7 de marzo de 2018

PERSONAJE DE LA SEMANA

PERSONAJE DE LA SEMANA. Espíritu Amateur

por
Mauro Carlucho

"Salir a correr me cambió la vida. Y no hablo solamente de lo físico o de mi salud. El deporte me formó como persona, me cambió mentalmente, anímicamente. Me dio valores, me puso en orden. Me enseñó a disfrutar del sacrificio en pos de un objetivo mayor. Me dio una cabeza de hierro. Es difícil dimensionar lo que te transforma el deporte. Hoy soy una persona diferente. Mejor. Gracias al atletismo".

No hay mejor tarjeta de presentación que ésta declaración. Entrar de lleno en el deporte lo hizo conectar con un mundo distinto al que conocía. Y no es porque antes no practicara ninguna disciplina. Sino porque vivir intensamente esta experiencia de deportista amateur, lo redefinió como persona. Como ser humano.

Hay una frase muy repetida entre los apasionados del running, que dice: "La felicidad que nos transmite el deporte será máxima cuando se convierta en un estilo de vida, un disfrute en sí mismo, dejando de ser un medio".

Con esto no se niega que el deporte sea transformador, pero va más allá. Cuando esta actividad, cualquiera sea la que practiques, trasciende las fronteras de la pista o de la cancha, entramos en un estado de gracia que nos hace incluso mejor personas.

Las palabras de José van en esta sintonía. Estos más de 15 años que lleva de atleta fueron realmente transformadores.

Antes, tuvo una vida como la de cualquier pibe de clase media en el Tandil de fin de siglo. Una familia muy cercana, buena relación con sus viejos y su hermana. Veranos enteros compartidos con primos y abuelos.

La escolaridad en el Colegio San José y la llegada de los primeros amigos. Esa familia que uno elige, aunque no haya un ADN que lo reafirme.

Ermenegildo y Susana, sus padres, estuvieron muy presentes siempre. Fomentaron el deporte desde que era chico. José era más bien retacón y rellenito. Pero le gustaba el deporte. Primero probó con el futbol. Pasó por varios clubes locales y disfrutaba de correr detrás de la pelota. Luego, el mandato familiar (su abuelo materno, Díaz Delfino, fue uno de los fundadores del club Los Cardos) y los amigos, lo llevaron por el rugby.

Dada su edad, el deporte era recreación y entretenimiento. Sería una exageración y una falacia hablar de un estilo de vida. Todavía.

"Tuve una infancia hermosa. Pero de en serio. Mis primos fueron mis primeros amigos. Nos quedábamos todo el verano en lo de mi abuela. Desde el primer día de diciembre hasta marzo. Ir al campo era una aventura. Durante el año íbamos con los amigos del barrio a la plaza que esta frente al Hospital. Vivíamos en la esquina de Pellegrini y Colon. Pleno barrio de la estación. Después hicimos un grupo muy lindo con los amigos del Colegio y empezó otra etapa. No me quería ir al campo, para quedarme con ellos. Ir a la pileta, salir a joder", dijo sobre sus primeros años.

Luego de terminar el colegio secundario no dudó para inscribirse en el Instituto de Educación Física. Soñaba con una vida ligada al deporte.

"Tenía un tema con eso. Porque no me gustaba como me veía. Recuerdo que salía a correr encapuchado para que no me reconozcan. Me daba vergüenza. No sé. Pero de a poco le empecé a agarrar el gustito a correr. Hacia mejores tiempos, me cuidaba en las comidas. Al mismo tiempo me sentía mejor. Todo era positivo. En ese año conocí a Julián Peralta en el Instituto y fue clave. Empecé a entrenar con él y me enseñó muchísimo. Al principio avanzas muy rápido. Los objetivos se superan a corto plazo. Eso hizo que me enganche definitivamente. La primera carrera fue la prueba de la Unicen en el año 2002. Desde ese día no paré mas", le contó a ElDiarioDeTandil.

Estuvo 6 años bajo la tutela de Peralta, luego trabajó con Daniel Fiaschetti y Matías Urrutia. En esa etapa se volcó a las pruebas de aventura. Era un furor en Tandil y en toda la provincia. No había muchas competencias, pero cada prueba era multitudinaria.

