10 de agosto de 2016

Sociedad

Sociedad. Cinpal o lo impresentable

La empleada jerárquica que administraba la planta y pagaba los sueldos huyó, espantada, a Mar del Plata. Se apellida Mariela. El ejecutivo que los accionistas de Cinpal pusieron al frente para que de la cara -desde Brasil- se llama Joaquim Carvahlo y para el arte de la gambeta se parece a Pelé: hace semanas que anuncia que la decisión inminente sobre la planta en Tandil está en manos de los accionistas de la firma y pronta a comunicarse, aunque jamás lo hizo. Pero la empresa perpetró una actitud aún peor: desairó en cuatro oportunidades la convocatoria que realizó el Ministerio de Trabajo. Su actual titular, Dr. Blas Pugliese, llegó hasta dónde pudo. Aclaró ante El eco que "la función como Ministerio nos permite convocar al auxilio de la fuerza pública cuando algún requerido no se presenta a la instancia de conciliación que tenemos en la sede administrativa". Fue, también como él dijo, una medida improductiva. Los ejecutivos de Cinpal tienen su sede en San Pablo y la menor gana de darse una vuelta por nuestra ciudad.

Sin ánimo de conciliación, con sus empleados de sueldos caídos y la fábrica abandonada y tomada por su personal, Cinpal ofrece la peor cara del empresariado brasileño cuando un lugar en el mundo donde había decidido instalarse ya dejó de interesarles.

El gobierno municipal, desde que se desató el conflicto, gestionó a dos puntas: una, desde la Oficina de Vinculación Internacional presionó para que Cinpal entre en razones, se haga cargo de la situación y evitar que recrudezcan las acciones de lucha de la UOM. El otro factor tiene que ver con la malla de contención que extendió -con aportes económicos paliativos- a los trabajadores de la empresa. Intentaba evitar a toda costa lo que ayer ocurrió: el bloqueo de acceso al Parque Industrial por parte de la UOM, los trabajadores y las organizaciones sociales. Porque con el bloqueo no es sólo un empresa la que está en problemas, sino las 51 restantes. Al filo de la tarde presentó un recurso de amparo a la Justicia para que permita el libre acceso al Parque. Por su parte, desde el sindicato se permitió ocasionalmente utilizar dos accesos paralelos, en señal de buena voluntad para que la sangre no llegue al río.

Pero a los esfuerzos y los gestos locales, Cinpal responde con la indiferencia, con la destemplada y ceocrática actitud del empresario que -desde el año pasado- ya había tomado la decisión de no producir más en su planta de Tandil. Como si los trabajadores que forman parte de su planta fueran meras piezas de fundición que producían antes -como dicen- que el país se tornara inviable.

Cerrar o achicar la planta, eran las opciones que nunca llegaron. Transferir la planta a los trabajadores tampoco. Pero pagar los compromisos contraídos, sueldos y aguinaldos, según aseguró Carvahlo, era lo primero que harían. Nunca ocurrió y el conflicto tiene un final abierto en los tiempos de la globalización y la posmodernidad. Más allá de las categorías pomposos, la actitud de Cinpal tiene la misma lógica despreciable de aquellas pequeños comercios o firmas foráneas del Tandil del siglo pasado que de un día para otro -y de noche- levantaban campamento dejando el tendal y un PagaDios estampado en la puerta. Se iban debiendo quedarse. Como la brasilera e impresentable Cinpal.

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