23 de julio de 2015

Política

Política. Francisco Sola: “El Kirchnerismo no es popular”

El de poseer el amor de los humildes. Este factor intrínseco, a mi entender, el Kirchnerismo no lo pudo generar. Más bien, el Kirchnersimo sedujo y logró el amor de los sectores más progresistas de la clase media, que reivindicaban las banderas de la defensa de los Derechos Humanos o por la injerencia e intervención del Estado en los distintos asuntos de la vida cotidiana en contraposición con la otra parte de la clase media, que se inclina más por las libertades del mercado y por la defensa de los ideales de la República. No obstante, hay una herencia del peronismo que se repite en el Kirchnerismo: El odio de los ricos –de los que no se han enriquecido fruto de una concesión estatal-. Pero en materia de origen social, hay más alfonsinismo que peronismo en el kirchnerismo. Con el Kirchnerismo no hubo lucha de clases, no hubo una fragmentación de la sociedad por estamentos entre los que estaban a favor o en contra del gobierno. Lo que si existió fue una lucha en el seno de la clase media. ¿Quién no tiene un familiar que apoya al gobierno nacional y no hablan de política en la cena para no generar una discusión?  Hay pelea dentro de la familia, en el consorcio de un edificio, entre compañeros de universidad o de trabajo. Pero no hay confrontación entre el propietario de un inmueble con su mucama o con el que trae los bidones de agua. Es decir,  la fractura se encuentra dentro de esta clase y no en la sociedad en su conjunto. Para los fines de este argumento, puedo también decir que estos sectores progresistas apoyan la redistribución que asigna el Estado como método de compensación para los más humildes y por el otro lado están los que sienten que sus posibilidades de mejorar su status social como el de mandar a sus hijos a una escuela privada, viajar al extranjero o acceder al crédito para comprar su propia casa se ven truncados, gracias a las presiones impositivas o medidas económicas que toma este gobierno. Además, la doctrina y el fundamento ideológico se dan en los sectores medios. ¿Cuántos son los que viven en una villa o barrio humilde y leen Página 12, Atilio Borón, Jauretche o Forster?  El kirchnerismo es un movimiento que va del centro a la periferia, en la periferia no existe el fundamento ideológico que crea el ímpetu de militar. Allí las ganas de hacer política se originan por razones completamente ajenas a la doctrina. Es oportuno ahora dejar en claro que una cosa es que la sociedad le dé el voto a un partido político y otra que sigan los ideales del mismo. La sociedad en su conjunto votó por Cristina, como también por Alfonsín o Menem, pero la legitimidad del voto no los avala para salir a decir que son populares. Lo de nac&pop es un verso. El amor pasa por otro lado, y el de los humildes nadie lo pudo lograr. No obstante, el kirchnerismo logró el amor de una parte de la clase media, que con su fanatismo irracional llora la muerte de Néstor o por los treinta mil desaparecidos. Pero el pueblo no lloró, ni a los desaparecidos ni a Néstor. Solo son personas con problemas, con necesidades que nadie les solucionó. Solo son personas que sienten que ese contrato social entre ellos y el gobernante se rompió y que cada dos años vienen con promesas vacías a pedir el voto. Dicen que los perros con tal de comer pueden soportar hasta lo insoportable, pero nosotros como sociedad nos merecemos más que soportar. Cada ciudadano tiene que realizarse dentro de la sociedad, esto quiere decir que tenemos que ser felices y los gobernantes tienen que generar las condiciones para que esto se pueda lograr. Los militantes derraman lágrimas por sus símbolos mientras que la sociedad las derrama cuando a un padre le matan a un hijo por la “sensación” de inseguridad. Cuando tienen que resignar cosas para llegar a fin de mes porque su sueldo vale menos en relación al año pasado gracias a los “pequeños” puntos de inflación. Sin querer quitarle culpas al kirchnerismo por no poder lograr cautivar los corazones de los humildes, tengo que advertir que los distintos gobernantes que tuvimos en democracia han hecho con el pasar de cada gobierno, que la brecha entre gobernados y gobernante se agrande más. No hay nada de malo en no ser un movimiento popular, hoy en día ninguno lo es. Algunos lo aceptan y otros lo niegan. El problema aquí radica en la baja autoestima que tiene el kirchnerismo, se mienten así mismos llamándose “populares” aunque no lo sean. Jorge Bucay decía: “Sólo si me siento valioso por ser como soy, puedo aceptarme, puedo ser auténtico, puedo ser verdadero”. En síntesis, hay que quererse un poco más.
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