23 de abril de 2016

Sociedad

Sociedad. El derecho a ser un “monstruo”

“Reivindico mi derecho a ser un monstruo”, decía la pancarta. Un lema de rebeldía que tenía un destinatario concreto: la verdadera monstruosidad del que discrimina y que pintó enteramente el clima político de la marcha: una protesta en la calle y a cara descubierta contra toda forma de discriminación. Esa sentencia explica mejor que nada cuánto prejuicio, autoritarismo y banalidad recayeron durante décadas sobre los vecinos que optaron por una identidad sexual que rompía los moldes ancestrales, por decirlo así. Ese legado contra la otredad que antes era brutal, ahora es más sutil pero en buena medida todavía se mantiene. También fue perceptible en cada manifestante una suerte de orgullo militante por una causa de muchos que en ciudades aún chicas no todo el mundo naturaliza para dar. Sí se vio también con claridad a una gran cantidad de vecinos que sin formar parte del colectivo lésbico, gay, bi y trans acompañó la consigna política de la marcha. El cotillón (que siempre expresa mucho más que su propia categoría) dio lugar a ciertas escenas que hubieran sido la delicia del escritor Manuel Puig. Por ejemplo, un integrante de la marcha, en la vereda de la confitería Figlio, se acercó a una señora y le ofreció el combo de una folletería contra la violencia de género y una tira de preservativos. “¿Quiere?”, dijo el muchacho. La señora, desacomodada, preguntó: “¿Qué es esto?”. “Forros, por si los precisa”, dijo el manifestante mirándola a los ojos, sin perder cierta angélica sonrisa. La mujer, compelida a tomar una decisión, guardó con un nervioso manotazo el folleto y la tira de profilácticos en la cartera. Foto: Nico Procopio
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28 de julio de 2026

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