2 de agosto de 2013

Política

Política. Cafeteando con los candidatos: hoy, Magnasco y Loreal

-Lo primero que se nos ocurre preguntarles es cómo se ven desde el afiche. ADOLFO LOREAL: Ustedes hablaron algo de eso en el Portal, del humor de Photoshop o algo por el estilo, creo que decía la cosa. Decían que me parecía al León de Clarence, que estaba como estrábico, o tenía una mirada soñadora y no sé qué cosa, algo muy simpático. -Bueno, pero en serio, cómo se ven desde el afiche porque hay andar por la calle y encontrarse de repente en una gigantografía… AL: Atilio está más expuesto, pobre… ATILIO MAGNASCO: A mí me impresiona, es como que te genera una sensación rara, sobre todo porque uno no está acostumbrado a la exposición pública, ni me gusta demasiado, debo decirlo, por ahí es una definición políticamente incorrecta, vos decís este tipo que está haciendo en política si no le gusta la exposición pública… Pero si yo pudiera hacer política sin necesidad de tanta exposición pública sería más feliz, no me molesta pero digamos que es como que no estás acostumbrado, y tampoco se acostumbran los chicos. Mi nieto la otra vez pasaba y le dice a la madre ahí está el abuelo, ahí está el abuelo, mi hija frena en una esquina, casi choca para buscarme, que se yo, y me vieron en el afiche y no entendían nada, y decían ¿dónde está el abuelo? Arriba del techo, le decía… AL: En mi caso te digo dos cositas, una es la primera vista que tengo del afiche es dos a tres sábados atrás. Vengo a un local acá en el centro de una señora que hace ahí unas costuras y me hace los pantalones, entonces llego a la mañana y me dice te acabo de ver, me dice la mujer, y yo le digo, si, acabo de entrar. No, estás ahí en la esquina, en un cartel inmenso. Entonces salgo con el auto a ver el cartel inmenso y la verdad que el primer impacto es fuerte, esto de verte ahí arriba, yo que sé, por ahí estos 30 años de laburo en la ciudad han dado cierta exposición, pero no de ver la imagen, esto si de por ahí leerte no sé una nota respecto de la profesión o algo y después te leías y decías oh me gustó, no me gustó lo que dije, me siento o no identificado con la velocidad de la nota, y me parece que estuve oportuno o no, o no me gustó. Ahora de ahí a la imagen es distinto, y bueno, tiene de todo, tiene algo de sorpresa,  y tiene algo de diría de cómo un cierto orgullo, decís que bueno esto de haber transitado un tiempo de vida en esta comunidad y encontrar que uno, digo, puede estar en un lugarcito interesante haciendo algo. Digo, tiene algo como de este breve orgullo con uno mismo al momento de irse a dormir y decir qué interesante después de estos años de laburo en la comunidad, pensar que uno puede tener un pequeño lugar durante un tiempo de algún reconocimiento que también implica algún aporte, decís bueno mirá no está ahí poniendo la cara, no es para poner la cara para nada. -A la hora de bajar del cartel y enfrentarse al vecino en el mano a mano de entregar la boleta, de hablar, ¿qué les pasa? AM: Ahí sí siento un orgullo, en el mano a mano me siento mejor, cuando vos decís hola soy…  “Sí, sí, ya lo conozco”, me dicen. No sé si por el cartel o por trayectoria o lo que fuera, y ahí si siento orgullo. Eso es lindo, ahí si siento una satisfacción mayor que la de verme en el cartel. AL: Yo en el mano a mano me encuentro te diría como siempre. En mi caso hubo mucho contacto con la gente, tal vez por la profesión, pensá que en el tribunal de menores vi 9000 expedientes. Es mucha gente, en el hospital, en el consultorio, entonces ese encuentro con la gente estuvo todo el tiempo, y siempre es muy grato. No sé si es una cuestión de estilo o personal, si tiene que ver por ahí con la profesión que hace que la gente enseguida al rato qué estás, digo, se genera como un cierto clima de empatía o de confianza, a ver, al punto…. -Quienes no los quieren mucho dicen que son las cabezas de una lista “vieja”. ¿Ustedes se sienten así? AM. Bueno, yo tengo sesenta años… AL. Ojalá fuera así, porque en las sociedades más civilizadas eran los viejos, la gente mayor, quienes tenían por su experiencia una especie de sabiduría, por decirlo así. Ojalá entonces que eso que dicen fuera cierto en el sentido de lo que uno entiende por el conocimiento ligado a la edad. Nosotros vamos a trabajar en detectar cuáles son las necesidades de la comunidad, vale decir esto: tenemos que sentarnos en determinados