19 de noviembre de 2014

Cultura

Cultura. Fermín Kolor: viajando sobre un pincel

El artista plástico nos invitó a su taller y allí hablamos de todo: sus visitas a Japón y el resto del mundo gracias a la pintura, sus comienzos, los murales que lo hicieron parte del paisaje tandilense. Un viaje por la vida y obra de Fermín Kolor.   Fermín Kolor nos invitó a su taller, su lugar en el mundo. El lugar está en pleno centro pero parece que nos fuimos lejos, muy lejos, a alguna estancia en las afueras. Sentados en cómodos sillones, rodeados del verde de afuera y las pinturas de adentro, el sitio roza lo mágico, digno de un artista. De fondo suena una tranquila música japonesa, propone bajarla para grabar mejor, pero le dijimos que no, el clima se cortaría. Y de Japón vamos a hablar después.   La charla, comenzó como corresponde, por el principio, sus comienzos. “Empecé pintando más abstracto, sin saber para donde estaba disparando. En un momento empiezo a dibujar a la par de eso. Ahí aparecen las ciudades medio espaciales, futuristas y antiguas a la vez, del desierto o bajo el mar, una mezcla fantasiosa. Y las naves, los platos voladores”, comentó, hablando de esos objetos que se transformaron en icónicos de su obra, los cuales después desprendió del lienzo para hacerlos también objetos. Sus creaciones fueron mutando, no se quedó solo con esos paisajes sci-fi, pero más allá de eso aclara que “hay como un hilo que conecta todo, desde el principio hasta lo que estoy haciendo ahora. Después de andar girando por ahí, todo lo que te va entrando en la cabeza lo vas volcando inconcientemente”.   Un dato llamativo en su vida es que nunca estudió nada relacionado a la pintura, sólo hizo algún curso: “Se nota que es mía una obra porque lo hago con esa naturalidad”, explica y agrega que “hice una vez un taller con un maestro, me dijo que lo mejor que tenía era no saber nada. Yo no sabia ni quien era Picasso, ni me interesaba mucho. Nunca se me había cruzado por la cabeza entrar a una galería o a un museo. Venia del rock, de otro palo”. Hoy se describe como pintor y dibujante, pero le costó reconocerse así, su humildad recién se lo permitió cuando la gente le dijo lo bueno que era. En ese punto es donde decidió dedicarse de lleno al mundo pictórico, pero no fue fácil: “Lo más inestable y lo más lindo que tiene el arte es que es totalmente impredecible. Nunca encontré la estabilidad económica, más allá que he vendido algunas cosas y que siempre tengo algún trabajo que hacer. Hay que estar metiéndole siempre, hay que estar activo para estar en el ruedo”   La música es otra de sus facetas como artista. Aunque dice que no es músico. “Hago música de la misma manera que pinto: experimental y sin saber nada, porque nunca estudié música tampoco. Pero toco desde adentro. Todos tenemos la capacidad de hacer música, pintar o escribir, el tema es dedicarle energía a eso y tener algo que decir. Hay es donde pegan las cosas, donde el artista lo hace con pasión y amor. Más allá que eso se venda o no”.   Algo que lo hizo conocido a Fermín y que sin dudas lo acercó a la gente, fue pintar murales. Con el tiempo, fue ilustrando varias paredes de la ciudad. El colorido vagón de la Escuela Municipal de Música, un mural en Pinto y 4 de Abril, otro en Santamarina y Constitución, otro más en 25 de Mayo y 9 de Julio, casi desapareciendo, y otros tantos chiquitos por ahí, son parte de su aporte para decorar nuestras calles: “En la calle es donde más energía de la gente recibís, es como tocar en vivo. A la vez, estás pintando y tiene que quedar bueno. Te desafía, te está viendo gente constantemente. Cuando pinto en la calle quedo cansadísimo físicamente, pero muy prendido de la buena onda que recibí”. Haciendo historia, cuenta que “antes del furor del aerosol y del Street Art, con una chica que salía en ese momento íbamos en bici a la noche buscando paredes escrachadas, con un pincel y pintura negra nada mas, buscábamos un huequito para hacer un pajarito o una ciudad. Interveníamos un lugar que no sea la casa de una persona, algo abandonado. A raíz de eso surgieron los murales”.   Más que cualquier otra cosa, a Fermín lo influenciaron sus viajes: “Desde ir a la costa o a otros países, todo eso va entrando, conocer gente de otras culturas, ver otras construcciones. A la hora de pintar, sin pensar bajas información y todo eso aparece. Y al pasarlo por la mano cambia”. Uno de los destinos que más lo marcó fue Japón, donde la pintura lo llevó dos veces: “Pasé mucho tiempo y tuve una experiencia impresionante allá. Me fui sin saber el idioma, me manejaba con las pinturas, era muy limitado lo que les podía explicar. Ahora tengo amigos, casi una familia. El contacto sigue muy fluido, incluso estoy haciendo un proyecto musical con gente de allá” “Espero poder seguir viajando toda la vida. En la primera entrevista que me hicieron, el pibe me preguntó cual era mi sueño con la pintura, a que quería llegar, y sin pensarlo dije “ojalá que la pintura me lleve de viaje”. Aun no había viajado nunca como pintor, de golpe me encuentro con Hito, mi compañera cósmica. La conexión con ella ya fue por la pintura y ella me conectó con Japón, lo más lejos que se puede ir. Después surgieron otros viajes como a Barcelona, Nueva York o Tailandia. La idea es seguir viajando siempre”, dice, y cierra dejándose llevar: “Acá mismo en el taller, yo viajo. Esto para mi es una nave, cierro el portón y me meto en mi submarino. Navego para arriba, para abajo, para donde sea. Acá es mi lugar en el mundo, me tira un montón Tandil, siento una conexión extra. Siento que hay como un chorro energético del cual me alimento para bajar esta locura”   Hikaruie Ahora estoy laburando en una serie, es como un disco, elijo las “canciones”, veo cual va primera, cual segunda, y quedan un montón afuera. Voy a hacer una muestra el 26 de noviembre en el restaurante de sushi Puro Ego. Me invitaron de la galería Artemio, ellos hacen una movida ida y vuelta con esta gente. Fui a ver el lugar, medí las paredes y estoy haciendo una serie de pinturas con la técnica de la escritura japonesa. Estoy haciendo casa, plantas, escribiendo cosas en japonés. Aplico el pincel tradicional japonés y su técnica a mi estilo. Después los pinto con los colores bien estridentes que vengo usando. Es algo “oriental pop”. La serie se llama Hikaruie (La Casa Luminosa).   FOTOS (CLIC PARA AGRANDAR):
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