11 de noviembre de 2015

Papel

Papel. Elizabeth Bucci: “Tengo que atender la necesidad de alimentos y de amor”

“Cocina para tu alma” dice en los folletos que están sobre algunas de las mesas, y hablando con Elizabeth Bucci uno se termina de dar cuenta lo profunda y real que es esa frase. En ese momento ya se habían instalado en la cuadra la Nueva Farmacia Rubí y la Nueva Clínica Chacabuco, así que decidió desde el nombre sumarse a lo Nuevo, además Elizabeth, mientras convida un mate recuerda que “Nuevo Jardín es la continuidad de Jardín de los Frutos que estaba en la calle Maipú. Cuando las cosas de la vida me alejan de ahí, me mudo a Chacabuco y empiezo de cero, como muchas mujeres de esta ciudad que nos encontramos de la noche a la mañana con una familia a cuestas. Lo mejor para los míos era continuar con un aprendizaje de elaboración de comidas que me alejan un poco de mi profesión, la actividad física. Tenía que decidir que era lo que iba a alimentar a mi familia, que era lo más productivo. La idea era no alejarme de lo que había aprendido de alimentación, seguir estudiando y preparándome. Descubrí una veta que era genial y me encantó, tenía muchas devoluciones de la gente que necesitaba cuidar su salud” Hay que tener en cuenta que en el 2000, hablar en Tandil de un vegano, vegetariano, lo macrobiótico, ayurveda, “era chino básico”, como bien aclara, y una anécdota ilustra la situación: “Cuando mis hijas hicieron una reunión en el colegio yo mandé bombones de zanahoria y me los querían tirar por la cabeza. Ahora si los comen…”   COMIDA Y CONTENCIÓN No podía olvidarse que tenía una Clínica al lado, y no querían nada integral, querían sándwiches y milanesas. Entonces, según su propia descripción, Nuevo Jardín no es un café ni un restaurante, es un patio de comidas mixto. Y estar a pasitos de un centro de Salud, le puso sobre los hombros una responsabilidad extra: “Tengo que atender la necesidad de alimentos y de amor de la gente que tengo al lado”. “Acá la gente intenta hacer catarsis, escuchás todas las miserias. Si te involucrás emocionalmente, te partís. Pero esto me sirvió para darme fortaleza, cuando yo me quería caer o me quería quejar, aparecía alguien que realmente estaba con un problema serio. Te lleva a la reflexión que lo único real que se convierte en un problema es la salud. Aprendes a valorar el tesoro más grande y único”, reflexiona. “Acá pasa de todo”, nos dice, “por ejemplo, en una de las meses, una familia firmó un testamento. Venían desde Bolívar, el señor que estaba internado tenía 90 años y acá estaban los cuatro hermanos y la novia del señor que tenía 45 años. La operación que había que hacerle era extrema, con riesgo de vida. El señor no falleció y 15 días después vino a comer canelones con toda su familia”, rememora una de las anécdotas que hoy se puede tomar a la risa, pero muchas veces el resultado es tristemente distinto: “Hay gente que está almorzando, de pronto les suena el teléfono y se larga a llorar porque falleció un familiar. Lo tenés que acompañar”. Uno de los momentos más tristes y que le es inevitable recordar, sucedió en 2013, luego de aquel accidente en la avenida Brasil donde perdió la vida la joven Josefina Olesen: “Yo veía padres y amigos llorando, sentí que no daba más, que me derrumbaba. Le pedía fuerzas a Dios porque era una enorme tristeza, fue muy doloroso. Fui al Santísimo y le pedí al padre Raúl una imagen para poder sostenerme, sola no podía. Puse un velón grande, la gente la veía y le dejaba papelitos”. Con una sonrisa amable a pesar de estar recordando circunstancias tan densas, resume que “ofrezco todo el amor para sostener lo que tengo al lado, los pacientes de la Clínica. Estoy acá para que toda fluya, sino hace tiempo que no podría sostenerlo. Estoy feliz porque hoy puedo mirar para atrás, tengo hijas profesionales que crecieron con esto, que no tiene problemas en atender y ayudar a mamá, se arremangan y le metemos. Entre las tres hicimos algo muy bonito, muy querido y muy fuerte. Lo volvería a hacer”.   