6 de septiembre de 2014

Política

Política. Martínez lo hizo (pero antes la Sociedad Española lo deshizo)

Luis Armani le ofreció remodelar el Cervantes llevándolo al más modesto rango de sala teatral, cuando ya florecía el proyecto del shopping comercial al que tituló Paseo del Banco. Pero Manuel Martínez Martínez no cedió a la tentación y buscó nuevos “inversores” para recuperar el Teatro de la ruina a la que lo llevó la misma Institución cuando en la década del 90 habilitó su literal devastación permitiendo que el elegantísimo teatro se transformara en la discoteca Studio 51. Martínez Martínez buscó en un culto evangélico con sede en Mar del Plata una alquimia que no era novedosa para la historia del absurdo del Cervantes: ya había sido –luego de la discoteca- un templo cristiano. Así, el presidente de la Sociedad Española le ofreció el extravagante combo –mitad templo, mitad teatro- a los representantes de una iglesia evangélica, pero el negocio fracasó por razones que se desconocen. Mientras tanto suscribió un convenio con Miguel Lunghi para que –largo comodato del predio de los Españoles mediante- el gobierno refaccionara la fachada, que se estaba viniendo abajo con el obvio peligro que esto también representaba para los circunstanciales peatones. Y la frutilla del postre, Martínez Martínez habría de conseguirla un año después, cuando convenció al secretario ejecutivo de Anses, Diego Bossio, para que el gobierno nacional ponga los 20 millones de pesos que llevará la reconstrucción del Cervantes. Algo que el ex vicecónsul de España no había podido conseguir ni siquiera haciendo lobby con el embajador de la Madre Patria, cuando buscaba afanosamente algún subsidio millonario que le cayera de la tierra de don Miguel de Cervantes Saavedra para cumplir su sueño: no irse de este mundo sin ver el Teatro Cervantes engalanado como en sus noches de gloria. Nadie le podrá retacear al dirigente y martillero una clara habilidad en el mundo de los negocios y de la política, territorios ambos que a veces suelen caminar juntos. La plata del Estado –local primero y ahora de la Nación- recuperará al Teatro Cervantes de sus ominosas cenizas. Para bien, se espera, de la cultura local. ¿Cuándo se conocerá la letra chica del contrato que le permitió a Martínez Martínez el inesperado giro de la historia para que una Institución que permitió la demolición de su preciado teatro reciba de arriba veinte millones de pesos de todos los argentinos sin negociar, se supone, un centímetro de su escritura? “Algo siempre se tiene que ceder en este tipo de gestiones…”, concedió Manuel Martínez Martínez a este portal al momento de conocerse la noticia de la recuperación del Cervantes por parte del gobierno nacional. ¿Qué habrá cedido el presidente de cada metro cúbico del Cervantes o de su capital simbólico ante los buenos oficios de El Hijo del Imprentero? Difícilmente una entidad merezca –por haber tirado por la borda el patrimonio de los pioneros españoles que la hicieron grande- este regalito del Estado para reconstruir lo que ella misma demolió, aunque es cierto que la recuperación y puesta en valor del Teatro Cervantes es una de las mejores noticias que recibió la cultura de Tandil en mucho tiempo. Parafraseando a un slogan del marketing político noventista que referenció la campaña del inefable caudillo riojano, habría que decir: Martínez lo hizo. En la visita que el viernes Bossio y Lunghi realizaron sobre los restos mortales del teatro (una especie de Titanic hundido en tierra firme), nadie habló de la letra chica del convenio que suscribió el presidente de la Sociedad Española con la Nación para que el Cervantes deje de ser una quijotada de los pioneros de fines del siglo diecinueve destruida por la impericia de la dirigencia política que gobernó la entidad hasta llevarla hasta la cuasi extinción de su valioso patrimonio.
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