13 de octubre de 2015

Sociedad

Sociedad. Campaña para prohibir las bolsas camisetas en Tandil

Ana Thostrup señaló tres acciones concretas que se podrían llevar a cabo para que Tandil considere otro tratamiento de los residuos: reciclar, reutilizar y reducir. Esta última genera un impacto inmediato, no demanda grandes recursos y beneficia directamente a todos los habitantes. La proliferación de bolsas plásticas, que tardan siglos en degradarse, está generando condiciones ambientales muy complejas, provocando daños irreparables tanto dentro del radio urbano como sobre el paisaje, que es uno de nuestros principales patrimonios. “Esta Ordenanza, que prohíbe el expendio de bolsas confeccionadas en este material en comercios, supermercados y almacenes, está ya en vigencia en numerosas ciudades de la Provincia de Buenos Aires y creemos que sería muy importante que pudiéramos llevarla a cabo en Tandil, ya que es considerada una ciudad emblemática del turismo natural y saludable”. Ninguna reglamentación ofrece soluciones mágicas, ya que implica cambios culturales y de hábitos a los que a veces nos resistimos, pero que es imprescindible realizar. Este proyecto intenta ser una contribución a políticas ambientales que han comenzado a llevarse a cabo en el orden municipal, pero que consideramos que son apenas el inicio de un largo camino de iniciativas que deben tomarse para preservar nuestro hábitat. CONTAMINACIÓN DE IDA Y VUELTA Las bolsas de plástico son una necesidad que nos hemos creado, ya que el costo de su fabricación, la contaminación que producen y su utilidad no están en consonancia con la economía justa y sostenible con la que tratamos de preservar el planeta. Para su elaboración se utilizan derivados del petróleo, por lo que dejan elementos contaminantes si no se reciclan. En confeccionar una bolsa se emplean sólo unos segundos, pero por cada una de ellas se emiten a la atmósfera cuatro gramos de CO2 que contribuyen de manera decisiva al efecto invernadero. Conllevan, asimismo, otro problema añadido, y es que la mayoría de las tiendas y grandes superficies que las siguen repartiendo descubrieron en ellas un escaparate barato para su publicidad, pero altamente contaminante, al estampar esa propaganda con un material sintético tóxico a base de plomo, cadmio o incluso hierro. Su uso, entre 200 y 300 bolsas de plástico por persona al año, se limita a una o dos veces en un corto espacio de tiempo y luego se tiran, así que en el mundo circulan cada año entre 500.000 millones y un billón de bolsas. Si tenemos en cuenta que el 5% del petróleo que se extrae se destina a la industria del plástico, nos daremos cuenta del desastre medioambiental del que hablamos.  

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