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3 de octubre de 2016
El auto que salió de Tandil se zampa de un bocado el último
tramo de los
El cemento de la Ruta Nacional 226 entra en la rotonda y
sale convertido en Pedro Luro. Son menos de 40 cuadras hasta cruzar la avenida
panorámica con vista al Mar Argentino. A las 35 calles aparece la última
subida; tres cuadras y media de cuesta empinada; al otro lado, la playa. Por
delante, el asfalto encumbrado que reclama un tirón final y un cielo azul que
baja hasta el horizonte. Con las ventanillas abiertas, Cielo respira profundo y
se le inundan los pulmones del aroma salobre. Pero es todo lo que conseguirá de
este viaje al mar. No habrá churros de Manolo, paseo por la peatonal, Sacoa ni
lobos marinos. No están de vacaciones.
Doblan a la derecha por Santiago del Estero y mil
trescientos metros más adelante llegan a Castelli. A la izquierda, toda una
manzana ocupada por la mole rectangular que intenta disimular su cuerpo de
hormigón gris vistiendo placas de falso ladrillo colorado del piso al techo. En
el segundo piso del Hospital Interzonal
Especializado Materno Infantil Don Victorio Tetamanti los espera la Dra. Cecilia Murray -jefa del Servicio
de Hematología- con todo su equipo. Cielo padece leucemia.
CON EL CÁNCER EN LAS
VENAS
Los sábados a la tarde hay menos movimiento en el Materno
Infantil. Los dos ascensores de doble puerta gris metalizado de la derecha
-frente a la mesa de entradas- no funcionan, o al menos ese día parecen estar
fuera de uso. Enfrente está la escalera con descansos de entrepiso e iluminada
por ventanales que permiten ver una calle interior del predio, a cuyos lados se
ordenan contenedores plásticos de colores para los residuos de distinta
categoría que resultan de la práctica cotidiana. El descanso que antecede a la
segunda planta está cubierto de agua jabonosa y restos de suciedad. Están
limpiando el larguísimo y ancho pasillo que lleva al sector de oncología.
"El 1º de agosto
de 2014 la llevamos a la guardia del Hospital de Tandil porque estaba decaída,
tenía ganglios inflamados, pensamos que podría ser alguna anemia",
rememora Sandra, sentada en un banco de listones de madera oscura, a seis
metros de la doble puerta que lleva a las habitaciones del sector de
aislamiento donde se encuentra su hija.
La doctora que la atendió "enseguida nos dijo que
parecía una infección en la sangre". Los padres no entendieron cabalmente
los alcances del diagnóstico presuntivo y repreguntaron. Puede ser un tumor,
puede ser leucemia. Escucharon perplejos la respuesta. "Se nos vino el mundo abajo".
A la nena le transfundieron sangre y plaquetas porque "estaba muy baja de defensas".
La madre cuenta que es leucemia tipo L, "es
la más común y si bien es la que más probabilidad de cura tiene, también se los
lleva muy rápido si no se trata a tiempo".
SALIR VOLANDO
"Nos vinimos
urgente a Mar del Plata. Yo en la ambulancia con Cielo. Mi marido cargó cuatro
cosas y los dos nenes en el auto y se vinieron atrás. Te cambia la vida en un
segundo. Este pasillo se me hacía infinito y aprendimos a vivir día a día, no
se puede planificar nada". Ese viaje de urgencia se convirtió en
estadía de tres meses "porque nos
dijeron que si a la nena le daba fiebre y no estaba cerca del hospital, esa
hora y pico de viaje desde Tandil podía ser fatal, así que estar en el lugar
del tratamiento era decisivo para evitarlo".
La hermana de Sandra quedó al frente de la verdulería de
Fugl y Bolívar. Con ayuda de la hermana de Daniel pudo multiplicarse para no
descuidar la casa de artículos de limpieza que tiene a la vuelta.
"Antes de la
enfermedad de la nena mi marido hacía los viajes al mercado central de Mar del
Plata a comprar las frutas y verduras para nosotros y otras cinco verdulerías,
pero vendimos el colectivo porque teníamos que subsistir acá". Lautaro
y Cielo abandonaron el jardín de infantes.
Mientras trataban de organizarse "puse en el Facebook una inquietud para ver si alguien me podía alquilar
un departamento barato y enseguida apareció una señora, que era clienta de la
verdulería. Nos mandó la llave por encomienda y nos cobró muy barato. Fue una
gran ayuda".
Después de esos tres primeros meses los Ángel-Perrone se
vieron sometidos a un ir y venir constante para seguir con el tratamiento. Algunas
sesiones "eran muy rápidas, le
aplicaban el push (IV Push - un método con jeringa que entrega rápidamente
los fármacos antineoplásicos al torrente sanguíneo) y nos volvíamos. Hemos viajado hasta cinco veces en una semana".
