7 de junio de 2016

Sociedad

Sociedad. Edificando el Futuro: Construyendo hogares y esperanza

La dignidad de la casa propia “Construir una casa es un esfuerzo de todo un año”, dice Marcelo Molina, otro voluntario del grupo, “de la gente que la construye y de nosotros que estamos atrás para que se haga realidad, que no es poco, es un acompañamiento que es técnico, social y económico porque a medida de que conseguimos los materiales tenemos que financiarlos, también tiene que estar el concepto técnico porque la casa no se hace por mera voluntad, hay temas legales también, y el soporte social también es importante porque las personas hay que unirlas desde antes de empezar la construcción hasta después de terminarla”. El proyecto actual de realización de diez viviendas los tiene muy entusiasmados ya que es la primera vez que, además de las casas, van a generar una comunidad alrededor de ellas. Todo un grupo de familias están generando vínculos a partir de una necesidad básica que es tener un techo, y luego eso se amplifica con el hecho de compartir una misma comunidad, con sus desafíos y sus recompensas. Como explica Sandra, el proyecto comienza con la conformación de espacios de intercambio y comunicación entre las personas, “primero les pedimos que armen su red, con amigos y vecinos para arrancar con la construcción”. Luego desde “Edificando el futuro” los van asesorando con el equipo de arquitectos y maestros mayor de obras, y es así cómo van aprendiendo y adquiriendo sus primeras habilidades de construcción. “Cuando hacemos viviendas en grupos ponemos un capacitador para que vaya guiando la obra, que haga de capataz y capacite a la gente”, explica Daniel. “Hay gente que ha construído su propia casa y termina armando su propio grupo de albañiles, ya tenemos algunos que son expertos, el capacitador actual es un chico que se hizo la casa con nosotros. Rompimos un poco las estructuras también con respecto a que no es que aprenden primero y después con el tiempo lo llevan a la práctica, sino que aprenden haciendo. Lo cual tiene una motivación excelente porque qué mejor que aprender a ser albañil construyendo tu propia casa, así es como las mujeres terminan pegando azulejos y los hombres envidiando lo prolijas que son las mujeres”, expresa Marcelo sonriendo. “Hay una casa que se la hizo una persona sola, era un señor que estaba en conflicto con la ley penal, que tenía serias dificultades, y en algunas de sus salidas con control empezó a hacerse su casa sin saber nada y él adquirió el oficio, encontró su lugar en algunas cosas de su vida, por lo menos en no caer en el delito, y de estas hay muchas historias de resiliencia, de no haber tenido una familia que te cuide y haber llegado sin nadie a tener tu casa, tu trabajo, tu familia” agrega Sandra. En todos estos años ya han participado de la construcción de más de 200 casas y de la ampliación y refacciones de otras más de 130 viviendas. “Con muchos hemos trabajado en lo que es enseñar a pescar”, dice emocionada Sandra, “lo importante también es la constancia de todos estos años desde 1992, que es algo que nos insistió siempre el padre Raúl”. Cuando una casa termina, la entrega de las llaves es un momento muy emotivo, que todos comparten con la misma alegría. “Es un esfuerzo muy grande la autoconstrucción, hay que empujar, alentarlos, ellos tienen que sostener sus trabajos al mismo tiempo que construyen, es un esfuerzo muy grande”, agrega Sandra, “es todo: construir tu casa, sostener tu trabajo, hacerte cargo de tu familia, no es tan sencillo. Desde lo social te puedo decir que trabajo con otras realidades, que no son las mejores que nos da la sociedad ahora, y siempre digo que éste es el lugar donde yo construyo, donde me construyo yo como persona y como profesional porque se construye todos los días no solo una casa sino que vas construyendo tu familia, la vas pensando, lo que significa, lo que le vas a dejar a tus hijos, lo que les dejás a los demás, es un lugar de compromiso con la realidad”. Para Marcelo también es un lugar “edificante”, “para mí es muy gratificante, en nuestra profesión uno está yendo detrás de los problemas y con soluciones que tal vez no le satisfacen a todos,  en cambio acá, aunque llegues del día muy cansado y cuando entrás pensás “yo podría estar en mi casa”, a medida que va pasando el tiempo te sentís bien porque te vas dando cuenta que estás construyendo o estás ayudando a construir algo, y eso se materializa cuando ves la gente que recibe la casa, ver sobre todo a los chicos, la emoción de los padres porque le están dando a sus hijos una posibilidad que ellos no han tenido, y eso muy fuerte”. A lo que Daniel agrega,  “es muy gratificante, es muy lindo ver cómo la gente va avanzando con su vivienda, es muy dignificante para nuestra profesión, en donde uno puede ir ayudándolos”. Todas las casas nacen de un prototipo que tiene en cuenta las necesidades para una vivienda de interés social, tienen 56 metros cuadrados con dos cuartos, un estar y comedor, cocina y baño. Y siempre le dejan la posibilidad de ser ampliada en el futuro. Para terminar de reforzar el gran valor que hay detrás de “Edificando el futuro”, Sandra agrega, “el concepto creo que es que todos tenemos algo, y tenemos que descubrirlo para hacerlo, el “no tengo nada”, no. Todos tenemos algo. La dignidad, el recuperar el valor del trabajo, el sentirse útil”. [gallery ids="128128,128129,128130,128131,128132"] AUSPICIAN ESTA SECCIÓN: [gallery ids="128133"]
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