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13 de agosto de 2026
13/08/2026 16:08
Este sábado, Macanudo será escenario de una experiencia que combinará la degustación de vinos de poca intervención con quesos tandilenses y gastronomía. Marcos Corti cuenta cómo crece la vitivinicultura local y qué características tiene la producción de la región.
Este sábado, Macanudo será escenario de una experiencia que
combinará vinos de poca intervención, gastronomía y productos de la región. La
propuesta de Picapedrero y la Cooperativa Paciencia permitirá conocer distintas
elaboraciones realizadas con uvas de Tandil y de la provincia de Buenos Aires,
con una degustación guiada por el enólogo Horacio Peinado. Marcos Corti,
integrante de la Asociación de Viticultores de Tandil, contó a El Diario de
Tandil cómo nació el proyecto y el presente de una actividad que busca
consolidarse en la ciudad.
La identidad de una tierra también puede descubrirse a
través de una copa de vino. Esa será la premisa de una particular experiencia
que tendrá lugar este sábado 15 de agosto en Macanudo, donde se presentarán y
degustarán los vinos Picapedrero, una propuesta de la Cooperativa Paciencia que
busca poner en valor la producción vitivinícola de Tandil y de distintos puntos
de la provincia de Buenos Aires.
La actividad comenzará a las 19 horas (puntual) y tendrá
como protagonista al enólogo y experto en vinos Horacio Peinado, quien será el
encargado de presentar las diferentes elaboraciones, explicar sus
características y acompañar a los asistentes durante la degustación. La
propuesta apunta especialmente a conocer vinos de poca intervención, elaborados
con la intención de preservar y expresar las características de las uvas y del
territorio del que provienen.
El encuentro tendrá además un fuerte componente
gastronómico. La experiencia comenzará con una entrada de quesos tandilenses,
continuará con la degustación de los vinos Picapedrero y una cazuela de
Shepherd's Pie de cordero, para finalizar con una pequeña porción de marquise
de chocolate estilo finger food.
Macanudo será así el punto de encuentro para una propuesta
que busca unir vino, gastronomía e identidad local.
La presentación llega, además, con antecedentes que
respaldan el camino recorrido por el proyecto: los vinos obtuvieron una Medalla
de Plata en San Juan y un Segundo Premio en la Feria de Berisso.
"Este sábado es en Macanudo, a las 7 de la tarde. La idea es
con unos quesos de acá de Tandil también poder catar estos vinos que estamos
ensayando", explicó Marcos Corti, integrante de la Asociación de Viticultores
de Tandil y de la Cooperativa Paciencia.
Durante la noche se podrán probar diferentes elaboraciones y
observar cómo inciden tanto el origen de las uvas como los procesos utilizados.
"Hay un Malbec de Médanos. Tenemos acá de Tandil un Tannat y otro Malbec
también de Barker. Algunos están con roble francés, otros con roble americano.
Entonces se va a notar esa distinción de ambos robles de dos localidades
distintas", detalló.
La degustación permitirá también conocer una elaboración sin
madera. "Está el vino sin absolutamente ningún chip de roble para ver su
pureza", señaló Corti.
La búsqueda de un vino de poca intervención
Detrás de la propuesta existe una filosofía de elaboración
que busca intervenir lo menos posible en el producto. "La forma de trabajo es
casi sin intervención. Se usa el mínimo posible de sulfitos para lavado de
botellas y demás. La idea es que trabajen las levaduras del ambiente. A veces
ponemos levaduras criadas, pero por lo general usamos levadura del ambiente y
queremos llegar a un vino lo más natural posible. Estamos en ese proceso",
explicó Corti.
Durante la actividad, Peinado será quien ayude a interpretar
esas diferencias y a comprender qué hay detrás de cada botella. "Él es el
enólogo que nos está ayudando a elaborar los vinos. Va a empezar a dar a probar
y a contar un poco qué se hizo con cada uno", contó.
La experiencia tendrá un valor de $35.000 por persona y cupo
limitado, por lo que se plantea como una oportunidad para acercarse de manera
directa a un proyecto que todavía se encuentra en crecimiento y que busca
construir una identidad propia.
