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26 de diciembre de 2016
En la madrugada de este domingo falleció en San Isidro el
director de cine Eliseo Subiela, a los 71 años. La información fue confirmada
por la web "La cosa cine".
A los 71 y en vísperas de su cumpleaños -el 27- murió el
director cinematográfico Eliseo Subiela, autor de obras emblemáticas como
"Hombre mirando al sudeste", "El lado oscuro del corazón" y
"No te mueras sin decirme adónde vas", entre muchas otras que
supieron tener el aplauso tanto de la crítica como del público, incluso un par
de plagios de la industria de Hollywood.
Entrenado en el mundo del cine publicitario de la década del 60, ese mismo de donde surgió, por ejemplo, Fernando Ezequiel Solanas, supo aportar al cine algunos títulos que sorprendieron por su audacia y su forma de abrevar en la observación del amor y la pasión, y también de la vida, que en las últimas tres décadas, lo expuso al final, que finalmente sobrevino en la madrugada de hoy.
En 1963, Subiela dirigió su primer cortometraje, "Un
largo silencio", un documental acerca del Hospital Neuropsiquiátrico
Borda, con las voces de María Vaner y Lautaro, y dos años después "Sobre
todas estas estrellas", protagonizado por la entonces juvenil Nené
Morales, no obstante habría de pasar mucho tiempo para llegar a su primer
largometraje.
Precisamente a finales de la década del 60, y ya avanzada la
Revolución Argentina, tal como se llamó al quiebre institucional encabezado por
Juan Carlos Onganía, Subiela fue parte del grupo de diez cineastas que
dirigieron "Argentina Mayo de 1969: Los caminos de la liberación",
entre ellos Solanas, Nemesio Juárez y los desparecidos Enrique Juárez y Jorge
Cedrón.
En ese trabajo, mezcla de imágenes de conflictos sociales y
testimonios, se recortó el episodio que imaginó y concretó Subiela,
"Didáctico sobre las armas del pueblo", se inicia con imágenes de
miseria, con el tema "Gracias a Dios", por Palito Ortega, para luego
convertirse en un instructivo, con bastante humor, acerca de como se hace una
bomba incendiaria molotov.
Tras el cortometraje que solía proyectarse por separado antes de las funciones -clandestinas- de "La hora de los hornos", de Solanas y Octavio Getino, habría de pasar una década para su debut en el largometraje, que fue con la discreta, pero muy prolija, "La conquista del Paraiso", rodada en Misiones en la frontera con Brasil, con Arturo Puis y Kátia D'Angelo.
Tras ese propuesta que cosechó algunos elogios pero poco
público, Subiela se dedicó a preparar su su segunda, y esta vez si, gran
apuesta fuera de los cánones habituales de producción, que resultó "Hombre
mirando al Sudeste", en 1986, la historia de un misterioso interno que un
día aparece en el Hospital Borda y asegura ser un extraterrestre con curiosos
poderes.
El relato, que tuvo como figuras centrales al también
artista plástico Hugo Soto y a Lorenzo Quinteros, como el psiquiatra al que le
toca este paciente y termina revolucionado por él, sorprendió a todos por igual
y dio a Subiela la categoría de gran descubrimiento, autor de una ficción
fantástica que no solo mereció el premio mayor en La Habana, sino la envidia de
Hollywood.
A tal punto fue la atracción de esta historia que mucho
asociaron a la de un ex combatiente de la guerra por Malvinas, que Hollywood
tentó a Subiela a irse allí a seguir su carrera, propuesta que el director
rechazó con una memorable carta-solicitada en la que no compartía la idea de
renunciar a su identidad y a un futuro con su familia en la costa californiana.
Subiela no aceptó dirigir allí una nueva versión de
"Hombre..." y en Hollywood, expeditivos, se la plagiaron no una sino
dos veces: la primera fue "Mr. Jones", de 1993 y con Richard Gere,
donde el guión de Eli Roth olió, y mucho, a primer plagio, con sexo del
psiquiatra cambiado por el de una mujer, obvio para un inevitable romance,
interpretada por Lena Olin.
El segundo fue "K-Pax", en 2001, de Iain Softley, con Kevin Spacey y Jeff Bridges, en los papeles de Soto y Quinteros, que fue por más y terminó siendo de hecho una copia al carbón y esto llevó a Subiela a enjuiciar a la producción del filme a la distancia que, finalmente, habría llegado a un arreglo con el Argentino y resarcirlo, al menos económicamente.
Tras "Hombre.." Subiela abordó "Ultimas
imágenes del naufragio" (1989), "El lado oscuro del corazón" (1992),
"No te mueras sin decirme adónde vas" (1995), cuando ya enfrentó sus
primeros síntomas de una afección cardíaca, que en varias ocasiones lo pusieron
entre la espada y la pared, "Despabílate amor" (1996), que rozó lo
retro y "Pequeños milagros" (1997).
La experimentación volvió con "Las aventuras de
dios" (2000), y con un hombre y una mujer atrapados en un viejo hotel de
la década del 30, y en plena crisis de 2001, que lo azotó personalmente con el
"corralito", salió nuevamente a la carga con una fallida segunda
entrega de "El lado oscuro del corazón", con casting
argentino-español.
Su paso por la televisión incluyó la serie "Historias
de no creer", cuatro episodios titulados "Angel",
"Relaciones carnales", "El destino de Angélica" y "Qué
risa la muerte", para volver al cine con "Lifting del corazón"
(2005), y las muy valiosas "El resultado del amor", con Sofía Gala y
Guillermo Pfening y "No mires para abajo", con Antonella Costa.
En 2009, y con la obsesión puesta en lo efímero de la vida y
en la búsqueda de una segunda oportunidad, presentó "Rehén de
ilusiones" y tres años más tarde su última obra, "Paisajes
devorados", un falso documental sobre tres noveles directores que quieren
retratar a un cineasta interno del Borda, interpretado por el verdadero
Fernando Birri.
Al promediar la década del 90, el cineasta abrió un centro
de enseñanza, la Escuela Profesional de Cine de Eliseo Subiela, en el barrio de
Belgrano, con docentes como Miguel Angel Rocca, Dieguillo Fernández, Rodolfo
Denevi, Daniel Pensa y Daniel Pires Mateus, entre muchos otros, y una
productora de sus filmes y de otros colegas.
El ganador del Cóndor de Plata a mejor director en tres
oportunidades, estaba preparando un nuevo largometraje, "Corte
final", con Miguel Angel Solá y Selva Alemán, según había anticipado un
homenaje al cine al que él mismo amó con pasión toda su vida.
Amores imposibles, utopías, riesgo estético, audacia para
encarar temas muy vinculados con la vida y la muerte, poesía, a veces propia,
otras tomadas de Oliverio Girondo, como "Espantapájaros" o
"Interlunios"; de Mario Benedetti, como "Rostro de vos" y
"Corazón coraza", y de Juan Gelman, como "Poco se sabe" y
"Sefiní", en "El lado oscuro del corazón", que lo marcaron
a fuego.
Con la partida de Subiela queda el recuerdo de una obra importante para el momento en el que le tocó surgir, primero con absoluta rebeldía, pero en especial la madurez que permitió descubrir era posible romper esquemas y lo hizo en la vuelta a la democracia todavía fresca, con rigor, con su gran metáfora acerca de la locura y, como si fueses poco, con la poesía del alma.
(TELAM)
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