3 de febrero de 2015

Papel

Papel. Carlos Zulberti: “De hormigas, pozos y boludos Tandil está lleno”

-Bueno, arrancó usted la entrevista. -Yo sé por qué se lo digo. -Más vale. Para eso está invitado a esta ilustre sección, para que hable. Acá no entra cualquiera. ¿Listo? -Listo. Los cafés los pago yo. -Bien, primer entrevistado de la sección que tiene un gesto así. Hablemos del Club Independiente, lo que podría ser su segunda casa y de golpe terminar así, como desalojado. ¿Lo echaron o se fue? -Fue un despido encubierto. La subcomisión de básquet del club quería hacer una reestructuración del básquet y dentro de eso supuestamente estaba mi despido, cosa que por ahí la comisión directiva no estaba muy de acuerdo. Entonces empezaron con eso de bajarme el sueldo y de no darme el aumento que me correspondía. Es un despido encubierto. Obviamente que más allá de ser mi club y mi casa no podía aceptar bajo ningún punto de vista que por la jerarquía y los años de antigüedad que yo tenía en la Institución, siguieran manoseando mi nombre. Más allá de mis aciertos y errores, he hecho mucho por el club y no solamente en el básquet. -¿Le hicieron una cama? -No, no sé si una cama. Ahí los que decidieron que yo no tenía que estar más fueron Carlos Lanusse y Gabriel Dadiego, que son los dos dirigentes que manejan el básquet. -¿Y cuánto llevaba en el club? -Veintitrés años. En su momento acepté esa baja de sueldo y ese no aumento, perdiendo el doble de plata, pero pedí que me reconocieran algunos años en blanco, al menos para empezar a discutir una jubilación. -¿Estaba trabajando completamente en negro? -Todos, no sólo yo. La mayoría de los profesores de los clubes de Tandil están en negro. En una época se aceptaba. Yo hace años que venía diciendo que me pagaran algo, algún aguinaldo, alguna vacación, porque no sólo trabajás en negro sino que te pagan sólo diez meses. -¿Y cómo terminó el asunto? -No, nada. El tema está stand by. Me hicieron algunos ofrecimientos que no condicen con la realidad de haber trabajado 23 años en el club. Quedamos para fines de marzo donde voy a tener una conversación con el presidente Dadiego. Solamente voy a escuchar una oferta. Y si no nos ponemos de acuerdo, lamentablemente voy a tener que iniciar una demanda y cobrar lo que me corresponde, como cualquier trabajador en cualquier ámbito. Esta es la realidad. -¿De cuánta plata estamos hablando? -No… la demanda es muchísima plata. Obviamente que no quiero el dinero de una demanda, sino llegar a un arreglo donde tenga algún beneficio o pueda hacer algo con una parte del dinero que me corresponde. Yo no quiero hacerle un daño al club, eso está claro, no lo voy a hacer, pero hay que arreglar las cosas. -¿Y no reclamó sus derechos en todos estos años? -Sí, reclamé, porque nosotros los entrenadores hacemos muchas más cosas que dirigir… Pero bueno, hace un tiempo el básquet en su primera división quiso tomar otro vuelo, cosa que me pareció que no era lo ideal ni lo correcto. Yo se los decía y obviamente estamos hablando de una monarquía… -¿De la monarquía del club? -De la monarquía de la subcomisión de básquet. Porque para que las cosas salgan bien vos tenés que saber escuchar. Y no querían escuchar lo que les quería decir, les molestaba y tenían que correrme. -¿Y ahora cómo está? -Bárbaro. Me daba lástima que un club como Newbery estuviera cerrado, con una canchita linda, así que sin querer empecé a meterme. Es un club que transité con mi viejo durante muchos años, es una barriada hermosa. Se inició un proyecto de básquet, el club comenzó a crecer y a meter disciplinas. Y desde que me fui de Independiente el club ha pegado una explosión porque han venido profesores y chicos con ideas de hacer otros deportes. Hoy estoy como coordinador o manager del club. -O sea que Independiente nunca más… -No más. Borrón y cuenta nueva. Ni a la pileta del club voy. Mi familia tampoco, está dolida