27 de octubre de 2015

Cultura

Cultura. Decavendish: Haciendo que valga la pena volver a nacer…

NOTA PUBLICADA EN EL SEMANARIO EL DIARIO DE TANDIL DEL SÁBADO  24 DE OCTUBRE DE 2015   Es difícil describir a Decavendish sin contar su historia. Muchos años juntos, de amores y golpes fuertes que fueron cambiando la dinámica de la banda, llevándola a su fin, pero hoy haciéndola resurgir. Sentados en el escenario de El Cielito, lugar que escuchará a su pop rock volver dentro de poquito tiempo, hicieron memoria para ElDiariodeTandil. El baterista Gerardo Román cuenta que el germen apareció en asados, fogones y quinchos: “Ahí empezamos a tocar con la guitarra temas clásicos del rock nacional y de todo un poco. Era el grupo de amigos, Néstor “Negro” Blazina, Facu Málaga y Andy Blazina. Ahí nació la idea de formar algo más adelante, porque salía bien, le poníamos ganas”. Esteban, su hermano, a la postre voz del grupo, miraba desde afuera, notaba que estos muchachos estaban creando algo grande, necesitaban organizarse, claro. “Yo era testigo de ese armado y me empecé a arrimar”, dice “El Colo” y sigue contando que “me pegué a ellos con la idea de representarlos, ser una especie de manager, no había una vinculación mía desde lo musical. Todo fue mutando de tal manera que me encontré tocando la guitarra, y con el tiempo floreció la idea de tocar en el Bar Las Heras, sin nombre pero con un público”. Y así fue como luego la esquina de Chacabuco y Las Heras fue testigo de su nacimiento oficial. El 7 de diciembre de 2002 debutan con el nombre que mantuvieron siempre, en el ciclo “Los Nuevos”, plataforma de varios grupos noveles. Los dos Román, Néstor Blazina y Facu Málaga, componían esa primera versión. Decavendish aún mantenía el espíritu fogonero, con formato acústico y covers. Así duraron un año, haciéndose conocer en todos los alrededores, pero sus ganas pedían un cambio, una transformación. Ahí aparece Manuel Ruiz. El bajista se estaba viniendo a vivir a Tandil desde Miramar, y su padre, el Pato Ruiz, conocía a los chicos y sabía de su búsqueda por alguien que se encargue de las cuatro cuerdas. “No me gustaba mucho el formato acústico con cajón peruano”, pensó Manuel la primera vez que los vio, pero aceptó la propuesta porque la idea era cambiar, ser una banda eléctrica. Por otra parte, Blazina estaba emprendiendo la retirada para irse a estudiar, y cuando el grupo cumplió su primer aniversario, se dio el gran cambio, con fecha en Paca Bar. “La primera nota que puse en el escenario con Decavendish, la pifié”, recuerda entre risas Manu. “Perdimos un público, que era los que querían escuchar Sabina y Los Beatles, pero fuimos ganando el público de las canciones propias. De ser concientes de ese paso, capaz que uno temblaba más. Empezar a cantar fue una cosa muy arriesgada, pero me fui animando, me fui haciendo cantante. Para Facu también, que pasó a la guitarra eléctrica después de venir de mucho fuego con la criolla; Gera lo mismo de percusión a batería. Así se grabó “Algo para ser feliz”, repasa Esteban. En 2004 y 2005 tocaron como locos, Decavendish explotó en toda la zona. Jerónimo Coll, aún fuera de la banda, comenta que “noté que estos pibes la estaban haciendo distinta cuando vi los carteles de Decavendish y auspiciaba “Fernet Cinzano”.  Es que, además del buen sonido y la onda, la producción marcaba la diferencia en sus shows.       A CADA BESO SUS ESPINAS El crecimiento de la banda parecía imparable, pero en diciembre de 2005 la vida les pegó el cachetazo más fuerte: a los 21 años, falleció el guitarrista Facundo Málaga. Nadie se lo esperaba, todo fue repentino, incluso esa misma noche que Facu se fue, tenían planeada una fecha para festejar un nuevo aniversario. “No se como hicimos para seguir”, resume Gerardo y Manuel añade que “a nivel personal fue un golpe tremendo. Ni un segundo pensé en la banda”. “Más allá de lo interno de la banda, fue un golpe a la comunidad musical”, agrega Coll, que todavía veía a la banda desde afuera. Es que Facu, además de talentoso, era un tipo muy querido, buena gente. A pesar de la honda tristeza, Facundo había dejado un legado pudiendo llegar a grabar lo suyo en lo que luego sería “Algo para ser feliz”, completando 18 canciones. “Así salió el disco doble, queríamos cerrar una etapa. Eran todas las guitarras grabadas por Facu y queríamos no dejar nada en el tintero”, explica su amigo, Gerardo Román.   