3 de julio de 2026
La relación entre los argentinos y las criptomonedas está más unida que nunca. Ya no son un nicho tecnológico, se han convertido en un canal financiero que se usa en el día a día de muchos.
No es ninguna
novedad el hecho de que la relación entre los argentinos y las criptomonedas
está más unida que nunca. Las mismas ya no son un nicho tecnológico sino, por
el contrario, se han convertido en un canal financiero que se usa en el día a
día de muchos. Por eso es que no sorprende que indicadores como el precio bitcoin dolar son seguidos cada vez más de cerca
por inversores y ahorristas que buscan comparar el rendimiento de los activos
digitales frente a las alternativas tradicionales de resguardo de valor.
Y, ante un
escenario como este, todos los ojos se posan en el Banco Central de la
República Argentina (BCRA) que ha tenido que recalibrar su estrategia. Lo que
en un principio fueron puras restricciones, hoy abre las puertas a una
convergencia inédita; y en este artículo te contamos de qué se trata.
La apertura de
hoy va mucho más que las políticas del 2022
La postura del
BCRA frente a las criptomonedas no siempre fue flexible. En mayo de 2022,
mediante la Comunicación "A" 7506, la autoridad monetaria prohibió de
forma tajante que los bancos comerciales ofrecieran servicios con activos
digitales a sus clientes. Un año más tarde, la restricción se extendió a las
billeteras virtuales (Proveedores de Servicios de Pago), desmantelando los
botones de compra automatizados integrados en las aplicaciones más populares
del país. El argumento central era mitigar los riesgos sistémicos, la
volatilidad y proteger el sistema de pagos.
Sin embargo, la
realidad de la adopción local terminó por imponerse. Con Argentina consolidada
entre los países con mayor volumen de transacciones cripto del mundo, el
enfoque estrictamente prohibitivo demostró sus limitaciones para contener un
flujo que se movía por canales alternativos.
Bajo la actual
premisa de desregulación y modernización financiera, el BCRA comenzó a trazar
un nuevo rumbo en su hoja de ruta. La entidad trabaja activamente en la
normativa necesaria para que las entidades financieras tradicionales puedan
volver a operar de forma segura en el ecosistema cripto (por ejemplo, mediante
la estructuración de unidades legales específicas para la custodia y el
trading), buscando canalizar la liquidez digital hacia el circuito
institucional.
Todos con la
mira en la CNV: chau chau al impuesto al cheque
Para entender el
rol actual del Banco Central, también hay que observar el trabajo conjunto con
la Comisión Nacional de Valores (CNV). A través del Registro de Proveedores de
Servicios de Activos Virtuales (PSAV), la CNV pasó a supervisar a las plataformas
cripto, exigiendo estándares de ciberseguridad, protección de fondos y
prevención del lavado de dinero.
Este proceso de
formalización abrió la puerta a cambios relevantes para el sector. Uno de los
más importantes fue la exención del Impuesto sobre los Créditos y Débitos
Bancarios ("impuesto al cheque") para los
PSAV registrados. Hasta entonces, las plataformas cripto locales afrontaban una
carga impositiva que no recaía sobre otros actores financieros.
La medida
equipara las condiciones de competencia, fomenta la formalización de usuarios y
reduce los costos operativos de las transacciones dentro del ecosistema cripto
argentino.
Entendiendo el
ABC de la tokenización
El dinamismo del
mercado local va más allá de la simple compra y venta de Bitcoin o tokens
estables atados al dólar.
La
infraestructura normativa de Argentina dio pasos firmes hacia la tokenización
de activos del mundo real (Real World Assets o RWA). A través de resoluciones
específicas de la CNV, se habilitó el uso de Tecnologías de Registro
Distribuido (TRD o blockchain) para emitir y negociar valores e instrumentos
financieros.
¿Qué es la
tokenización RWA? Consiste en fragmentar un activo físico o financiero
tradicional (como un inmueble, un contrato agrícola o un fideicomiso) en tokens
digitales sobre una blockchain. Esto permite que inversores minoristas accedan
a fracciones de inversiones que antes requerían grandes capitales, mejorando
notablemente la liquidez y la trazabilidad del mercado. En este segmento, el
papel del Banco Central se vuelve analítico y de supervisión de flujos. El BCRA
vigila estrechamente cómo la tokenización interactúa con el sistema de
liquidación y los medios de pago tradicionales, asegurando que las
transferencias cruzadas no desestabilicen los agregados monetarios ni la
fluidez de las redes operadas por las cámaras compensadoras.
Siempre
mirando y aspirando para adelante...
A pesar de la
flexibilización y el impulso de la competencia, el Banco Central mantiene sus
prioridades intactas en cuanto a la preservación de la estabilidad financiera.
La integración de los activos digitales plantea tres desafíos estructurales que
la entidad sigue de cerca. Veamos.
1.
En
primera instancia, está la protección al usuario financiero. A diferencia de
los depósitos bancarios tradicionales que cuentan con seguros de garantía, las
tenencias en plataformas cripto dependen enteramente de la solvencia y la
custodia de la empresa privada. El BCRA y la CNV exigen que las
plataformas informen de manera transparente estos riesgos.
2.
A su
vez, la velocidad con la que se mueven las stablecoins en el país obliga al
BCRA a monitorear el impacto de estos instrumentos sobre la demanda de dinero
físico y los saldos en cuentas bancarias comerciales.
3.
Por
último, pero no menos importante, cabe mencionar que el gran reto técnico del
Banco Central consiste en diseñar los puentes para que el dinero electrónico en
pesos del sistema financiero tradicional conviva de forma segura, rápida y
transparente con los rieles tecnológicos de las cadenas de bloques.
Con todo esto, se puede decir que el enfoque del Banco Central se ha
desplazado hacia una regulación inteligente. En lugar de dar la espalda a una
transformación tecnológica irreversible, la autoridad monetaria busca asimilar
los activos digitales dentro del perímetro regulado. Al dotar al sistema de
reglas claras, certidumbre fiscal y un marco de supervisión compartida, la
Argentina intenta transformar la necesidad de resguardo financiero en un motor
de innovación y modernización para todo su mercado de capitales.
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