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13 de agosto de 2026
13/08/2026 23:08
En diálogo con El Diario de Tandil, Varela repasó la construcción del libro que presentará el viernes, su recorrido por el periodismo local y la importancia de la calle, la mirada y el estilo propio en un oficio atravesado por grandes transformaciones.
por
Brando Bruni
El periodista tandilense Julio Varela llega a la 21ª Feria
del Libro de Tandil con Érase una vez - relatos de un periodista de
provincia, editado por Independencia Gráfica en 2026. La presentación será
este viernes 14 de agosto, de 20 a 20.45, con la participación de Marcos
González, Horacio Becchi y Pablo Bossio, en un encuentro que propone recorrer
no solamente su extensa trayectoria profesional, sino también las historias que
quedaron detrás de las noticias.
Lejos de plantear el libro como una autobiografía
tradicional o como una recopilación de artículos publicados, Varela decidió
recuperar algunas de las coberturas que marcaron sus cuatro décadas de trabajo
y reconstruirlas desde otro lugar. "Yo no pretendía hacer un relato de mis 40
años en el periodismo", reconoce, pero la insistencia de amigos y colegas
terminó por convencerlo de que había una parte de esa historia que no podía
quedar solamente en su memoria.
La decisión tuvo también un motivo vinculado con la
preservación de la historia local. Según explica, para conocer buena parte de
lo ocurrido en Tandil desde una perspectiva periodística hay que recurrir a las
colecciones de diarios de la Biblioteca Rivadavia. "No puede ser que seas tan
egoísta de guardarte para vos todo lo que ha pasado en estos 40 años", recuerda
que le planteó su amigo Nacho Fosco, una frase que terminó siendo determinante
para que se pusiera a escribir.
Sin embargo, Varela tuvo claro desde el comienzo que no
quería limitarse a transcribir sus antiguas notas. "No voy a hacer ninguna
transcripción de mis notas. No quiero eso. Quiero hacer algo nuevo", cuenta. De
allí surgió una propuesta singular: vincular cada historia periodística con el
título de una película, en un juego que reúne sus dos grandes pasiones y que
también incorpora referencias al teatro.
"El cine tuvo que ver con mi forma de hacer periodismo y el
periodismo también me ayudó a comprender mejor el cine", explica. Por eso, en
las páginas del libro conviven periodismo, cine y teatro, pero también una
mirada sobre el Tandil que atravesó desde la década de 1970 hasta los primeros
años del nuevo siglo.
La memoria como herramienta
Varela insiste en que el libro no debe ser leído desde la
nostalgia. La palabra que elige es otra: memoria. "Yo lo hago por la búsqueda
de memoria, nada más. La memoria considero que es parte del presente, que es
algo ágil, dinámico", sostiene. Y agrega que apuesta a ella porque "hay cosas
que hay que preservarlas para mirar hacia mañana".
La construcción del libro, además, tuvo una particularidad
que terminó condicionando por completo el resultado: Varela no conservó sus
antiguas notas. No tenía carpetas con recortes ni archivos digitales a los que
recurrir. La única herramienta disponible fue su propia memoria.
"Yo no tengo ninguna nota guardada", cuenta. Incluso
recuerda que solamente conserva una nota sobre Diego Maradona cuando tenía 16
años, encontrada años después por un amigo. El resto debió reconstruirlo a
partir de sus recuerdos, aunque el propio autor prefiere marcar una diferencia
entre recordar y hacer memoria.
Esa elección también significa aceptar las omisiones.
Después de anunciar el libro, varios amigos comenzaron a recordarle episodios
que no aparecen en sus páginas. Una anécdota con Borges durante su visita a
Tandil, una historia vinculada con Mariano Mores y otras situaciones fueron
surgiendo de esas conversaciones posteriores.
"Cada uno que veo me cuenta una nota que me olvidé, que no
está puesta acá", relata. Pero no se trata de un descuido dentro de la
propuesta: cuando finalmente aceptó escribir, decidió no revisar
sistemáticamente las colecciones de diarios para reconstruir toda su
trayectoria. "Dije: lo primero que me acuerde es lo que escribo. Y salió esto",
resume.
Ser periodista de provincia
El propio título de la obra pone el foco en una
característica que, para Varela, sigue definiendo al periodismo tandilense: la
necesidad de hacer de todo. En las ciudades de provincia, sostiene, la realidad
obliga a los periodistas a asumir una enorme diversidad de coberturas.
"Los periodistas estuvimos obligados, sobre todo aquellos
años, a hacer absolutamente de todo, porque la realidad se imponía y no
teníamos los medios suficientes", explica. En su recorrido aparecen el fútbol,
el boxeo, los espectáculos, los policiales y hasta un desfile de modas. También
tuvo la posibilidad de cubrir un Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos.
Esa multiplicidad exigía preparación. Varela se define como
"un especialista en generalidades", pero aclara que no se trata de saber de
todo, sino de haber tenido que aprender de todo. Cuando le tocó cubrir boxeo,
por ejemplo, no se conformó con escribir desde el desconocimiento: compró
libros sobre el deporte y fue a un gimnasio del Club Santamarina para aprender
sus fundamentos.
"Acá no hubo improvisación de mi parte", remarca. Su
formación fue principalmente autodidacta, apoyada en una intensa relación con
la lectura, el cine y el teatro. Al mismo tiempo, reivindica el valor de la
educación formal y reconoce que le hubiera gustado estudiar: "Yo no desprecio
la academia, al contrario. No estudié porque no pude, por razones económicas".
