17 de enero de 2016

Papel

Papel. La plazoleta sin el “calabozo”…

Germán Ruiz, el hombre que había sido habilitado para colocar según el artículo 1 de la ordenanza promulgada por el Concejo Deliberante “una máquina expendedora de helados soft”. Pero el heladero se excedió en las dimensiones y estética del objeto, instalando de manera fija en la plazoleta un estrafalario armatoste que de inmediato el habla popular lo conectó con la imagen intermedia entre un calabozo y un puesto de choripanes, el cual invadió la ya estrecha geografía de la plazoleta. Como se recordará, el actor Pascual Pina –impulsor del proyecto para que ese espacio público llevara la denominación de Piero Montaruli- elevó su queja primero en las redes sociales y luego de forma oficial. El armazón provocó una intensa polémica –con agrias disputas entre vecinos conocidos-, hasta que finalmente el Municipio intimó a Ruiz a que lo retirara en el perentorio plazo de 48 horas. El lugar del entredicho tiene su historia, incluso mucho antes que el gobierno comunal convirtiera a la rústica esquina del “Viejo Correo” en una suerte de plaza artificial en la intersección de San Martín y Rodríguez. Durante muchos años funcionó como la parada habitual de los “taxistas de los Torinos”, dado que así se los conoció allá por las décadas del 70 y 80 a los choferes de taxi de esa parada emblemática por la marca del Torino unánime que dominaba la parada. Con los años se fue convirtiendo también en un ámbito de manifestaciones públicas, hecho que tuvo su clímax político hace menos de dos años cuando organismos de derechos humanos escracharon al vecino Julio Méndez, hermano de Emilio Méndez, el día que le fue concedido el beneficio de la prisión domiciliaria. Los Méndez fueron condenados como partícipes necesarios de un crimen de lesa humanidad, y aquella tarde las entidades defensoras de los derechos humanos apostadas en la Plazoleta del Sol escracharon a Julio Méndez, recién llegado de la cárcel a su departamento del edificio de San Martín y Rodríguez. Pero la última polémica había caído sobre fin de año cuando el Concejo Deliberante habilitó a Ruiz, un vecino discapacitado, a apostar una máquina expendedora de helados soft que debía ser de carácter ambulante. Ruiz se despachó con un mayúsculo adefesio de color verde con una ventana enrejada, el cual redujo aún más el espacio de la ya pequeña plazoleta que hoy lleva el nombre de Montaruli. Días atrás el objeto comenzó a brillar por su ausencia, luego de que a Ruiz se le informara que una grúa municipal cargaría el escaparate hacia un destino desconocido. Sin embargo, Ruiz tampoco volvió a hacerse presente en el lugar con la máquina expendedora de helados soft para la que sigue habilitado a comercializar sus productos. Este domingo, tal como lo revela la fotografía, los vecinos disfrutaban de la caída del sol sentados en los banquitos de la plaza donde Piero con su bicicleta pasó sus horas de jubilado entonando las clásicas canciones del repertorio de su Italia natal. armatoste
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