18 de diciembre de 2014

Sociedad

Sociedad. Con las patas en el barro

“vivo en el barrio, en calle Muñiz al 2200. Llegue hace 4 años, con mi compañera caminamos la ciudad, vimos las alternativas y elegimos venirnos para acá”, comenta. “Empezamos a militar en Maggiori, en Villa Aguirre, Palermo, con las huertas y empleos comunitarios. Estamos encantados de estar en el barrio, después surgió lo de la Unidad Básica y nos fuimos acomodando”, relata su llegada y posicionamiento en la zona. La idea es la de todo militante que no teme a chocarse con la realidad día a día, “tenemos un concepto distinto de militancia, no nos quedamos encerrados en la Unidad, nos gusta salir, hablar con los vecinos, encontrarnos con los referentes”, así van surgiendo las reales problemáticas de los vecinos, los mismos que se encuentran en el almacén o en la parada del micro.
Mano negra, clandestino Eliana Menna, también es militante del Evita, nos explicó la problemática de muchos vecinos paraguayos que permanecen excluidos del sistema. “Tenemos contabilizados más de 100 inmigrantes, la mayoría no cuentan con los papeles en regla y es un problema porque Tandil no cuenta con oficinas migratorias que puedan resolver la situación”. Estos deben viajar obligadamente a Mar del Plata, como punto más cercano, y muchas veces no disponen del tiempo o el dinero necesario. “Estos compañeros hace años que están en Tandil y quedan afuera del sistema, totalmente excluidos”, comenta. Problemas que muchas veces queda solapado por el doble esfuerzo que realizan en su actividad laboral, donde luego al buscar la retribución quedan en inferioridad de condiciones por no “llevar papel”, como canta Manu Chao. Trabajar, como sea La falta de trabajo no sorprende a nadie, pero en estas zonas queda disfrazado por la enorme fuerza de la economía informal, de allí el compromiso del Evita con el eje de la economía popular. “Nosotros vemos que el mercado ya no genera trabajo para todos estos obreros que estaban en Buxton, en Metalúrgica o en las grandes industrias. Ahora el Estado tiene que ver cómo llega con sus derechos a estos trabajadores que quedaron fuera del sistema. Es necesario pensar una legislación que los defienda. El municipio tiene que fomentar el trabajo de estas personas. No alcanza con el asistencialismo, hay que darle derechos a los vecinos”, reclaman. Otro de los trabajos que vienen realizando es vincular a los vecinos con organismos, como Anses (ProGreSar, asignaciones, etc) y Desarrollo Social, en done consiguen herramientas y programas que den alternativas de trabajo.
Las topadoras van al dique y se olvidan del Langueyú El problema de la contaminación es un tema serio, el mismo fue explicado muy claramente la semana pasada en la nota central de este semanario. Ya han desfilado todos los funcionarios por la zona y las respuestas no llegan, se maquilla un poco, se planta dos árboles y el arroyo sigue igual, contaminado. “Hace años que estamos con esta lucha”, comenta carrillo, “el otro día  sacaron la concesión del  Club de Pesca en el dique y al siguiente había una topadora y una cuadrilla emprolijando el lugar, acá todavía los estamos esperando”. Pero el problema no solo son las aguas, al recorrer la zona uno ve que falta el tradicional parquizado característico de esta gestión municipal. Tanto Carrillo, como los vecinos requieren mayor inversión en infraestructura social básica. Mayor presencia del Estado. Dentro de un barrio muy heterogéneo, los actores reclaman que haya un acompañamiento para que los pibes vayan a la escuela, para que hagan deportes. El Estado debe promoverlos, darles oportunidades. “Nosotros queremos discutir otra agenda, ¿porque con lo que creció el país y la ciudad, todavía queda tanta gente postergada?, esto viene de años y no alcanza solo con la asignación.  Nuestra tarea desde el movimiento es visibilizar estas cuestiones, problematizarlas, para que estos temas ingresen en la agenda y se puedan discutir”, finalizó.

Subscribite para recibir todas nuestras novedades

data fiscal  © 2026 | El Diario de Tandil | Sarmiento 291