con todo esto. Yo hoy tengo 50 años y no tengo nada y he dado la vida por el Club Independiente. -¿En cuánto contribuyó el personaje que usted se fabricó para que pasara esto? -No sé qué personaje. Yo soy así. Tengo esta edad y soy igual a cuando tenía quince años. Y hoy estoy peor que nunca, más irascible que nunca. Antes me fumaba alguna que otra y ahora no: al primero que lo tengo que mandar al carajo, lo mando al carajo. Antes tenía que cuidarme porque me conoce todo Tandil, y la verdad es que yo siempre traté de ayudar a la gente. -¿Quién hace negocio en el básquet de Tandil? -¿Negocio? El básquet es una pérdida absoluta. No hay negocio. Siempre recuerdo las palabras de Richard Zarini, un tipo que tanto para mi hermano como para mí ha sido un conductor en nuestras vidas. Cuando Richard estaba con Grupo Universitario, él decía que el básquet está hecho para los jugadores, los árbitros y los comisionados técnicos. Entonces el empresario no se puede meter a comprar y vender jugadores. En el básquet no está el intermediario del fútbol, los jugadores son libres, aunque pertenezcan a un club. -O sea que sabía que con el básquet plata no iba a hacer… -Seguro. Yo quería vivir del básquet, que es lo que hice toda mi vida. Con el básquet hice mi casa, mi departamento en Mar del Plata y mi auto. Y nada más. -Bueno, mal no le fue… -No pero...digamos que hemos formado un grupo familiar donde mi esposa contribuyó muchísimo a todo eso y entre los dos hemos pisado fuerte para hacernos una base. -¿Le gusta ser polémico? -Mire, yo no sirvo para callarme. Tampoco soy boludo, me callo lo que me tengo que callar. Pero cuando tengo a cargo una conducción, la llevo adelante. Y cuando veo que las cosas no están bien, las digo. Me parece que tengo el derecho, sobre todo en la parte deportiva, en el básquet. Casi le diría que tengo la autoridad moral para decirlo. Lo que pasa es que también hay que tener la capacidad de escuchar. -¿De dónde le viene el mote de loco? -Eso nace con mi papá. Él era el loco. Después Jorge era muy derecho, o sea que yo fui el continuador, el que llevaba adelante todas las cagadas que podía hacer nuestro grupo… Y de ahí quedó. -¿Hay algún pichón de Ginóbili en el básquet de Tandil hoy? -No, por ahí hay chicos que podrían llegar a jugar pero con otro nivel de exigencia y entrenamiento. Y otra cabeza. Tandil sigue siendo muy amateur en eso. Para profesionalizar hay que poner plata. -¿Cómo se lleva con Tandil? ¿Cómo viene su lucha contra los boludos? -Ehhh… ya aniquilé a varios. De hecho le digo que mi grupo íntimo se ha reducido considerablemente. Los que se decían amigos, con el paso del tiempo o por cosas que sucedieron no fueron tan amigos. Y los que uno pensaba que eran unos hijos de puta, por ahí fueron los que más cerca estuvieron. Y obviamente, como digo desde hace años, Tandil de hormigas, pollos y boludos está lleno. Pero es la ciudad que uno eligió y que uno ama. Conocí gran parte del país viajando con el club y siempre he dicho que ciudades como Tandil hay pocas.   DEL LOCO AL CHINO: “YO FUI MEJOR QUE MI HERMANO” “¿Si mi hermano fue el mejor jugador de básquet en la historia de Tandil? No, viejo. El mejor fui yo. Pero no lo ponga a esto... Jorge aprovechó muy bien todas las situaciones que se le presentaron y yo me desvié para otros lados… Digamos que no condecía el jugador con las cosas que yo hacía. Jorge fue un profesional con todas las letras. Obviamente fue uno de los mejores tiradores de la historia de la liga nacional de básquet. Y de Tandil ni hablemos… superó incluso a Ricardo Galotto. Yo no tuve esa conducta impecable, pero también es cierto que eso me sirvió luego en mis años de entrenador donde al jugador le pude contar lo que me pasó a mí. Yo les digo a los pibes: no hagan lo mismo que hice yo, no dejen de estudiar por el básquet”. (Carlos Zulberti dixit).
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