27 de mayo de 2015

Sociedad

Sociedad. Estela dio cátedra en la Unicen

“un símbolo mundial de la lucha por los Derechos Humanos” como sostuvo acertadamente el rector Roberto Tassara en su discurso. El auditórium de la Unicen estuvo lleno a rabiar, con el fervor estudiantil a flor de piel. Banderas y muchas muestras de afecto que emocionaron a los presentes. Previo al acto central, Miguel Lunghi junto a Julio Elichiribehty se acercaron a Estela  y compartieron un afectuoso saludo. El intendente no podía quedar afuera de este enorme reconocimiento. Ya en las flamantes nuevas instalaciones del ex Cine Alfa, Tassara tomó la palabra y destacó algunos de los atributos de esta Abuela de Plaza de Mayo. “Esta es una jornada que quedará marcada en nuestra historia institucional”, comenzó diciendo con justa razón. “Entregar estos reconocimientos es lo que corresponde, es lo que nos gusta y es lo que deseamos. Unir nuestra máxima distinción al afecto de los universitarios con Estela y de Estela para con los universitarios. Este diploma se otorga con todo el afecto, pero desde la absoluta certeza de su merecimiento”, leyó el contador mientras el público vitoreaba la presencia de Estela. “Por un lado está la historia, están los hechos, pero junto a los hechos está la conducta y los valores, esos que hacen de Estela una mujer excepcional. Valores que la han convertido en un símbolo mundial de los derechos humanos. Su perseverancia y su lucha constante son rasgos que la definen. Estela nunca cesó en su búsqueda y aprendió que todo es posible para una madre que pelea apasionadamente”. “Estela se convirtió en una madre abuela que dejó su guardapolvo de maestra para reemplazarlo por un pañuelo blanco y nunca abandonó su lucha hasta nuestros días”. Luego aprovechó la ocasión para resaltar el enorme trabajo que se viene realizando en la Universidad en materia de Derechos Humanos, sostuvo que “nuestra universidad acompañó consistentemente la política de memoria, verdad y justicia. Apoyando a las organizaciones, con los dos juicios que se han desarrollado en nuestra casa, con la cátedra abierta y la creación del área de Derechos Humanas. ¿Cómo podríamos haber dudado entonces de entregarle este reconocimiento a quien representa tan acabadamente los fundamentos de esta política de estado?”, se preguntó sin esperar respuesta. Finalmente procedió a la entrega del diploma honorifico y mirándola a los ojos, le dijo: “Con enorme felicidad te contamos ahora formalmente como parte de nuestra comunidad universitaria. Te agradecemos la aceptación del título, pero por sobre todas las cosas te agradecemos por existir. Gracias por todo Estela, muchas gracias”. El aplauso de pie fue emocionante, hubo lágrimas que derramaron por las butacas del CCU y caras de auténtica felicidad. Se sintió el apoyo de toda la comunidad para con este reconocimiento. Luego, fue el turno de ella, la homenajeada.  Recordó aquellos primeros años de lucha cuando “no sabíamos si volvíamos a casa”. Destacó la figura de los hombres que acompañaron a las madres y abuelas porque “el que se queda sufre más que el que se va. Nuestros maridos se murieron antes, la mayoría ya nos los tenemos. La porfía de la mujer nos constituye en una fuerza de lucha y no nos rendimos jamás. El hombre es más vulnerable quizás. El padre no soporta la ausencia y la mayoría estamos sin ellos. Los tenemos presentes y los honramos, yo los llamo los padres y abuelos de la plaza de mayo”. “Siempre digo que soy una mujer común. Cuántas mujeres están luchando denodadamente por sus hijos. En comedores, en espacios de contención, en ayudas solidarias, que hay en todo el territorio. Mujeres que no tienen nada más que el corazón, la buena voluntad y el deseo de ayudar. Nosotros hicimos lo que debíamos, no creo que una mamá deje de buscar alguna vez a su hijo perdido”, reafirmó. Siguiendo su relato, el silencio en la sala era absoluto, no se escuchaban ni los clásicos flashes de los fotógrafos. Todos escuchábamos con atención. “Ante estos honores yo debo reconocer mis errores. Si bien fui una persona buena, que educaron bien, con cariño. La educación que me dieron fue para ser parte de lo que llamo la antinomia. Para estar en contra de todo. Yo salí a vivar la dictadura porque estaba en la vereda de enfrente, era la  formación que me habían dado los medios, la educación y la sociedad que me rodeaba. Si hubiera salido con las familias de las víctimas del ‘55, no hubiese habido un 24 de marzo de 1976 y Laura (su hija) estaría viva”. Finalmente bregó porque haya dialogo, “es imposible que todos pensemos igual. Pero debemos construir en conjunto, sumando ideas y voluntades. Sin agredirnos”, reclamó. Luego distintas autoridades y organizaciones de la sociedad entregaron cuadros, plaquetas y honores a esta gran mujer que dejó su sello en Tandil y prometió volver pronto, porque “adonde te quieren, siempre es lindo volver”, dijo emocionada.
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