17 de agosto de 2016

PRESENTE Y PASADO

PRESENTE Y PASADO. El "ovni" y la princesa

Pero igual hubo risas reprimidas y sonrisas cómplices. El hombre, mayor, acompañado por su esposa de toda la vida, había llegado caminando hasta la Plaza Independencia para recibir a ese joven tenista que nació cuando él ingresaba, recto, en el otoño de la existencia. La línea de dos siglos confluían en el muchacho del balcón y el abuelo en la plaza, a metros de la Parroquia del Santísimo.

Del Potro estaba hablando a la multitud cuando el hombre vio algo en el aire que lo distrajo. Algo que se movía y que trató de identificar brumosamente, aunque intentando no perder el hilo de lo que Delpo estaba diciendo. Sin embargo pudo más el signo de misterio que le produjo esa cosa que venía sobrevolando las cabezas de la muchedumbre con sus cuatro luces prendidas  y que de golpe lo sobresaltó porque pareció encararlo desde la altura.

-Vieja -la codeó a la esposa.

La mujer, que a la distancia intentaba descifrar lo que decía Del Potro a expensas de un sonido deficiente, no le prestó atención.

-¡Vieja! ¡Mirá! ¿Qué es eso? ¿Un ovni?

Tres chicas que estaban al lado de nuestro vecino sonrieron, divertidas, con la ocurrencia. Todas estaban grabando o sacando fotos con sus teléfonos celulares. Pero un pibe que estaba cerca se soltó del brazo de la novia, se acercó al hombre y le susurró afectuosamente:

-Es un dron, abuelo.

-¿Un qué?

-Un dron. Un aparato que saca fotos y filma desde el aire.

-Ah, mire usted -dijo el jubilado, sorprendido, y persiguió con la vista al objeto de luces parpadeantes que iba y venía como la voz de Delpo por los parlantes-. Le agradezco el dato, muchacho. Y para empardar hacia atrás si quiere le tiro una perla del balcón del Municipio que usted no conoce porque ni siquiera había nacido.

El pibe se mostró entusiasmado. Las chicas miraron al abuelo todavía con la sonrisa diáfana de la adolescencia dibujada en sus rostros.

-En ese mismo balcón, una noche de 1964, vi salir a la princesa de Dinamarca. Se llamaba Benedikta.

-¿Una princesa en Tandil?

-Sí, señor. Vino para la inauguración del monumento de Juan Fugl. Estaba todo el pueblo acá esa noche. El padre de Lunghi era el intendente del pueblo. El Municipio ordenó a todos los vecinos encalar el frente de las casas. Y fue don Pepe Lunghi que la acompañó hasta el borde del balcón para saludar a la multitud. ¿O usted se cree que una princesa llegaba todos los días al pago? Después tiraron fuegos artificiales y hubo una gran comilona en el Regimiento.

-Ufa, yo quiero estar ahí arriba -dijo una de las pibas.

-Tendrías que ser princesa, pero no llegaste ni a eso en el concurso de la reina en el Ferro -la chicaneó la otra.

El pibe agradeció la lección de historia lugareña, saludó al abuelo y a su señora y se fue. El dron de la posmodernidad y la princesa del pasado (que fumaba en público y escandalizó el  patriarcado de la época), sobrevolaron el aire de una noche histórica para Tandil. A tal punto que nunca más una princesa volvería a aparecer por el balcón del Palacio Municipal inaugurado en 1923, justo para cuando el pueblo cumplió su primer centenario de vida.

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