Cuando se estaba enganchado y comenzó a cosechar buenas victorias, aparecieron las lesiones. Compañeras recurrentes de los deportistas. Y sobre todo de los amateur, que no disponen de todos los recursos para dedicarse pura y exclusivamente a la actividad.

"Cuando fui al kinesiólogo me dijo que debía recuperarme haciendo bicicleta y natación. Por eso digo que todo se me fue dando. Ahí empecé con las otras disciplinas. Por culpa de las carreras de aventura llegué al triatlón. Hace 12 años de aquel momento. Nunca más pude parar", indicó.

En todo este tiempo ha sobresalido cada año. Fue, y es, "Movediza de Bronce", hace tres años consecutivos y lleva una lista interminable de podios y victorias. Pero ningún trofeo o medalla se asemejan a su triunfo más importante.

"Estoy orgulloso de lo que conseguí. En casa tengo un humilde museo con todas las medallas y diplomas que fui ganando. Miro todo eso y digo ¡fuaaaa! Son muchos años. Pero lo mejor de todo fue haberme volcado al deporte. ¡El deporte me trajo hasta aquí!", exclamó.

A través de sus logros fue armando un equipo de trabajo junto a profesionales y sponsors que lo acompañan en todo momento. Tiene en claro que solo es muy difícil dedicarse a esto.

"Primero que todo, mi hijo Fermín. Él es el que más sufre de mis ausencias por entrenamientos, viajes o competencias. Mi familia aprendió a convivir con esto. Saben que José no está los domingos para almorzar como es costumbre. Pero también hay mucha gente que me apoya y me acompaña. Gustavo Leanes es como un segundo padre para mí. La gente  de Kumelen, de Escualo, los médicos, los kinesiólogos. También los sponsors como Expreso TAS, Galtech, Cali Tattoo, Cardinale Agrimensura, Castelbianco Pinturas y Riphio Indumentaria. Para ser un deportista amateur de elite necesitas un equipo. Entra dentro del entrenamiento invisible, que le dicen. Eso ayuda mucho. El psicólogo, el masajista. En mi caso hasta el bicicletero, Carlitos Deangelis, que me acompaña hace mucho. Por eso reitero que me siento un afortunado de tener tanta gente alrededor", agradeció.

Además dedicó una mención especial a su viejo que lo acompaña en otro plano: "Hace 12 años que no está, pero yo siento que me ayuda desde donde está. En cada largada, si me buscas, vas a ver que estoy mirando para arriba charlando con él".

De a ratos reniega sobre la falta de apoyo a los deportistas, pero esto también es un desafío para seguir adelante. Hoy se asume como deportista amateur y por eso agradece lo que ha podido construir en todo este tiempo.

"Hay gente que no entiende de que se trata esto. Te dicen que estás loco por entrenar tanto o por sacrificar algunas cosas que para ellos son importantes. Pero por otro lado están los que saben lo que es vivir en el deporte. Son los que te alientan cuando vas corriendo por el dique, o te tocan bocina cuando te ven pasar en bici por la ruta. Esos sienten el deporte y se ponen en tu lugar. Hay que vivirlo para saber de qué se trata. Estar adentro de este mundo me hace valorar a todos los que se preparan y ponen todo de sí, a pesar de que nunca tengan un reconocimiento", agregó.

El atletismo y el deporte reconfiguraron su vida. Cuando no está abocado a su carrera, trabaja como personal trainer y masajista. Considera central cuidar su cuerpo. Le da el tiempo necesario de descanso, dentro de las posibilidades. Pero no se olvida de relajarse y disfrutar. Los fines de semana toma alguna cervecita, lo mismo las salidas con amigos, pareja, o algún recital de rock. Su éxito está en conjugar cada uno de estos elementos como si fuera un alquimista.

"Sin sacrificio, no hay victoria. Eso lo aprendí del deporte. Pero también tiene que estar lo otro. El disfrute y el relajo. Es fundamental combinar las dos cosas", finalizó.

Todo esto encierra un deportista amateur. Esfuerzos y responsabilidades. Agradecimientos y pedidos de apoyo.

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