Una vitivinicultura que busca hacerse lugar en Tandil
Para entender el significado de esta presentación hay que
mirar un poco más allá de las botellas que llegarán a la mesa este sábado. Tandil
tiene viñedos desde hace más de 25 años. Sin embargo, durante buena parte de
ese tiempo la actividad se desarrolló de manera experimental y con
conocimientos que todavía estaban en construcción.
"Los viñedos más antiguos tienen 25 o 30 años. La realidad
es que no se hacían bien las tareas porque obviamente estaban aprendiendo. Era
algo muy nuevo en ese momento", explicó Corti.
El escenario comenzó a cambiar con la creación de la
Asociación de Viticultores de Tandil, que permitió reunir a productores y
evaluar de manera conjunta los problemas y las posibilidades de la actividad. "Pudimos
empezar a evaluar lo que estábamos haciendo, que no estaba colaborando para el
crecimiento de la planta. Entre eso apareció rápidamente el riego en la
implantación", señaló.
El manejo del agua resulta fundamental. En determinadas
etapas del ciclo de la planta, especialmente durante la floración, la falta de
lluvias puede afectar el desarrollo de la producción.
A eso se suman otros desafíos propios de la zona, como la
protección frente a las liebres, las hormigas y la deriva de herbicidas. "Al
principio, cuando los tallos son muy finos, se ponen una especie de polainas
para que no los ramonee la liebre. También hay que prestar atención a la
hormiga y, algo importantísimo, a herbicidas que ha dañado mucho a los viñedos
de la zona", explicó.
Frente a ese problema, los productores trabajan en una
identificación geográfica de los viñedos que permita mejorar la comunicación
con quienes realizan aplicaciones en campos vecinos. "Estamos generando una
identificación geográfica para que las aplicaciones de los vecinos estén
atentos a avisarnos y poder corregir por el tema de los vientos, cuándo aplicar
y cuándo no".
Plantas que comienzan a producir en menos tiempo
La incorporación de mejores prácticas permitió reducir los
tiempos necesarios para comenzar a obtener uva. "Con riego, cuidando la liebre
y la hormiga y con una buena poda se empezó a notar que las plantas a los tres
años están dando uva", explicó Corti.
Las plantaciones rondan las 5.000 plantas por hectárea, con
aproximadamente dos metros entre hileras y un metro entre plantas. "Con una
buena poda, con riego y estos cuidados estás logrando uva a los tres años.
Podés vinificar, pero lo ideal sería esperar un poco más. En el cuarto y quinto
año estás vinificando".
La búsqueda de calidad también implica limitar los
rendimientos. "Para hacer un vino de alta gama estamos logrando un kilo por
planta de uva, que se traduce a una botella, porque sacando los hollejos y las
semillas queda más o menos 700 y pico de mililitros de vino".
Corti destaca que el trabajo de la asociación también
permitió acompañar a nuevos inversores y productores que comenzaron a
interesarse por la actividad. "La asociación colaboró para los privados que
empezaron a llegar, para poder evitar estos errores que hemos cometido durante
años y lograr un vino de más calidad y en más corto plazo".
Ya hay alrededor de 20 viñedos en Tandil
El crecimiento de la actividad también se refleja en la
cantidad de establecimientos.
"Hay alrededor de 20 viñedos en Tandil, que no es poco.
Aunque se busquen los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura aparecen
pocos inscriptos porque están con retraso para ir a todos los viñedos que hay.
Marcan cuatro o cinco, pero en verdad ya somos 20", afirmó.
Según estimó, actualmente existen entre 18 y 20 hectáreas
plantadas en la ciudad y la zona, mientras que entre seis y siete productores
ya están logrando obtener uva. "En breve va a haber un poco más", anticipó.
Corti también forma parte de una organización que trabaja a
nivel provincial, con la intención de darle mayor impulso a la producción
vitivinícola bonaerense.
La mirada excede a Tandil. La provincia tiene antecedentes
históricos en la producción de vino y, según explicó, reúne condiciones
naturales que permiten pensar en una nueva etapa.
"Buenos Aires fue una buena zona vitivinícola. En Berisso
hubo vino durante más de 100 años con la uva Isabella. Después se movió entre
Ríos, Corrientes y finalmente se fue para Mendoza y ahí se instaló. Pero eso no
quita que esta zona sea ideal para obtener vino".
