31 de mayo de 2016

Sociedad

Sociedad. Lucio Angeloni - La Casita de la Unión

Agarrarse de las manos y mirarse a los ojos Junto a él, están Jésica León y Gisela Morey, que trabajan en el área educativa, y Eliana Mena, que es trabajadora social y se ocupa del seguimiento de la vida de los chicos y el contacto con las familias. A ellos se suman un equipo de talleristas, Ignacio Díaz que da clases de teatro, Maxi Najot de canto y Alan Terragni que es el profesor de educación física. Todos están muy orgullosos de “Los revoltosos de la Unión”, el gran grupo de murga que crearon y donde los chicos y jóvenes participan activamente con sus trajes, cantos y bailes en cada carnaval. “Más allá de lo que presentamos en el Carnaval de Mi Tandil”, explica Lucio, “tratamos de laburar la comunicación entre nosotros, entre los pibes, solo ver que los chicos se pueden agarrar las manos y mirarse a los ojos durante tres segundos es muy importante para nosotros. Porque rompe ese código de comunicación que muchas veces es el grito, el insulto, la violencia. Notamos hace mucho tiempo que los pibes entre ellos no se escuchan, muchas veces la comunicación era a través de una piña, un golpe para hacer entender algo,  veíamos que en las actividades era muy difícil agarrarnos de las manos porque no querían estar con el otro al lado, así se logra empezar a reconocer que el otro está ahí, que es un compañero que tiene la misma edad, que va al mismo colegio, que vive al lado de mi casa, que viene a la Unión. Estamos laburando en eso, en mirarnos un poco a los ojos, parece medio cursi pero es algo muy importante que nosotros lo identificamos hace un año y estamos haciendo los talleres de expresión corporal, de teatro, de canto para escucharnos las voces, escucharle la voz a mi compañera, respetar los tiempos, que es algo que faltaba”. Lucio toma conciencia de lo importante que es la labor del equipo, y cómo en esas pequeñas acciones, que pueden ser imperceptibles para otros como mirarse o agarrarse de las manos, puede estar la clave para mejorar los vínculos en una comunidad: “somos la primera línea del Estado, estamos ejecutando política pública y estamos en lo capilar de lo social, muchas veces nos vamos a nuestras casas con mochilas de fracasos, de frustraciones. No nos concebimos como personas que venimos a dar la luz sino como trabajadores de niñez y adolescencia, somos los ojos del Estado y los que también impartimos política pública”. Cada día, a la tarde, van alrededor de 25 chicos y jóvenes de entre 5 y 17 años a la Casita, anotados hay cerca de 50, pero los asistentes van variando de acuerdo al clima y distintos factores. Además de las distintas actividades de apoyo escolar, acompañamiento, talleres y murga, los chicos toman la merienda todos juntos. “Creo en la política, a mí movió el querer transformar la realidad”, explica Lucio, “tal vez me agarró en un momento muy idílico de mi vida, pero es lo que hoy me sigue moviendo, el creer en cambiar las cosas, creo en la acción política, hoy no milito en ningún lugar pero si he militado en la Universidad y en la Secundaria. Creo en el poder de la política para cambiar las cosas,como otras personas pueden venir de la Iglesia u otros lugares y son muy válidos”. Uno de los grandes problemas que tiene el barrio es el acceso, ya que las calles son de tierra y cuando llueve se hace muy difícil de transitar, y además el transporte público solo ingresa cinco veces por día a esa zona, lo que da como resultado una comunidad aislada, donde los jóvenes no pueden interactuar con el resto de la ciudad de Tandil, “esos pibes no pueden ir al centro, no pueden ir a un club, a veces no pueden ir al colegio, eso lo tiene que arreglar el Estado, no lo va a arreglar la “Casita de la Unión” sino el Estado y ver qué es lo que está pasando, que no haya cloacas, que los pisos sean de tierra”, cuenta Lucio, “y eso agregado al mundo que estamos viviendo hoy que es un mundo de consumo y los pibes lo ven, nacieron con eso, el consumir nos hace mejores, sino tengo esto no sirvo, sino tengo el último celular y la última pilcha no sirvo, y eso genera un montón de frustraciones  pero es propio del sistema en qué vivimos, de la oferta y la demanda, del mercado sobre lo auténtico, lo propio”. [gallery ids="127629,127630,127631,127632"] AUSPICIAN ESTA SECCIÓN: [gallery ids="127633"]  
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