Para Varela, ese bagaje cultural terminó siendo una
herramienta fundamental para ejercer un oficio en el que muchas veces había que
escribir sobre temas que no dominaba inicialmente. "Lo que hice es tratar de
prepararme", resume.
La calle por encima de la tecnología
Si hay una palabra que aparece una y otra vez en la
conversación es "calle". Varela considera que, pese a todos los cambios
tecnológicos que atravesó el periodismo, el contacto directo con la realidad
sigue siendo irremplazable.
"La calle es más importante que la tecnología y tan
importante, no digo más, como el estudio", afirma. Para él, estar en la calle
significa mucho más que encontrarse con el entrevistado: implica observar qué
sucede alrededor, prestar atención a la ciudad y desarrollar una mirada propia.
"Lo más importante de un periodista para mí es la mirada",
sostiene. Y explica que cuanto más se agudiza esa capacidad de observar, mejor
se puede aprovechar el oficio. "Para eso tenés que estar en la calle, para eso
tenés que estar día a día, en ver donde los demás no ven."
La tecnología, reconoce, transformó profundamente las
rutinas profesionales. Varela atravesó la transición desde la máquina de
escribir hasta las computadoras y también reconoce que hoy las redes sociales
son indispensables para ejercer el periodismo. Sin embargo, entiende que las
herramientas no reemplazan la experiencia directa.
Un estilo que sobrevivió a la firma
Otro de los aspectos particulares de su trayectoria fue que
durante muchos años sus notas no llevaron su nombre. La política del diario
Nueva Era, donde trabajó durante cuatro décadas, establecía que los periodistas
no firmaran sus artículos.
Sin embargo, Varela encontró otra forma de dejar una marca.
"Como instalé, que de esto sí la verdad que me jacto, un estilo distinto de lo
que se venía haciendo hasta ahora, la gente me empezó a identificar por el
estilo, no por el nombre", recuerda.
Así, los lectores comenzaron a reconocer sus textos aun sin
encontrar su firma. "Cada vez que yo escribía algo me decían: 'Una nota de tal
cosa. Ese fuiste vos'", cuenta. Para el periodista, esa identificación
constituye uno de los mayores reconocimientos que puede recibir un profesional:
haber construido una voz propia.
La ciudad también contribuyó a esa identificación. Aunque
Tandil creció enormemente, Varela considera que todavía conserva algo de
aquella lógica de comunidad en la que "todos algo de todos sabemos". Y
justamente allí aparece otra de las claves del libro.
El detrás de escena de las noticias
Para Varela, Érase una vez es, fundamentalmente, el
"lado B" de su trayectoria. No se trata solamente de contar qué publicó en un
diario, sino de revelar todo aquello que sucedió antes, durante y después de
que una nota llegara a los lectores.
"El libro es el lado B, digamos, el lado oscuro de la luna",
define. En ese sentido, lo compara con el lenguaje cinematográfico: aquello que
sucede fuera del cuadro y que, aunque no aparezca directamente en pantalla,
también forma parte de la historia. "Este libro trata de eso, de lo que hubo
detrás de cada nota, las cosas que nunca conté porque tampoco era necesario
contarlas en el diario", explica.
Allí aparecen las noches interminables en la redacción, las
coberturas inesperadas, las estrategias para conseguir una primicia y hasta
alguna que otra situación en la que tuvo que disfrazarse para poder realizar
una nota. Son experiencias que no necesariamente formaron parte de los
artículos publicados, pero que ahora adquieren otra dimensión al ser
reconstruidas desde el presente.
Volver a la Feria del Libro
La presentación en la Feria del Libro de Tandil tiene para
Varela un significado especial. No solamente porque se trata de su ciudad y del
territorio que atraviesa todo el libro, sino porque conoce de cerca ese
espacio: participó de la organización de las primeras ediciones de la feria
desde la Universidad.
Además, está acostumbrado a presentar libros de otros
autores. Esta vez, sin embargo, será diferente. "Presentar un libro tuyo es
otra cosa", admite, y reconoce que siente cierta inquietud ante la posibilidad
de encontrarse con el público.
Esa sensación también tiene que ver con una etapa diferente
de su vida. Después de décadas de vivir en la calle, entre redacciones,
coberturas, bares y encuentros, Varela reconoce que hoy siente la falta de
aquella adrenalina cotidiana.
"Yo viví en la calle toda mi vida", afirma. Y recuerda una
rutina marcada por correr de un lado para otro, pasar noches sin dormir en la
redacción y buscar noticias en los lugares menos esperados. Incluso sin auto,
se trasladaba caminando o en colectivo para cumplir con sus coberturas.
Por eso, cuando alguien todavía lo presenta como "Julio, el
periodista", él hace una distinción: "Yo era periodista". No porque considere
que la profesión haya dejado de formar parte de su identidad, sino porque
siente que ya no tiene aquella gimnasia cotidiana.
Al mismo tiempo, reconoce que el periodismo actual ofrece
otras posibilidades. "Gracias a la tecnología ha dado otras posibilidades,
otras maneras de ser periodista. No es la misma, pero se puede hacer de otra
manera", sostiene.
La presentación de este viernes será, entonces, una
oportunidad para volver a recorrer una parte de esa historia y, sobre todo,
para conocer aquello que durante décadas quedó fuera de las páginas de los
diarios. Un ejercicio de memoria sobre Tandil, pero también sobre un oficio que
Varela entiende desde la observación, la preparación, la experiencia y, por
encima de todo, desde la calle.
Porque, como resume el propio periodista, "la gente vio la
nota escrita nada más". Ahora, a través de este libro, podrá descubrir qué
había detrás de cada una de ellas.
14 de agosto de 2026
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