lugares, será en comisiones, y en esos lugares situar digamos, bajo criterio de verdad, bajo la lupa de la verdad, y discutir, reflexionar y tratar las cuestiones que preocupan a la gente, esta es nuestra obligación. Eso es lo que importa. -¿Ustedes se reconocen cómo radicales o como lunghistas? AM: Yo personalmente como radical. AL: Claro, radicales, bien representados por el doctor Lunghi. AM: Tenemos radicales, tenemos correligionarios con los cuales uno tiene coincidencias y otros que no, y en el caso de Miguel Lunghi es un referente clásico de lo que es el radicalismo al que uno aspira. Un tipo que deja la vida por sus convicciones, que deja la vida por su trabajo, que realmente labura por la gente. Si vos me preguntás, yo creo que Miguel Lunghi es lo más parecido al ideario de Alem, al ideario de Ilia, tipos que han peleado y que no se llevan nada, que podrían estar mucho mejor en su actividad privada obviamente. -Seguramente perciben que de alguna manera la función pública obliga a dejar de lado un montón de cuestiones que tienen que ver con lo privado. Eso es un costo que ineludiblemente hay que pagar… AM: Y bueno si, en el caso nuestro lo hemos elegido pagar, y yo por lo menos no estoy arrepentido, he conversado con Adolfo, quien ha dejado mucho también en este camino. Pero yo creo que es lo que hace la gente que viene a servir a la comunidad desde la política y no a servirse de la política. Y bueno, eso es un ideario, a veces nos tratan a los radicales de que somos demasiado light en algunas cuestiones, pero para nosotros es un tema central y ojalá haya más gente dispuesta del sector privado a incorporarse en la actividad política porque uno sabe a qué viene. AL. Me parece que pasa por una cierta disponibilidad, viste que hay gente que está como llamada en la vida a hacer una vida privada, le toca como una vida chiquita, y está bueno para esa persona, entonces digo, hace su vida en su lugarcito, arma su casa y con eso le es suficiente, y está bien que le sea suficiente. Y por lo visto habemos algunos otros que no nos alcanza con hacer una vida privada, y entonces esto de salir a la arena pública, esto de salir a la vida en la comunidad, esto de pensar verdaderamente lo que es el campo de la política como la ciudad del hombre, como el lugar donde vos jugás algo que tiene que ver con sentir que vos podés contener algo del otro, que podés dar algo, que podés decir, y bueno, en ese juego de intercambio yo creo que se juega una satisfacción personal, yo me voy a dormir con una satisfacción, pero no solo desde aquí, ya cuando la labor en el poder judicial, o cuando das una clase en la universidad y tenés 30 pibes que te escuchan y decís mirá, los años no pasan en vano, hay algo que alguien puede transmitir a alguien la verdad que hay una satisfacción grandota. -En ese campo donde se juega la política como la ciudad del hombre, en ese campo donde se juega el partido: ¿qué le dirían hoy a Pablo Bossio si estuviera tomando este café con nosotros? AL: A mí personalmente me va a dar gusto poder reflexionar y discutir acerca de algunos intereses de la comunidad, a mí en lo personal me va a dar gusto, con quien sea, con él y con todos los otros concejales. Yo creo en esa diversidad, en la tensión de la política, y me parece que es interesante y me encuentro en esa diversidad y no en una masa homogénea AM: A Pablo Bossio le diría que si es a él quien le toca estar encabezando la lista, y por lo tanto ser concejal, va a ser un gusto como ha sido y he participado y ha sido un gusto participar con todos los espacios políticos. Simplemente lo que diría en algunas cuestiones que hacen a su campaña actual y a sus planteos, algunas cuestiones concretas, me parece que debería informarse más, no escuchar solamente lo que le tiran como idea sus jefes de campaña, porque por ahí lo están haciendo meter la pata, digamos como se dice vulgarmente, y está planteando cuestiones que no son ciertas, que no son realmente así, y que tarde o temprano se va a tener que desdecir. Y tarde o temprano va a tener que reconocer, o cuando esté en la función se va a dar cuenta de que hay cuestiones que son distintas a como se las están planteando. Yo creo que no es que él las esté diciendo de motu propio, sino que quien le está armando el discurso le están planteando cosas que se van a chocar con la realidad.
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