NO VAS A VERME LLORAR En Abril de 2006, la banda comienza su recuperación. “No había una idea de hacer un homenaje desde nosotros. Mi viejo llama a la madre de Facu, ofreciéndose a tocar la guitarra”, recuerda Esteban, y cuando habla de su papá se refiere nada menos que a Daniel Román, histórico violero de Ajenjo y otros grupos. Así se acopló a la banda y surgió el homenaje “A Facu”, donde además de esta formación alternativa de Decavendish, se sumaron varios músicos locales, llenando el Auditorio Alfa del Centro Cultural Universitario. “Le empezamos a tomar el gustito otra vez a tocar. Los ensayos con Daniel no eran solamente recordar las canciones, no era nostalgioso. Enchufaba un pedal, ponía una distorsión, te volaba la cabeza y ya te olvidabas del tema original”, comenta Manuel. Con los motores encendidos de nuevo, en junio presentan el disco “Algo Para ser Feliz” con una conferencia de prensa y un acústico, y también confirman a Jerónimo Coll como nuevo guitarrista, aunque en esa oportunidad no tocó. Jero estaba dejando de tocar con Fumiko y en vísperas de irse a España, además de tener en carpeta la vuelta de Grupo Argentino. “Cayó El Colo a casa con un salamín, me tiró la propuesta y no estaba enterado el resto de la banda. Yo venía un poco quemado. Fumiko me gustaba mucho, yo cantaba pero no estaba convencido con mi voz. Decavendish tenía la frescura de la primera banda, esa inconciencia de tocar sin tanto cálculo. Además, entraba a trabajar de guitarrista que arregla y eso me gusta mucho”, recuerda Coll. Junto coraje y le dijo a sus compañeros de Grupo Argentino sobre su decisión. Luego de una estadía en la Madre Patria del nuevo violero, la banda se rearma.   ES EL FINAL, DULCE FINAL En 2008 Decavendish empieza otra importante etapa, comienzan a grabar “Fuerte”, disco que les llevó dos años hasta ser editado. El proyecto ya tenía otro nivel, el grupo se merecía un buen sonido, una carta de presentación profesional. Entre las cosas que tuvieron que hacer, formaron una banda alternativa, Los Ricardos. Alter ego que les sirvió para tocar covers sin desgastar su nombre y juntar una moneda. Mientras tanto, surgió la posibilidad de ir a un estudio que era una escuela de sonido, para que los alumnos graben una banda. Tenían muy buenos fierros y siempre había uno de los profesores que antes de apretar REC revisaba que todo esté bien. “Daban la clase con vos, pero era gratis… estuvo buenísimo, alquilamos dos semanas un departamento, jugamos mucho a la play, comimos guiso y recorrimos”, recuerda Jero. La convivencia, el trajín de fechas por la zona e incluso en Capital y La Plata, pero sobretodo el extenso proceso de grabación, erosionaron al grupo. Como que la grabación de “Fuerte” era lo único que los unía como banda. Presentaron dos veces el disco en Tandil, con grandes eventos en La Cautiva y en El Palenque. El 30 diciembre de 2010, con un reci en la puerta del Palacio Municipal a toda pompa, dijeron Hasta Siempre. No hubo peleas, solo desgaste. “La crisis nunca fue musical”, aclaran. Cada uno andaba con sus cosas, proyectos, familias, el Colo planteó el asunto y, pacíficamente, nadie se opuso.   ES EL TIEMPO DE INTENTAR, UNA VEZ MÁS Casi cinco años pasaron de aquella despedida. Luego de varios encuentros (con comida y cervezas, claro) la música los volvió a llamar. “En las cenas había un coqueteo musical. Un día llega Gera con una cuestión firme de querer hacer algo”, cuenta Esteban, y Jerónimo agrega que “siempre jodíamos con hacer una fecha, pero hacer una “fechita” no existe, así que pasó a ser El Cielito, que está buenísimo. Y no es que uno está al pedo en la casa y no sabe que hacer con el tiempo, todo lo contrario, no entra nada más en mi vida, pero vamos a complicarnos un poquito”. Manuel, siempre el más directo, lo resume: “nos juntamos porque tenemos ganas. Obviamente, uno tiene otras cosas que armó estos años, no podemos darle el 100% de disponibilidad a Decavendish, pero nos organizamos para ensayar una o dos veces por semana”. Así será que el 7 de noviembre a las 21:30 horas, las canciones volverán a sonar en el gigante de calle Chacabuco. “Es una celebración para el grupo. Es disfrutarlo como hacía rato no lo hacía, el último tiempo en la banda poco disfruté. Ya me río muchísimo en los ensayos de los mismos chistes de siempre”, cuenta Esteban. Por ahora, el plan es solo esta fecha, “No está ni hablado que pasará después, está todo enfocado en el show”, aclara Ruiz, y Esteban suma que “si bien hay cuestiones lógicas de cierta nostalgia, va a ser un show puesto en un futuro. El sonido ha cambiado, hay arreglos nuevos y va a haber gente nueva. Lo que más ansioso me pone es que va a haber chicos que en su momento no salían pero escuchaban Decavendish” ¿QUÉ ES DECAVENDISH? Manuel Ruiz: “Para mi, somos nosotros cuatro. Si no tocamos no nos vemos, porque andamos en mil cosas. Es vernos los cuatro y empezar a programar cosas juntos, más allá del ensayo. Ahora empiezan las cervezas, las cenas, el show. Es empezar a andar los cuatro juntos. Gerardo Román: “Va más allá del nombre y la música. Es una buena excusa para vernos” Jerónimo Coll: “Es un lugar musical que me gusta. Cuando la música se da con determinada gente, eso hay que agarrarlo, esas cosas no pasan por ser mejor o peor músico, no se porque es, pero se da. En Decavendish pasa eso y me encanta. Esteban Román: “Es un hijo que se hizo grande. Es lo más parecido a algo familiar, tiene mucho que ver con la vida que he elegido. Pero también es disfrutar del grupo”
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