1 de agosto de 2013

Política

Política. 120 años y la mística que hace falta

Julio Elichiribehety alcanzó una temperatura política que los radicales con más años llevan tatuada en la piel como un registro imperecedero: el ADN del orgullo por la camiseta transpirada durante ese largo partido de fútbol donde al equipo le tocó vivir las innumerables peripecias de las batallas libradas contra los primos de toda la vida: el peronismo. El presidente del comité local puede dar fe de la dureza de esa pelea y de la ética política que profesó desde su cuna radical y popular, hincha de Ríver y de Chevrolet: jamás haber sido acusado de antiperonista o de gorila, sin que esa categoría política profundamente binaria de la política argentina lo redujera a la condición de tibio. Por el contrario, Elichiribehety es uno de los cuadros más ásperos que dio el radicalismo con el advenimiento de la democracia, a partir de 1983, y desde este nuevo y complejo escenario electoral que en estas horas se le plantea a la UCR local, el presidente partidario y virtual jefe de campaña construyó el miércoles un hecho político hacia dentro, hacia el interior profundo de cada radical, a sabiendas de que en política el capital intangible de la mística es el combustible que revive el deseo de ser o de seguir siendo, lo más parecido al erotismo en la pareja, sobre todo cuando la hiel de la costumbre tiende a domesticar los espíritus más insurgentes. De allí entonces que el acto homenaje por los 120 años del Partido haya derivado en otra cosa, más allá del protocolo y las medallas entregadas a los protagonistas de esta historia. El partido que en Tandil, dicen, fundó el radical Dhers, en una habitación del Hotel de la Piedra Movediza (hoy Bar Golden), sintió que desde muy arriba, como nunca antes, un aparato de poder como jamás se había visto en la tandilidad democrática, les estaba, literalmente, tocando el culo. “Usted no puede entenderlo porque no es radical, pero acá la cosa en sencilla: cuanto más difícil la tenemos, cuanto más plata y más despilfarro del dinero de todos los argentinos el kirchnerismo nos arroja en la cara, más votos nosotros salimos a buscar dignamente, casa por casa y gastando las suelas de los zapatos”, confió un radical de mil batallas, a quien se le concede el crédito de la honestidad intelectual porque en su haber tiene muchas más derrotas que victorias. Algo parecido señaló en sus palabras Miguel Lunghi. “Nos están tapando con dinero pero en Tandil no gana el dinero, ganan los hombres. Gana la honestidad y el sentimiento”, resumió. En un momento del discurso contó que Juan Carlos Pugliese, en sus tiempos de ministro, volvía a Tandil desde Capital Federal en un micro de Río Paraná, con su esposa y sin custodia. La metáfora de la austeridad funcionó no sólo como una imagen que trasciende la anécdota. Con el ojo puesto en las elecciones, el jefe comunal le pidió al equipo que salga a jugar el suplementario con más corazón que cabeza. Para que la mística le vuelva a ganar al aparato. Por eso el tributo oficial que hace un par de meses Elichiribehety había pensado gestar a la hora de historiar esa cosmovisión política llamada radicalismo, se convirtió finalmente en otra cosa. En un necesario hecho político-sentimental, por decirlo así. A once días de las primarias y sin más encuestas a la vista.   Fotografías: gentileza Carolina Gutiérrez
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