golpizas, intentos de hurtos o robos de distintos elementos. Todos hicieron catarsis para retirarse con los bolsos llenos de promesas que esperan se concreten para “mandar a los chicos a estudiar y no tener que preocuparse por lo que pueda ocurrir a la salida”. Quedaron en volver a encontrarse para analizar los resultados de los patrullajes, pero se estableció que la “convocatoria será por las redes sociales”.
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