4 de abril de 2016

Sociedad

Sociedad. Aniversario: Lunghi instó a continuar con el legado del Juan Fugl

 “Las pocas casas y el fuerte podían así, a la distancia, parecer también una estancia, pero yo sabía que era Tandil. Se me había advertido que no vería el pueblo hasta que estuviera en la plaza. Esto fue muy cierto. Como los campos son ondulados hasta que se llega a las sierras, solamente desde la última loma puede divisarse el pueblo. En mi ‘Rocinante’ seguí la huella, pues camino no podía llamárselo. Pasé frente al Fuerte con sus fosos sin agua, sus cuatro ángulos de piedra, cada uno con un cañón con ruedas apuntando a los cuatro puntos cardinales. Iba a hacer mi entrada sin suponer que quedaría viviendo en el Tandil hasta envejecer, que aquí desarrollaría mis mejores esfuerzos y proyectos físicos y espirituales, experimentaría mudanzas y vicisitudes de la vida. Viví aquí como un feliz padre de familia, aunque como tal muchas veces sentiría mi corazón herido como por un arma de dos filos. Aquí me haría un hombre de buena posición económica y aquí se cumpliría uno de mis sueños de juventud: ser el iniciador de una colonización”. Este hombre que llama a su caballo “Rocinante”, tomando la figura de Don Quijote de la Mancha, fue en verdad un quijote danés que así dejaría escrito en sus Memorias la quintaesencia de la quijotada: fundar una colonización en el sur del mundo a donde había llegado. Este colono fue un hombre extraordinario porque compartió su propio interés personal, que era totalmente válido, con el bienestar de su comunidad. Por eso fue carpintero, labrador, fue el maestro que fundó la primera escuela, construyó la primera panadería y participó activamente en la función pública hasta su regreso a Dinamarca. Y además por si fuera poco fundó una industria, la agricultura, toda una innovación para su tiempo. Y la fundó contra los malos presagios de los derrotistas que le salieron el cruce. Juan Fugl vivió las vidas de muchos hombres pero esencialmente fue un emprendedor nato. Traje a colación este fragmento de las memorias del pionero danés que tradujo la señora Alice Larsen de Rabal, porque siento que encarna, Fugl y sus sueños, Fugl y sus proezas, Fugl y su desarraigo, Fugl y su voluntad de hierro, el paradigma de tantos otros Fugls que escribieron páginas de oro en la historia de nuestra ciudad. Muchos de ellos no tienen un monumento, pero la memoria viva de esos hombres también puede verse en nuestras calles, en las casas de Tandil que conservan la marca de origen de las manos que las levantaron. Esos inmigrantes italianos para quienes la casa y el techo propio eran el bien más preciado, aquellas familias tanas que edificaron el viejo Tandil y ponían el sello de sus apellidos sobre la fachada de las casas que habían construido. Ese sello era la palabra de honor del constructor. O los inmigrantes españoles que supieron darnos el teatro más antiguo y más bello de la provincia, del mismo modo que otras colectividades como los árabes, los belgas, los franceses, los croatas, los alemanes, tomaron el legado de Fugl, imbricando la cultura de su tierra de origen fusionándola con las costumbres de los vecinos de esa pequeña ciudad que iba creciendo aposentada en un valle rodeado de sierras milenarias, bajo el augurio que un día como hoy de hace 193 años había vaticinado su fundador: un lugar que alguna vez sería una ciudad próspera y rica. Pero esa prosperidad y esa riqueza vinieron de la mano de la única energía que construye el progreso moral: la energía de la voluntad, del sacrificio, del amor propio y del trabajo. Quiero rescatar en este día histórico para nuestra comunidad el gen cultural que heredamos desde Fugl hasta aquí: ese gen, ese rasgo de identidad, es nuestra pasión por Tandil y nuestra pasión por el trabajo. Fugl además de su carácter visionario tuvo ese plus que signa la vida de los grandes hombres, de las personalidades irrepetibles: un halo de genialidad, de audacia y voluntad, y esa matriz pionera deparó sus continuadores a lo largo de distintas épocas  de Tandil: es el gen que pobló el ánimo de los entusiastas vecinos que de la nada forjaron la Usina Popular con Juan Nigro a la cabeza y batallaron de tal manera contra las adversidades para conseguirla hace exactamente 80 años que el lema fundacional de la Sociedad fue: “Tandil nunca será más grande que su Usina”. Mucho de Fugl hubo en don Santiago Selvetti, emprendedor de cuna y de tumba que concibió a su formidable Metalúrgica Tandil para que miles de obreros tuvieran un trabajo digno con que educaron a sus hijos, y para que la gran mayoría de esos trabajadores tuvieran en el trato con Selvetti más a un amigo que a un patrón. Mucho de Fugl habitó la personalidad de Osvaldo Zarini, quien salió a vender puerta a puerta a los vecinos un bono contribución para que Tandil tuviera su Universidad. Decía al principio que estamos a sólo siete años del bicentenario. Es un punto de llegada que parece lejano pero que está a la vuelta de la esquina. Siete años es un parpadeo en el tiempo de la historia. Y nuestros primeros doscientos años no pueden tomarnos desprevenidos. Conscientes de ello, desde el gobierno comunal hemos sentado las bases de gestión, con sus políticas de Estado, pensando en el Tandil de los próximos 15 años. Son los proyectos y las grandes obras de infraestructura que irán achicando aún más la brecha entre el Tandil del bienestar y el Tandil de los sectores más vulnerables; son los sueños que soñamos en voz alta para empezar a hacerlos realidad, y están en nuestra agenda diaria de trabajo. Aspiramos y trabajamos para que esos sueños sean de todos, con pluralidad, con intercambio de ideas y por un solo Tandil. El gran desafío conceptual y práctico que nos espera a todos es seguir conciliando el progreso y el desarrollo sin perder la forma de vida y la identidad de ciudad que tanto queremos. Es un trabajo que compromete a todos, una alianza estratégica y vigorosa entre el sector público y la actividad privada. Al respecto, como empecé con Fugl quisiera terminar con él. Dije que su cariz de hombre excepcional se proyectó hacia la posteridad por haber encontrado el equilibrio justo entre el interés personal y las necesidades de la comunidad donde vivía. Así lo hizo y lo dejó escrito de la siguiente manera en sus Memorias: “El pueblo tenía sin dudas una ubicación muy pintoresca, con dos arroyos muy cerca y al pie de una sierra. Pero en esa época apenas unos pocos ranchos en el descampado, sin plantación de ninguna especie. Sólo eran viviendas de algunos gauchos o algún soldado y su concubina. Tenían sus tropillas o algunas vacas que semisalvajes se compraban por muy poco dinero, dos pesos cada una a lo sumo, así como una legua cuadrada de campo valía unos 20 mil pesos. Si hubiera optado por esa forma de vida, habría sido un hombre muy rico, pero no estaba en mí. No quería acumular riqueza para disfrutar de ellas solamente sino para usar mis fuerzas físicas y espirituales para mi bien y el de mi prójimo y para gloria de mi Dios”. Esta reflexión hizo grande a Fugl y es la que también engrandece a una sociedad: la de trabajar todos los días por uno y por los vecinos, por la familia de cada uno de nosotros y por la familia social con la que compartimos nuestro cielo y nuestras calles, nuestras tristezas y nuestras alegrías. Ese pensar en el conjunto hizo grande a Tandil a lo largo del tiempo. Ese sigue siendo mi deseo y mi norte como intendente y como vecino en el 193ª aniversario de nuestro amado Tandil. Muchas gracias.  
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