15 de junio de 2014

Política

Política. El “Fondo” del asunto

Rogelio Iparraguirre, produjo en torno a la creación de una comisión que administre los recursos del Fondo Educativo que llega de la Nación a los municipios, se adentra en la sustancia de la política: la lucha descarnada por el poder. O, en este caso, por morderle al gobierno local una facultad que le es propia: la de gobernar sin “intermediarios” que le digan dónde tiene que derivar los recursos. El peronismo, desde el Partido, llamó a esta jugada ir por los beneficios de la “democracia real”. De acuerdo a este concepto surge la pregunta de cajón, ¿la democracia que vivimos es irreal? ¿Una fantasmagoría de las urnas? ¿Una ilusión óptica de doce elecciones al hilo ganadas por el oficialismo? Quien conozca un poco al intendente, sabe que Miguel Lunghi puede tolerar cualquier cosa, menos lo que con cierta astuta elegancia Iparraguirre llamó “aportarle espaldas y otros instrumentos al intendente” para la cuestión de la educación pública local. Aún con todas las concesiones que el kirchnerismo cedió en este proyecto, una comisión que intente “co-gobernar" es una herejía que Lunghi jamás habrá de aceptar, amén del escaso apego que el jefe comunal tiene por esa forma asociativa –la comisión- que tan poca buena prensa tiene en el ámbito político. Fue Perón el que alguna vez dijo: “Cuando quiero que algo no funcione simplemente armo una comisión…”, y el propio Lunghi, en una declaración a metros de su primer gobierno en 2003, advirtió que “no voy a armar una comisión para mover un ropero”. Es cierto que no es lo mismo la cuestión de la educación pública que el desplazamiento de un placard. Pero lo que acá se discute es otra cosa: la alteración del silogismo político acerca de que para gobernar primero hay que ganar las elecciones. La naturaleza de Lunghi, animal político si los hay, jamás va a aceptar que una comisión –y mucho menos nacida a la luz del kirchnerismo- pretenda decirle dónde tiene que poner los veinte palitos del Fondo Educativo. Con idéntica pero inexplicable convicción, Lunghi también ordenó mandar a archivo el proyecto del Frente Renovador destinado a que Personas Jurídicas de La Plata –una tercera opinión ante el fallo dividido de la Comisión Fiscalizadora de la Usina-  emitiera su dictamen en el “Caso Maggiori”. Vaciado de autoridad en el interior de la Usina que preside, con innumerables bochornos producidos por su propia personalidad conflictiva, concursado en la Justicia por una quiebra personal que los estatutos de la empresa juzgan como un impedimento para desempeñar el cargo, el ingeniero Oscar Maggiori se aferra a los calzoncillos de Lunghi esperando que en 15 días el presidente del HCD, Juan Pablo Frolik, tal como lo anunció, saque de la galera un recurso que lo termine de encadenar al próspero sillón de las 40 mil razone$ al que se aferra. Frolik es de lejos una de las mentes más lúcidas del lunghismo, por lo tanto es probable que esta vez la operación “Salvemos a Tito” encuentre un argumento intelectual algo más sólido y democrático que mandar la objeción de su inhabilidad a archivo. La política lo que discute es poder. Hoy la mayoría automática del radicalismo, que se ejerce no sin pagar ciertos costos políticos, es uno de los sapos más indigeribles para el peronismo, cuyo corpus ideológico es, precisamente, la ideología del poder. El tema es que enfrente lo tienen a Lunghi. El más peronista de los radicales, aunque radical al fin. Cuando en diciembre asumió la nueva composición del Concejo Deliberante, se intuyó que algunas cosas empezaban a despabilar el sosiego de la siesta melancólica que venía durmiendo el oficialismo en el recinto. No está mal que ello ocurra. Si unos tienen la mayoría automática con el desempate del presidente del cuerpo, otros tienen el legítimo instrumento de no dar el quórum. Cada cual sabe lo que gana y lo que pierde en esta pulseada. Pero el fondo del asunto no es ni el Fondo Educativo ni el equilibrio inestable del concursado Maggiori en la Usina. El fondo es, con la aparición de nuevas voces opositoras en el Concejo, una lucha tensa y ríspida por el poder que unos tienen y los otros desean. Será el escenario constante de acá a 2015 con una atmósfera política en creciente densidad. Y un adelanto de lo que podría ser un conjetural y muy complejo cuarto gobierno de Lunghi sin mayoría en el legislativo.
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