ALIMENTO PARA EL ALMA Ya son muchos los habitúes del lugar, y la relación con ellos se volvió tan especial como sus comidas. “A mis clientes les ofrezco todo lo que es alimentación vegana, vegetariana, macrobiótica, ayurveda, les enseño a cocinar, los cuido”, enumera, y es fácil darse cuenta que esto último es cierto, viendo que tiene una extensa lista donde va anotando las preferencias de cada uno, si a aquel no le gustan las aceitunas o el de más allá prefiere evitar las pasas. “Yo me ocupo de las compras, y si algún proveedor lee esto se va a reír porque sabe que es así, soy sumamente exigente, si algo no viene como yo pido, lo devuelvo. Es una ciudad donde es difícil mantenerse, hay mucha competencia y excelente gastronomía”, nos cuenta, y va añadiendo que “si no estás atento a lo que la gente necesita, no te podés sostener. Hay que cuidarlos, mimarlos todo el tiempo, cuidar el detalle” Y cuando se le pregunta cual de todas las variantes alimenticias, nos dice que todo es más bien personal, que “tiene que funcionarte, tiene que ser una necesidad, no por moda. Una necesidad que viene desde el alma, es como dejar de fumar. En alimentación está todo para ser consumido, los extremos como en todo son malos”.   EL SEÑOR DEL SOMBRERO Entre la enorme cantidad de anécdotas y visitas que puede enumerar, Elizabeth destaca un momento mágico que tiene que ver con un sombrero que a simple vista parece solo decoración: “Un día vino un señor, se sentó y me dijo “quiero comida”. Yo sentí que no le tenía que traer un bife, entonces le serví un plato de cereales, con unas verduras al vapor. El hablaba poco, estaba con dos señoras collas. Se paró y me agradeció. Cuando se va me dice: “Buenos Elizabeth, ha sido un placer, te agradecemos. Zoilo Jerónimo Escalante te bendice”. Mientras, yo me preguntaba quien era. Cuando me entero quien es, el líder de la comunidad Colla de Chile y patrimonio inmaterial cultural de los pueblos aborígenes, lo llamé y le pregunté que podía hacer por él. Lo llevé al Centinela, él quería conocer y a la noche me dijo que quería tomar mate. Sentí que eso no era solo para mí, entonces publiqué en Facebook y entró a caer gente de todas partes, con sándwiches y gaseosas. Esto se había convertido en un mundo de gente. No entendía nada. Se sentó frente a la ventana y brindó una bendición aborigen, que hizo que a todos los que estábamos presentes se nos cayeran las lágrimas. Era fuente de tanta simpleza, de tanta humildad, de tanta fortaleza espiritual, que vibraba. Nos dijo palabras maravillosas, nos contó leyendas y cuando se retiraba, nos regaló unas pulseras, sacando del bolsillo la cantidad exacta para todos los que estábamos sentados. Sacó un collar naranja con una piedra del Pacifico, me dijo que sabía que eso era para alguien, y me lo puso. Me hizo llorar. “Yo terminé mi viaje en este lugar, ahora me voy feliz”, me dijo. Cuando todos se fueron, vi el sombrero en una silla, entonces llamo para avisar. Zoilo respondió: “Díganle a Elizabeth que me lo tiene que devolver ella en Chile, yo le voy a dar mis conocimientos y ella me va a regalar los suyos, con el manejo de sus cereales”. Así que tengo una deuda pendiente, tengo que ir a la Puna de Atacama del lado chileno”.
OFICINA MUNICIPAL DE INFORMACIÓN AL CONSUMIDOR OFICINA MUNICIPAL DE INFORMACIÓN AL CONSUMIDOR

OFICINA MUNICIPAL DE INFORMACIÓN AL CONSUMIDOR. "Servicios financieros sigue siendo el rubro con más denuncias que recibimos"

28 de julio de 2026

Subscribite para recibir todas nuestras novedades

data fiscal  © 2026 | El Diario de Tandil | Sarmiento 291