30 de abril de 2015

Cultura

Cultura. Nelson Castro, cuando el jazz llegó a las sierras

NOTA PUBLICADA EN EL SEMANARIO EL DIARIO DE TANDIL DEL SÁBADO 25 DE ABRIL   Si hablamos de jazz en Tandil (y de música en general), un nombre que hace presente inmediatamente es Nelson Castro. Radicado en nuestra ciudad hace unos 37 años, transformó el ambiente jazzero serrano. Hoy, sigue en plena actividad, tocando en la Banda Municipal, enseñando en la Escuela de Música Popular, y armó un conjunto de música tradicional con sus alumnos, con quienes tocó hace poco en la Biblioteca Rivadavia. En el Salón Blanco Municipal, lugar donde la Banda ensaya habitualmente, contó a ElDiariodeTandil que además “estoy ordenando mi colección de discos, cassettes y todas esas cosas que tenía totalmente en abandono. Estoy usando el grabador de cinta y escuchando grabaciones que hacia 44 años que no las escuchaba, yo pensé que estaban todas arruinadas. Ahora tengo tiempo. Antes trabajaba más en mi profesión de modisto”. Y esta libertad de tiempo también lo empujó a empezar a hacer un CD, que va a salir a fin de año, y un libro, “empecé a hacer cosas que tenia en idea hace muchos años, como escribir un libro sobre jazz y otro sobre la Banda Municipal de Tandil, una especie de anécdotas desde que entré a la banda en el 79. Es un poco mi biografía”, resume, agregando que “estoy preparando unas carpetas con mi carrera en fotos y recortes. No me imagine la cantidad de papeles y porquerías de cuando estaba Que, el boliche del gordo Pedonese, cuando estaba Dionisios que trajimos a la orquesta de Marito Cosentino”. Y hablando de su vida, aquella mudanza en el año 78 a nuestros pagos, cambió su vida desde todo punto de vista. “Vine a mis 38 años, la mitad de mi vida la pasé acá, aunque pensé que cuando llegara a Tandil se terminaba el asunto musical, sobretodo en mi caso con el jazz. Nadie tocaba jazz, para ver un recital la gente se iba a Buenos Aires. Me fui afincando, conociendo gente, empecé a traer amigos. La primera actuación la hice en la Universidad en el 79”, rememora el hombre del trombón. La elección del destino fue azarosa, pero las razones, no: “Tenía mi negocio en Bernal y trabajaba en otro negocio importante en calle Florida. A su vez, salía a tocar. Llegó un momento que tocaba en cinco o seis orquestas a la vez. Cuando empezó el asunto bastante movido, con los militares ajustando las clavijas, explotaban las bombas en todos lados. Tenía a mi nena de cuatro años, y allá era imposible. Hicimos cuatro papelitos, Silvana sacó uno y decía Tandil. Los otros decían Comodoro Rivadavia, Córdoba y Mar del Plata. El traspaso fue terrible para mí, arrancar todo, una vida en otro lado dejando mi trabajo y las orquestas” Y si, al principio fue duro para un músico acostumbrado a tocar con los más grandes, pasar a vivir en lo que aun era un pueblo, pero no se arrepiente en lo absoluto. “Vine con una mano atrás y otra adelante, pero la verdad que inesperadamente me fue bien. Me costó, Tandil hace 40 años no es el de ahora, había cofradías de todo, eran cerrados como el que te dije de muñeco”.   Sobre el escenario, su talento lo hizo cruzarse con los más grandes intepretes de jazz. Earl Hines, pianista de Armstrong; Ellington; Teddy Wilson; pianista de Benny Goodman; Marian McPartland, Earl Larsky, pianista de Charlie Parker; Wild Bill Davison, y la larga lista se vuelve interminable. Y con la mudanza, eso no se terminó, es más, el año pasado compartió tarima con Gunhild Carling, la mejor trombonista de Europa. Según sus palabras, lo llaman “porque uno ha dejado un buen precedente, soy un tipo que no tiene problemas en improvisar o ponerse a la par de cualquiera, con seguridad. Soy más referente que antes, porque lo soy en una ciudad donde no era nada. Y soy referente en Buenos Aires también. Cuando voy para allá, hay chicos que cuando yo me vine acá no habían nacido, me ven y me cuentan que escucharon mis grabaciones”. A pesar que lo llamaron de todos lados, Nelson y su trombón viajaron poco: “Hice cruceros, tocando de acá a Rio de Janeiro. Llegué hasta Venezuela con un conjunto esponsoreados por Coca Cola, y nada más. Podría haber viajado por el mundo, podría haber conocido a todos los músicos en vivo y en directo, pero yo hacia ropa, las novias era viernes y sábado, y los músicos se rajaban los fines de semana, yo no podía”. Definitivamente, su lugar en el mundo, está acá, lugar que aprendió a querer y donde percibe un potencial impresionante. “Tandil en este momento no ha superado a Olavarría tal vez, porque siempre fue una maquina de músicos buenos. Pero a Mar del Plata y a La Plata, le pasó el rastrillo”, afirma sin dudarlo. Y hablando de músicos, cuando se le pregunta que se le dice a un pibe que quiere arrancar el complicado pero hermoso camino del jazz, asegura: “Hay que incentivarlo, hacerle escuchar lo que es el instrumento que él elige. Las radios no incentivan jazz, es una minoría. A los chicos que les doy trompeta y trombón, los incentivo haciéndoles escuchar y preguntándole porque eligen el instrumento. Abrazate al jazz, es la música más fuerte que hay, y como es negra con más razón, es la sangre que viene metida ahí adentro a pesar que pasen generaciones”. NELSON Y LA TECNOLOGIA “No uso ni teléfono celular ni computadora. Me saca tiempo para otras cosas, pienso. Es un poco manía, aborrezco el tipo que anda caminando y va hablando solo por la calle. Y que estés en una mesa y que corten la conversación para atender, no me gusta. Como no me gusta, no lo uso para no joder a los demás. De eso se encarga mi hija, ella me dice quien me habló o quien va a venir. Y mi señora, que hace de secretaria. En eso, estoy en la cavernaria. Vivo libre de esa cosa, por ahora. Si yo me compro la computadora, no me muevo de mi casa. Empiezo a ver videos y me paso la vida, me encierro y me sacan con las moscas”. NELSON EL ROQUERO “Yo soy roquero también, estuve en el primer conjunto de rock que puso instrumentos de vientos, Los Wonderful´s, del 67 al 69. Después me quiso llevar Sandro”, repasa ese llamativo item en su currículum, y recuerda una anécdota imperdible: “Todos sabían que yo era jazzero, porque me veían en televisión, en Jazz a Medianoche o en Sábados Circulares. A casa venían unos chicos jóvenes con una chatita como la de Minguito, y me decían “Nelson, ¿cómo podemos hacer para entrar en la televisión?”, yo les di el número de nuestro representante. Sabes quienes eran: Vox Dei”. Y metiéndose en un asunto que compete al rock y la falta de lugares para presentarse que algunos denuncian, es claro: “Podes tocar si vos te portás bien y haces una música decente, sin llenar el boliche de bafles, sin poner un volumen tan fuerte que tu abuelo se vuelva loco. Eso es tocar para la gente no vaya. El mal roquero, lo que hace es lucirse con volumen y no con el arte de la armonización. Acá cuanto más fuerte, les parece que los van a contratar más, no, los van a echar a la miércoles”.
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