29 de enero de 2026
Tras casi 56 años de trayectoria, el tradicional local de calle Rodríguez 980 cierra definitivamente. La palabra de su fundadora, María Ester Lacovara, y el recorrido de una institución clave para la ciudad.
El cierre definitivo de Belleza Científica marca el final de
una era en Tandil. Después de casi 56 años de historia, el tradicional local de
calle Rodríguez 980 baja sus persianas y deja una huella profunda en la vida
comercial, cultural y afectiva de la ciudad. No se trata solo de un negocio que
cierra, sino de una institución que fue formadora, pionera y referencia durante
más de medio siglo.
Detrás de Belleza Científica estuvo siempre María Ester
Lacovara, su fundadora y alma mater. Pensarlas por separado, admite ella misma,
es prácticamente imposible. "Belleza Científica es un hijo, no es un duelo
fácil, aunque ya lo transcurrí, va a seguir un tiempo más", dice, con la
serenidad de quien tomó una decisión largamente procesada, pero sin negar el
dolor que implica.
El cierre tiene raíces que se remontan a cuatro años atrás,
cuando decidió vender el fondo de comercio a un empleado al que había
capacitado durante mucho tiempo para gerenciar la empresa. Con el paso del
tiempo, ese camino no resultó como esperaba. "Los dos nos debemos haber
equivocado, nunca es de uno solo. Cualquiera lo puede hacer mal y también hubo
culpa mía. Él también tuvo una mirada muy millennial para cambiar las cosas muy
drásticamente, pero lo que funciona no se cambia".
A ese desgaste empresarial se sumó un límite mucho más
profundo: la salud. "Llegó un momento que mi salud se estaba detonando. No
podía dormir, no podía respirar, no podía vivir. Me sentía que me ahogaba,
hasta que mi abogada y mi médico me dijeron lo mismo y me ayudaron a tomar la
decisión". La resolución no fue inmediata ni sencilla. "El duelo fue terrible,
pero lo hice un año antes. Creo que más allá de que otros no lo veían o no lo
entendían, nadie me acompañó concretamente".
En ese proceso íntimo, hubo una voz clave que terminó de
empujarla a priorizarse. "El que me dio el golpe de gracia me lo dio mi hijo
más grande, diciendo lo mismo que mi médico y mi abogada. Me dijo 'mamá, ¿la
plata vale tanto para que tu salud se vaya con esto? Alquilá el local, viajá,
dormí, andá a visitar a tus nietos...'". Palabras que, viniendo de alguien tan
cercano, terminaron de ordenar una decisión que ya estaba madurando.
María Ester explica que el duelo por Belleza Científica lo
transitó durante todo 2025, y que hoy ya logra imaginarse sin el comercio en
funcionamiento. En realidad, empezó a soltar incluso antes, cuando hace dos
años dejó de dictar cursos presenciales. De todos modos, aclara que no se
retira del todo. "Lo que no voy a soltar es que voy a seguir atendiendo a mis
clientas de siempre en la peluquería, continuaré vendiendo tinturas, que era la
vedette de Belleza Científica. Voy a seguir en actividad, pero en otro ritmo".
La formación fue uno de los grandes pilares del proyecto.
Mucho antes de que la virtualidad se volviera tendencia, ella ya estaba
explorando ese camino. "Empecé a preparar cursos online mucho antes de que sean
furor en la pandemia. Desde 2017. Siempre estuve como un paso más adelante en
muchas cosas, por mi relación con gente de Europa y porque soy así". Incluso,
recuerda que en una gran fiesta realizada en 2019 ya había anticipado parte de
lo que vendría. "Ya había dicho que no iba a poder festejar los 50 años de BC y
también avisé que a partir de ese año los cursos iban a ser online. La gente me
preguntaba si estaba enferma o qué me pasaba para no dar cursos presenciales.
Siempre tuve un don de bruja especial".
A los 74 años, lejos de pensar en el retiro absoluto, María
Ester proyecta nuevos sueños. "Como dice Rolón, las personas después de los 70,
si no tenemos una meta se nos va la vida. Si me preguntan qué quiero hacer, es
televisión y espectáculos". Su vínculo con ese mundo es histórico: hizo radio y
shows hasta el inicio de la pandemia en 2020, y en ese mismo momento estaba
preparando un gran espectáculo en Buenos Aires. "Quiero hacer eso, pero estamos
en la Argentina de Milei, en una situación que no es fácil y soy consciente que
tengo 74 años. Me quiero morir en un set de televisión o arriba de un
escenario".
