18 de agosto de 2013

Papel

Papel. A 130 años del día que llegó el tren

“El local es precioso, pues toda esa quinta, como las inmediatas, está circundada de árboles, lo que vendrá á darle  á la estacion un aspecto agradable”. Ante la inminente epifanía, el matutino no puede disimular la ansiedad que se contagia al resto de los vecinos: “Dos ó tres meses mas y el silvido de la locomotora nos anunciará entre el vapor y el humo de sus calderas y de sus hornallas la fausta nueva de la llegada del mensajero obligado del siglo XIX, al seno de nuestros risueños valles. Algunos dias, pues mas, y veremos colmado uno de los mas vehementes deseos de lo que anhelábamos el progreso de este partido. La locomotora con sus pies de acero y sus entrañas de fuego nos sacará de nuestro aislamiento, y nos colocará en comunicación directa con los centros ilustrados del trabajo y del saber. Lo que hace poco parecía todavía un sueño, mañana será una realidad; los terraplenes nos llegan ya cerca de donde se va á construir la estacion; las alcantarillas y los puentes se construyen á toda prisa y los railes se están colocando sobre la línea. Pronto tendremos el poderoso contingente del vapor ó sea del ferro-carril, que nos ponga en comunicacion con la capital, mercado y centro del comercio de la República. (…) En resúmen, todo nos convida á creer, que la línea férrea nos aglomerará muchos elementos y ventajas que puedan darle desarrollo e importancia á nuestro pueblo, pero tambien es indispensable y preciso es no olvidarlo, que tenemos que hacer mucho de nuestra parte, para que el resultado corresponda á las justas y naturales esperanzas que hemos anotado. “En primer lugar tenemos que procurar el colocar á la poblacion en las condiciones de belleza é higiene, que requiere un centro de la importancia del nuestro, que pretende ser un punto de ameno recreo, para las familias que quieran disfrutar de las naturales condiciones de su temperatura, de sus exelentes aguas, y de las bellezas de su topografía”. Finalmente, el 19 de agosto de 1883, en medio de una expectativa sólo comparable a la llegada del hombre a la Luna, el primer tren se detiene en el andén de la estación de Tandil. Es domingo y el humo blanco de la locomotora se entremezcla con la humareda del opíparo asado que el intendente le prodiga a los trabajadores del ferrocarril que han hecho posible el milagro. Bajo la luz de los faroles recientemente instalados en la Avenida Colón los vecinos celebran con una fiesta popular el acontecimiento. Tirados por su locomotora a vapor, los vagones contienen como equipaje la simbología de los nuevos oficios que enmarcarán la vida cotidiana de un barrio –el de la Estación- y que habrá de proyectarse más allá de su exclusiva geografía: guardas, maquinistas, telegrafistas, peones, fogoneros, son los hombres de los que se nutren la barriada y dos gremios: la Unión Ferroviaria y La Fraternidad. El tren hace de Colón la avenida estrella del pago, donde nace una nueva sociabilidad entre bares, tiendas y fondas. Pero los ramales abrirán un nuevo camino hacia el corazón de las canteras La Movediza, Albión, Villa Laza y tantas otras. En ese encuentro del Progreso –sobre rieles- y la Producción que se extrae a fuerza de barreno y dinamita, habrá de fundarse la industria de la piedra en la comarca.   Fuentes: Tandil, El Libro de Oro, Elías El Hage Cita: El Eco de Tandil, sección Editorial Postal: Tiempos Tandilenses
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28 de julio de 2026

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