El suelo, el clima y una ventaja que empieza a
descubrirse
Para Corti, las condiciones naturales de la región son uno
de los principales argumentos para pensar en el futuro de la actividad. "Son
climas parecidos a los que ocurren en Francia y en Italia. Acá llueven 1.000
milímetros anuales. La planta necesita 700 milímetros anuales, así que
estaríamos bien con el régimen de agua, además de tener suelos muy ricos".
También destacó la importancia de la amplitud térmica y,
especialmente, de las temperaturas mínimas. "La amplitud térmica genera una
mejor uva para el enólogo. Pero no solamente importa la diferencia entre el
grado más chico y el más grande, sino que la mínima sea lo más mínima posible".
Según explicó, las condiciones de Tandil pueden favorecer la
concentración de propiedades en el fruto durante determinadas etapas del
desarrollo. "Tandil tiene una mínima muy baja. Cuando estás cuajando el fruto,
eso hace que la planta no gaste energía respirando y pueda concentrarla en la
uva. Entonces tenemos más azúcares y más propiedades para lograr un vino de
calidad".
Los análisis realizados sobre uvas producidas en Tandil
también generaron entusiasmo entre los productores.
"Cuando se llevaron a analizar uvas de Tandil a laboratorios
en Mendoza, sin decir de dónde eran, creyeron que eran de Chile porque los
resultados fueron muy positivos".
Buscar las variedades que mejor se adapten
Uno de los desafíos que enfrenta la producción local es
determinar cuáles son las variedades que mejor se adaptan a las condiciones de
Tandil.
"Es una zona para ciclos más cortos", explicó Corti. La
razón está relacionada con la cantidad de horas de sol y con la necesidad de
alcanzar determinados niveles de azúcar para lograr vinos con buena graduación
alcohólica.
Algunas variedades están mostrando especial potencial. "Ya
hay bastante blanca: Riesling, Chenin, Semillón. Están dando muy bien Marselán,
Tannat y Malbec".
Sobre este último, Corti sostiene que no debería plantearse
una comparación que termine desvalorizando al producto bonaerense. "El Malbec
de provincia de Buenos Aires es un poquito más suave, no tiene la fuerza del
Malbec mendocino. Pero sigue siendo Malbec y la planta se da, funciona".
Incluso encontró una particular manera de explicar la
diferencia: "El Malbec de provincia de Buenos Aires es para una picada de las
seis de la tarde y el Malbec de Mendoza para un asado de las nueve de la
noche". Entre las dificultades aparecen las heladas tardías, particularmente
durante noviembre, aunque los años en los que no se producen los daños pueden
generar cosechas importantes.
Una cooperativa que apuesta por la producción regional
El proyecto que llegará este sábado a Macanudo también forma
parte de una mirada más amplia sobre la producción regional. Corti integra la
Cooperativa Paciencia, desde donde se busca impulsar distintos cultivos
adaptados a la zona.
"Estamos tratando de implantar un poco en la zona lo que es
olivo, trufa, fruto seco y vid".
En materia vitivinícola, el proyecto reúne diferentes
procedencias. "Ya tenemos un vino generado, varios vinos. Uno es de acá de
Tandil, un Tannat de Bodega Horizonte. Tenemos un Malbec de Foster, Siempre
Verde, de Barker. Y después tenemos uva de Médanos, que es el sur de la
provincia de Buenos Aires".
Justamente esas diferentes procedencias y formas de
elaboración serán parte de lo que los asistentes podrán descubrir en la cata. La
propuesta del sábado, entonces, excede la posibilidad de probar nuevos vinos.
Es también una invitación a conocer un proceso productivo que empieza a tomar
forma en Tandil y que busca demostrar que la identidad de la ciudad y de la
provincia puede expresarse también a través de la vitivinicultura.
La cita será este sábado 15 de agosto a las 19 horas en Macanudo, con cupo limitado y un valor de $35.000 por persona. La experiencia incluirá quesos tandilenses, degustación guiada de los vinos, cazuela de Shepherd's Pie de cordero y marquise de chocolate.

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