El local de Rodríguez 980 ya se encuentra en alquiler, en
perfectas condiciones. Sin embargo, incluso allí aparece un deseo personal muy
claro. "Una cosa que les digo a quienes vayan a alquilar el local es que no se
les ocurra poner nada de cosmética, les podría ir bárbaro, pero yo quiero otra
cosa, porque la gente va a seguir relacionando".
El cierre de Belleza Científica también abre una reflexión
sobre lo que pierde Tandil. Para Lacovara, algo de ese legado continuará.
"Queda algo porque mi hijo y mi nuera tienen Idape, que es un apéndice de
Belleza Científica, donde van a encontrar lo mismo que acá, con otro tipo de
personalidad". Sin embargo, reconoce que hay una impronta difícil de
reemplazar. "Lo que posiblemente se pierda es algo que ya se perdió también con
la pandemia: que éramos multifacéticos". Belleza Científica fue mucho más que venta
de productos y cursos: tuvo programas de televisión con estudio propio,
elecciones de reinas, ateliers con grandes profesionales. "Va a faltar esa
impronta que tenía la empresa, que partía de mi forma de ser".
En ese recorrido histórico, también aparece una mirada
crítica sobre el acompañamiento institucional a lo largo de los años. "Eso
venía muy frenado desde el Municipio. Yo tuve muchísimo apoyo incluso en época
de los militares, tuve la suerte de tener de intendente a Zanatelli, que
entendía la propuesta y yo le cobraba, porque no iba a trabajar gratis para los
militares. Y hacíamos de todo para la Municipalidad, fiestas, eventos, de
todo". Con la llegada de la democracia, asegura, el respaldo continuó. "Cuando
llegó la democracia, me apoyaron todos y nunca les cobré un centavo". La
relación cambió con la gestión de Miguel Lunghi. "El señor Miguel Lunghi no
solo no me apoyó, sino que me hizo la vida imposible. Tuve los impuestos
absolutamente al día toda mi vida, pero él me llegó a poner cinco escuelas
municipales para hacerme la competencia". Y recuerda también su trabajo social:
"Yo iba a lo de Cacha Cena a cortar el pelo gratis a toda la barriada y
llevábamos cajas de comida y ropa. Y Miguelito le puso una escuela a Cacha
Cena. Yo sería millonaria si no hubiese estado Lunghi, lo padecí". Aun así,
rescata gestos individuales. "Gente buena de Cultura me ha llegado a prestar el
trato y lo agradezco, que a otras escuelas también se lo prestaban".
Hoy, su vida tiene otro pulso. "Yo ya había adoptado una
vida más tranquila, no tengo más ganas de estar a full. Por ejemplo, en junio
me fui a Europa sola a ver amigos y ver a mis nietos".
El agradecimiento ocupa un lugar central en este cierre. A
quienes fueron parte durante décadas, el mensaje es directo y sentido: "Gracias
por haber confiado en mí, gracias por haberme acompañado". Y agrega con
orgullo: "Más allá de que muchos peluqueros que hoy están trabajando estudiaron
acá, tengo la suerte de decir que grandes peluqueros de Tandil mandaron a
estudiar a sus hijos conmigo, esa es una confianza que no tiene precio".
En los últimos días, las escenas de despedida se
multiplicaron. Una, en particular, la conmovió profundamente. "El otro día se
acercó una señora con dos bastones, mucho más de 80 años, le pidió al hijo que
la trajera hasta acá para darme un beso y hacerme acordar que hace 52 años
había estudiado conmigo, una de las cosas más hermosas que me pasaron en estos
días. Vienen y lloran, yo las cargo, cierro las puertas de Belleza Científica,
no las de mi cajón".
Belleza Científica se despide así de Tandil, convertida ya en parte inseparable de su historia. Un proyecto que formó generaciones, marcó época y llevó el sello personal de una mujer que siempre estuvo un paso adelante. El local cierra, pero la memoria -y la impronta- quedan.
FOTOS - UN RECORRIDO POR LA HISTORIA DE BELLEZA CIENTÍFICA
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