La carencia de una empresa de medicina prepaga que los
asistiera terminó siendo -a estar de Sandra- mejor, porque "estando ahí adentro nos contaban que demoran con autorizaciones o
no liberan alguna droga y el tiempo en estos casos es esencial, al no tener ninguna
cobertura, el Estado se hizo cargo de todo y nunca se demoró por falta de
drogas o insumos". Claro que las costosísimas drogas oncológicas no
son el único gasto de un tratamiento de dos años. "Nosotros bancamos todo el primer tratamiento, con la verdulería y con
la venta del colectivo, no pedimos nada".
Sandra concede, no obstante, que "Jano por Todos -la ONG surgida en Tandil a raíz de un caso similar
que tuvo desenlace fatal- se acercó cuando se enteraron de lo nuestro,
nos dijeron que el Estado daba un apoyo de $1300. No se hace nada con eso pero
pensamos que si la Municipalidad lo quería dar, todo sirve, así que aceptamos.
De todas maneras, dos meses antes de finalizar ya lo habían retirado, y eso que
el tratamiento completo dura cinco años. Después mi suegro se movió e hizo
algunos trámites y consiguió pasajes de colectivo, entonces eso también fue
algo de alivio porque ya no teníamos que venirnos en el auto".
Cielo tuvo dos años de tratamiento perfecto, en palabras de
la madre, que repite lo que le dijeron los profesionales que la atendieron. Fueron
seis bloques de quimioterapia en siete meses. "Nunca tuvo recaídas y solo se le cayó el cabello en la última
sesión". El año y medio siguiente fue de mantenimiento y controles "con una pastillita por día que solo debe
suspenderse si le bajan las defensas, pero eso nunca pasó y la oncóloga nos
dijo que fue un tratamiento perfecto. Ya nos estábamos preparando para los
cinco años de controles que vienen después, antes de poder decir que la leucemia está
curada".
TODO OTRA VEZ
"Te dicen que hay un 50% de posibilidades de que viva, pero
no te hablan de las posibles recaídas", se resigna Sandra, que no llegó a
aflojar las tensiones de dos años muy duros cuando su hija mostró signos que la
preocuparon. "La miraba fijo y se le
desviaba el ojito".
-¡Cielo, no hagás eso con el ojo!
-Se me va solo mami.
Así, cuando la
familia estaba tratando de reincorporarse de una paliza que duró dos años le volvieron a dar con fuerza de knock out.
Le hicimos una resonancia. En principio puede ser un tumor
en el cerebro o líquido, pero no es nada bueno. Esa fue la descarnada
aproximación médica al cuadro de la nena. Los profesionales locales se comunicaron
con la Dra. Murray. El resultado primario pendiente de confirmación por los
análisis clínicos fue una recaída en el sistema nervioso central. "No lo podíamos creer porque pensábamos que
había superado un tratamiento exitoso". Le hicieron una punción para descartar
que no hubiera compromiso en la médula ósea también. En tres días llegó el
resultado del laboratorio de Bahía Blanca, con una buena noticia, el problema estaba
contenido en la cabeza, sin afectar la médula. Y comenzó un tratamiento de
emergencia, ahora considerándola paciente de alto riesgo.
Otra vez a Mar del Plata, de urgencia y con la incertidumbre
a cuestas. La duda por lo más grave pero también por lo contingente: ¿Dónde
hospedarse? ¿Cómo sostenerse económicamente sin nada más para vender y sin saber cuánto tiempo deberían permanecer
esta vez?
Es que a Cielo, en tanto paciente pediátrica con leucemia, "hay que cuidarla de todo, no puede
estar con gente enferma, a ella un simple resfrío se le convierte en pulmonía.
Pero también están las bacterias hospitalarias que pueden atacarla durante el
tratamiento".
Poco después otra novedad alentadora llegó desde el
laboratorio. Cielo no tiene células neoplásicas en el cerebro. Pero el segundo tratamiento,
ese para el que nadie estaba preparado, continúa. Comenzó en la primera semana
de septiembre, menos de un mes después del cierre de lo que creían había sido
la etapa más dura en el ciclo de la enfermedad.
"El primer bloque
duró cinco días. Primero quimioterapia por vía endovenosa, 36 horas. Mientras
tanto complementó con push. Y luego siguió con suero hasta que no quedara
ninguna toxina y el PH de la orina le diera bien".
Pero en contraste con los primeros dos años sin mayores contratiempos, "el tratamiento se va dilatando, porque si tiene fiebre -como ocurrió con Cielo en la primera semana de este segundo tratamiento- se debe suspender hasta resolver el problema emergente. Es que le bajan tanto las defensas que se enferman muy fácil de cualquier cosa".
