22 de noviembre de 2016

VIÑETAS

VIÑETAS. La otra Tandilia

Son 11.111 metros que recorren buena parte de la topografía de Tandil y otra parte de su hondura sentimental. La Maratón Tandilia a lo largo de su historia ha dejado imágenes precisamente para la historia. Corredores de primer nivel entremezclados con vecinos del común que se atreven al desafío de una prueba ya legendaria por el empedrado y el pavimento que caminan todos los días. Atletas de la alta competición, veteranos, pacientes cardíacos, abuelos, padres empujando el carrito con el bebé, corredores vocacionales disfrazados de payasos, toda la gama del pintoresquismo que produce la Tandilia, son el resultado de cantera de novedades y personajes que produce la mística de la prueba.

El domingo también ocurrió otro de esos hechos que hacen a la maratón serrana una prueba única, y esto es mucho decir habida cuenta de la abundante cantidad de maratones que se llevan a cabo en los últimos tiempos.

Por las calles de la ciudad tuvo lugar otra forma de atletismo. Ocurrió de la mano del atleta local Pablo Pretirena, quien entrenó y corrió de lazarillo del corredor ciego Juan Rodríguez. No son amigos, pero hace un tiempo Pablo se enteró que Juancito, como le dicen sus amistades, necesitaba de un lazarillo para poder seguir corriendo. Y en la fotografía que acompaña este artículo allí están los dos, Pablo y Juan, llegando juntos al final de la Maratón Tandilia, una imagen que despertó el aplauso y la emoción de los centenares de vecinos que como ocurre a menudo se volcaron  a las calles para formar parte, ellos también, de la historia misma de prueba.

Foto gentileza: Nacho Díaz, Nueva Era.

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28 de julio de 2026

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