7 de mayo de 2026
Por Alejandro Latorre
En la caja de una chata, con la boina firme y el pulgar al cielo, Pablo Elías Villarruel abraza a un ternero bueno y manso como nuestro Macoco mientras el viento le busca la mirada. No es un viento cualquiera; es un eco del que sopla sin descanso allá en Gobernador Costa, su pueblo de 300 almas sobre la mítica Ruta 40, en Chubut. Pablo es un artesano de la voluntad, como diría Saravia, uno de esos tipos que entienden que la Universidad Pública no se habita solo en las aulas, sino en el barro de los campos experimentales y en el asfalto de las mil changas, donde también le gusta andar a este cronista.
Lleva un apellido que en Tandil suena a guantes y a sudor bendito: Villarruel. Como aquel guerrero del ring y de la Universidad Barrial, Pablo boxea contra la adversidad del tiempo. No se desespera si la carrera de Veterinarias se estira un poco más de lo planeado; su viejo, con esa filosofía campechana de primario incompleto, le dejó una bandera clavada: "Todo llega a su tiempo; el hombre apurado hace las cosas mal".
Esa perseverancia lo llevó a ser la cara visible de REVA, a presidir el Centro de Estudiantes y a cuidar las noches de Tandil como seguridad en boliches, desde el mítico Ego hasta La Pacha. De cuidar la puerta del ruido a manejar drones en ensayos de Latitud Sur o hacer control lechero en los tambos. Para Pablo, cada tambo es un aula y cada boliche un observatorio de esa humanidad que José Ingenieros describía con precisión quirúrgica.
Pero en este ecosistema de la UNICEN, Pablo no está solo. En los pasillos de Salud, allí donde la urgencia se vuelve pausa, aparece a la par de nuestros pasos la figura de Claudia Cabrera. "La flaca de yoga", como la conocen quienes buscan un refugio, es el contrapunto exacto. Mientras Pablo le pone el cuerpo al territorio y al viento, Claudia le pone el alma al cuidado de los estudiantes. Apasionada por la tierra y el bienestar, ella es quien ayuda a sanar las tensiones de quienes, como Pablo, vienen de lejos a "ser alguien".
Ese pensamiento los une: la gestión desde el afecto y el compromiso con lo público. Tandil, para este pibe que soñaba con ser veterinario a los 7 años, es "material de sueños". Una ciudad con alma de pueblo que lo cobijó y lo transformó.
Pablo no busca el bronce, busca la mano tendida. Si al final del camino alguien recuerda que quiso ayudar, sentirá que la pelea valió la pena. Al fin y al cabo, entre el ring de la vida y el yoga del alma, la Universidad se construye así: con gente que tiene la humildad de los que saben de dónde vienen y la fuerza de los que saben hacia dónde van.
COMPARTE TU OPINION | DEJANOS UN COMENTARIO
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.
Solo suscriptos
Solo suscriptos
7 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
7 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
7 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
7 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
7 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
7 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
6 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
6 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
6 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
6 de mayo de 2026