La segunda etapa no pudo comenzar esta semana que concluye
porque "estuvo tres días con fiebre,
mal, súper flaca y se le cayó todo el pelito. Recién nos vinieron a decir que
dio bien el hemograma la sacan de aislamiento y pasa a las piezas de
adelante", actualiza el parte de novedades Sandra desde Mar del Plata
a la redacción de El Diario de Tandil.
UNIDOS EN LA
ADVERSIDAD
"Nosotros estamos
más juntos que nunca. A veces estas cosas dividen a las parejas. A mi marido
esta segunda etapa le pegó muy mal, no se lo esperaba. Además la nena es más
grande, ya entiende todo, está con los ojitos tristes. Yo es como que todavía
no caí, estoy en el rol de la persona fuerte. Dicen que te aflojás cuando
termina el tratamiento y yo no pude porque no acabó el primero que ya tuvo la
recaída".
Pero la procesión va por dentro. Sandra llega al departamento y se encierra en el baño "a llorar como una nena". Su hijo de 8 años le pide que no llore. La de 4 la consuela. Le dice que su hermana mayor se pondrá bien.
"Yo no quiero que
me vean llorar pero es bravo esto. He visto morir chiquitos que estaban al lado
de Cielo. El otro día murió un nene de Tandil de 12 años que esperaba un
trasplante de médula, la donante iba a ser su hermanita pero era bebé y no
llegaron a tiempo. Es terrible porque la enfermedad no se va, es el
tratamiento, los dos años de mantenimiento, los cinco de controles y nada te
garantiza que a los 30 años no les aparezca un tumor".
CADENA DE FAVORES
Cuando los anoticiaron de que debían iniciar todo el procedimiento farmacológico de nuevo los interrogantes económicos no tardaron en aparecer: "Ya no es como hace dos años, la gente compra menos y ya no tenemos resto, así que mi hermana me dijo que iba a poner una alcancía en su negocio y otra en la verdulería. Yo no quería pedir pero era una situación desesperada".
Esa acción tuvo alcances insospechados. Una persona vio la
alcancía, se interiorizó de la historia de Cielo y lanzó a través de WhatsApp
un mensaje a sus contactos: "Aviso
solidario. Los dueños de la verdulería de la esquina de Bolívar y Fugl tienen
una hija de 6 años llamada Cielo con diagnóstico de leucemia. Estamos invitando a todos los que quieran y
puedan a realizar sus compras de frutas y verduras. De esta manera ellos
tendrán la alegría de incrementar sus venta y sus ganancias y así recibir la
ayuda económica que tanto necesitan. Sin hacerles sentir la ayuda de la otra
manera. Gracias por ayudar y
difundir".
Se esparció a la trepidante velocidad de las
telecomunicaciones modernas y pronto
también circulaba en Facebook, la red más popular entre los tandilenses.
Cuatro días después de poner las alcancías Sandra recibió un
llamado de su hermana.
-Sandra, tengo el negocio lleno, no sé qué pasa, la gente me
dice que se enteró por una cadena.
"Aparecieron
viejos clientes y gente que no conocíamos, volvimos a trabajar como hace dos
años y gracias a eso estamos sosteniendo el tratamiento. El teléfono se me
empezó a llenar de notificaciones por la cadena. Ha venido gente de Tandil a
traernos regalos para la nena. Nos preguntan si tenemos cuenta bancaria para
hacer depósito pero no queremos que nos regalen dinero, hacerlo trabajando es
mejor, con que vayan a comprar es suficiente. Es increíble lo que está
pasando."
El apoyo empezó a llegar en el momento justo. "Estábamos por vender una heladera
cuando empezó de nuevo el tratamiento porque no podía hacer frente a algunos
gastos y justo empezó esto, así que ahora estamos más preocupados por
mantenerla llena para los clientes. Y
ahora me confirmaron que el Municipio volvió a dar la ayuda de $1300. Hay mucha
gente movilizada y todo salió de la cadena".
Un médico se enteró del caso por la directora de la escuela
34, donde Cielo había empezado la primaria: "Nos
mandó por encomienda la llave de un departamento que está cerca del hospital.
Sólo nos pidió que paguemos las expensas mientras lo usemos. No sabemos ni quién
es".
La cadena de favores es de una extensión inimaginable.
Y esa es la idea central de esta experiencia social,
solidaria, con anclaje profundo en una idea kármica y cristiana a la vez de que
aquello que das, se multiplica y de algún modo vuelve. Hacer algo por alguien
desconocido, esperando que esta persona, llegado el momento, ayude a otro que
lo necesite. La premisa de partida es tan simple como maravillosa. En su poesía
sin adornos anida la matemática universal de la proyección geométrica. Una
buena acción multiplicada exponencialmente, al infinito, que termina tocando a
todos.
29 de julio de 2026
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