18 de julio de 2015

Política

Política. Lo que Diego Bossio no entiende

“El peronismo debe representar en Tandil la opción a un modelo mesiánico en donde se cree que una persona puede cambiar por sí sola el destino de una comunidad.  Nunca ha sido así.  El destino de los pueblos está en manos de los pueblos.  El Peronismo fue creado por el pueblo y no por Perón”, expresó Bossio. Con esta declaración realizada en la víspera, El Hijo del Imprentero 1 le atribuyó por elipsis a Lunghi la categoría sobrenatural de “Mesías”, a la vez que –en un lapsus analógico- lo comparó con Perón. Como se sabe, dialéctica y política van de la mano y no es la primera vez que Bossio tropieza con ambas. Hace tiempo expresó que la ciudad había crecido y que por lo tanto ya no necesitaba de un pediatra para conducirla. Sus asesores le recomendaron no confrontar con Lunghi, táctica que siguió a pie juntillas hasta que ayer la debilidad irreversible en la que dejó a su hermano de cara a las elecciones lo llevó, nuevamente, a desbarrar hacia una de las cuestiones por las cuales el kirchnerismo –bajo la conducción del bossismo- nunca terminó de cuajar en Tandil: la errónea lectura del tandilense promedio en cuanto a lo que demanda del hombre que elige al momento de sentarlo al sillón de Duffau. Con revisar la historia, no hace falta ser un politólogo para comprender el arquetipo de intendente que el vecino reclama, paradigma que incluso trasciende la cuestión partidaria. Bossio produjo esta nueva declaración en un contexto interno complejo: su conducción fundó un estilo, por decirlo así, en el campo de la praxis política lugareña: la militancia rentada. A todos (o a casi todos) les dio un cargo, razón por la cual se siente con autoridad moral –también por decirlo así- para apretar las clavijas en tiempo donde intramuros de su espacio cunde un gran desconcierto. Pablo Bossio es el candidato a intendente y los números de las  encuestas aún están lejos de lo que se podría llamar una elección digna frente al más peronista de los radicales. Es decir, lejos cómo perdieron en su momento Néstor Auza y Marcelo Cifuentes. Todavía falta un trecho de campaña, de allí que el titular de Anses haya bajado una línea de exigencia de mayor compromiso para militar la candidatura de su hermano. En ese contexto produjo el nuevo silogismo político acerca del mesías y el origen del peronismo, en referencia a Lunghi. Lo que Bossio no termina de entender es el íntimo tejido social de la ciudad en la que nació y en buena medida esto se explica por su propia decisión política y personal: su tercer lugar en la lista de candidatos a diputados nacionales no hizo más que profundizar la ajenidad que mantiene con su territorio de origen. La orfandad política que hoy padece su hermano es parte del problema de fondo. Cualquier militante del kirchnerismo local –desde Nicolás Carrillo a Rogelio Iparraguirre- tiene más anclaje de base, construcción política y conocimiento del territorio que el mismísimo secretario ejecutivo de Anses. De allí que la elección general de octubre es probable que también sirva para conformar un nuevo escenario de poder en el peronismo local, con treinta años de derrotas y un equivocado diagnóstico de la sociedad en la que vive. En el fondo hay una lógica de hierro que Miguel Lunghi interpreta como nadie: no se puede pretender gobernar lo que no se conoce. Y mucho menos lo que no se ama.
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