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31 de agosto de 2016
por
Mauro Carlucho
Cuando nos enteramos de tan importante aniversario, decidimos ir a buscarlo a donde sabíamos iba a estar. Lo encontramos justo como esperábamos, con las manos engrasadas en medio del taller.
"Uhhh ya se para que vienen ustedes -nos dijo rápidamente- seguro que mi hija les contó del aniversario. Pero no sé qué quieren que les cuente, mi vida es esto, el trabajo", dijo a modo de presentación.
Con 71 año cumplidos, lleva 60 como tornero. Seguro a ustedes no le den las cuentas, pero fue así. Hay testigos que confirman el record. Con solo 11 años ascendió al puesto de torneo y no se sacó nunca más el título. Lo lleva bordado en el alma.
"Bueno, les voy a contar mi historia -empezó-, yo nací en el Manantial de los Amores, donde hoy está el Club Uncas. Mis padres tenían una confitería en el lugar. Yo soy el más chico de los 4 hermanos varones y en aquella época ni se te ocurría pedirle plata a tus padres. Por eso a los 10 años salí a buscar trabajo. Me quería comprar una bicicleta y no había otra manera", cuenta.
Para esa época ya se habían mudado, sus padres (Domingo Alejandro Rossi y Jacinta López) tenían el bar "Las Cuatro Canchas" que estaba en la intersección de las avenidas Santamarina y Avellaneda.
"La verdad que nos criaron una barbaridad, con todo lo que podían. Pero a veces no alcanzaba, por eso salí a buscar trabajo. En la escuela hice la primaria, pero después no pude seguir. Los libros no eran lo mío. Y eso que fui a la "Fabrica", como llamaban antes a la Escuela Técnica. Pero lo mío era el taller y el torno. No había con que darle", comenta a El Diario de Tandil.
La búsqueda fue rápida, enterado de una chance, fue hasta el taller de Pedro Radetich y Rafael Chiappetta que estaba ubicado frente a Metalúrgica Tandil. "Tuve una suerte bárbara, porque enseguida me contrataron y empecé barriendo y limpiando los tornos. Ese era un taller importante para la época, con gente conocida", agregó.
Rossi recuerda patente ese primer día de trabajo: "No me lo olvido más, me acuerdo que me llamó Radetich y me dio un consejo que traté de cumplir a rajatabla. ?Rossi, usted es muy joven y tiene que prestar mucha atención?. Supongo que me vieron con ganas, responsable, no sé. Yo quería trabajar para comprarme la bicicleta, pero después me enganché y no lo dejé más".
No había pasado un año de aquel comienzo,
cuando un día al llegar al taller se encontró con otro joven barriendo la
viruta. ?Me rajan?, pensó para adentro y sintió que todo se venía abajo. Pero
en ese momento apareció Radetich y lo llamó. "Era julio de 56, yo recién había cumplido los 11 años y me pusieron al
frente del torno. En ese entonces cobraba un peso por día y no te das una idea
la alegría que tenía. Por suerte pude mantener el amor por el trabajo, creo que
siempre fui muy responsable y puse el trabajo por delante del dinero".
Cuando cumplió los 15 cambió de taller, se enteró que buscaban un tornero y se presentó de inmediato. Todavía recuerda la cara del patrón al verlo con 15 años. Por supuesto que rindió con creces y siguió su camino ascendente. A los 18 pasó al taller de Gino Schiaratura, donde hoy está Ginter; Y a los 22 pudo comprar su primer torno. Ya llevaba más de una década de experiencia y era el momento de empezar a volar solo.
"Primero lo instalé en el fondo de mi casa, pero después ya me vine para Villa Italia. Recién en el 89 pude comprar este lugar y hacerme el taller propio. Siempre con mucho esfuerzo, en base a horas de trabajo", destaca.
"Trabajamos
con el agro, con máquinas rurales, viales, con las canteras. Lo nuestro es el
servicio. Estamos para reparar los fierros que hagan falta. Puede ser un eje,
una masa de un camión, lo que sea. Me gusta estar en tema y enfrentar los
desafíos. En tanto tiempo de trabajo puedo decir que adquirí mucha capacidad,
pero todo sin estudio. Fui un autodidacta y presté mucha atención, como me
aconsejaron mis patrones".
En todo este tiempo formó una familia hermosa con su mujer y sus dos hijas. "Ellas son mi vida, pero también el trabajo. Yo enciendo el torno y es una felicidad. Pasan los años y cada vez tengo más ganas, aprendo y quiero sumar más cosas. En mi casa me dicen que estoy loco, pero que le voy a hacer?", dice entre risas.
Fuera del taller fue un apasionado del futbol, comenta que no nació con la habilidad de sus hermanos, pero se dio maña para jugar toda la vida. Pasó por varios equipos de la liga y luego se retiró al Futbol 5, donde jugó hasta los 60 años.
También es unos de los históricos dirigentes del Tandil Auto Club, en donde conformó varias comisiones directivas que marcaron la historia del automovilismo local.
"No tengo mucho más para contar, esto es mi vida. Vengo a las 7 de la mañana al taller y me voy a la noche. Soy muy responsable, pero te aseguro que cuando viene un cliente después no se va más", nos cuenta orgulloso.
Como no tiene hijos varones, ni nietos, sueña con que Cristian (su empleado hace 9 años) le siga los pasos con el taller. "Me daría mucha pena cerrarlo en el futuro. Yo trato de que aprenda todo y siga con esto, es muy responsable y un buen pibe".
No hay apuro, falta mucho para que Julio deje su lugar en el mundo. Se lo ve jovial y con mucha fuerza. Ama lo que hace y se siente orgulloso de sus logros. Sin dudas es un gran ejemplo, como tantos otros vecinos que forjaron su destino a base de sacrificio y hombría de bien.
FOTOS NICOLÁS PROCOPIO
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