24 de septiembre de 2026

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QEPD. El último adiós a Amílcar Marino, el hombre de los pochoclos del centro

Durante casi dos décadas, su carrito de pochoclos fue una presencia cotidiana en pleno centro de Tandil, donde construyó un vínculo cercano con generaciones de vecinos y visitantes.

Durante años, su carrito de pochoclos fue parte de la rutina de miles de tandilenses. En 2017, El Diario de Tandil había contado su historia cuando lo eligió como "Personaje de la semana". Aquel hombre que disfrutaba estar en contacto con la gente y que aseguraba que nunca se había quedado quieto murió este jueves.

Amílcar Edgardo Marino, conocido por muchos como "Tino", falleció este jueves 24 de septiembre. Durante casi dos décadas, su presencia en la esquina de San Martín y 9 de Julio se volvió inseparable de la imagen cotidiana del centro de Tandil.

No era solamente el carrito ni el inconfundible aroma de los pochoclos. Estaba su saludo, la charla con los clientes, los chicos que se acercaban atraídos por la montaña de pochoclos detrás del vidrio y los vecinos que lo reconocían después de tantos años. Una escena repetida durante generaciones terminó convirtiéndose en parte de la identidad cotidiana de aquella esquina.

Una historia que El Diario contó en 2017

En mayo de 2017, El Diario de Tandil publicó una entrevista con Amílcar bajo el título "Amilcar Edgardo Marino, el pochoclero del centro", dentro de la sección "Personaje de la semana".

En aquel momento llevaba 18 años trabajando en la esquina de San Martín y 9 de Julio. Pero su historia laboral había comenzado mucho antes y había pasado por distintos oficios.

Nacido en Rauch, llegó a Tandil con su familia cuando todavía no había cumplido un año. Su padre, trabajador de la construcción, había encontrado en la ciudad un lugar para desarrollar su oficio. Amílcar creció en Tandil y recordó en aquella entrevista sus años en la antigua Escuela N° 7.

Su primer trabajo estuvo relacionado con la fotografía. Fue cadete y empleado de Casa Rembrandt, ubicada entonces en Rodríguez al 500, y posteriormente trabajó junto al fotógrafo Juan Cufré.

"Era cadete y trabajaba adentro, en aquellos años se usaba mucho el servicio de fotos para carnet o para la libreta de enrolamiento. Iba a la escuela a la mañana y trabajaba de tarde, fue una linda época", había contado.

Más adelante ingresó a la Municipalidad de Tandil como ordenanza y llegó a desempeñarse durante dos años como jefe interino. También realizó diferentes trabajos, entre ellos tareas como mozo y organizador de servicios gastronómicos para eventos.

"Yo era el encargado de los mozos, iba a buscarlos a la Base y le hacíamos el servicio. Nunca me quedé quieto, me gusta trabajar", resumió en aquella charla con El Diario.

Cómo nació la historia con los pochoclos

El oficio que terminaría identificándolo ante toda la ciudad apareció alrededor de 18 años antes de aquella entrevista, poco antes de su jubilación.

Los responsables de la juguetería Pequitas lo habían contactado para que atendiera una máquina de pochoclos durante los fines de semana en el Parque Independencia. No tenía experiencia previa, pero rápidamente encontró en esa actividad una nueva forma de trabajar.

"Me contactaron los dueños de la juguetería Pequitas para que les atienda una máquina de pochoclos los fines de semana en el parque. Así se fue dando todo, no tenía idea de cómo era el trabajo, pero enseguida le agarré el gustito", relató.

Después compró el carrito y continuó por su cuenta. Incluso aclaró entonces que el que utilizaba en el centro no era el original: había adquirido uno nuevo en una fábrica de Temperley.

Pero, sobre todo, había encontrado algo que disfrutaba más allá del ingreso económico: el contacto con la gente.

"No sirvo para estar encerrado en casa, me aburro. Me gusta estar en contacto con la gente, hablar y además me llevo un manguito que nunca viene mal", explicó en 2017.

Por entonces llegaba al centro después de las 16 y permanecía hasta alrededor de las 21. Trabajaba de lunes a sábado y también participaba de jornadas especiales, cumpleaños, casamientos y diferentes eventos de instituciones, clubes, empresas y la Municipalidad.

Una esquina que quedó asociada a su presencia

A lo largo de los años, Amílcar convirtió una actividad sencilla en una referencia reconocible para quienes transitaban por el centro.

En aquella entrevista con El Diario contaba que en Tandil había ocho carritos habilitados para vender pochoclos en la vía pública y que él era el primero. La mayoría trabajaba durante fines de semana y feriados, mientras que él sostenía una presencia mucho más habitual en el centro.

También hablaba con orgullo de los permisos correspondientes y de los años de trayectoria que había acumulado.

Su historia personal estaba atravesada además por la familia. Junto a Marta Angélica Calderón tuvo cuatro hijos. En 2017 habían cumplido 48 años de casados y Amílcar hablaba entonces con especial cariño de su esposa y de sus hijos.

Incluso había contado que esperaba dejarles la pochoclera cuando la salud ya no le permitiera continuar trabajando.

El recuerdo de un trabajador incansable

La noticia de su muerte vuelve a poner en primer plano una historia que El Diario de Tandil había elegido contar cuando Amílcar todavía estaba todas las tardes detrás de su carrito.

En aquella nota de 2017, la escena era cotidiana: mientras conversaba con el periodista, los clientes se acercaban a pedir sus bolsitas de pochoclos, los vecinos lo saludaban y los chicos se quedaban mirando la enorme cantidad de pochoclos que se acumulaba dentro de la máquina.

Hoy, aquella escena forma parte del recuerdo.

Amílcar Marino construyó durante años un vínculo particular con la ciudad a través de un oficio que terminó siendo mucho más que un trabajo. Para miles de tandilenses, su figura quedó asociada a una esquina, a una tarde en el centro, a una bolsa de pochoclos y a una charla breve antes de continuar el camino.

Su carrito ya no estará allí, pero permanecerá la memoria de aquel hombre que, como él mismo definió en las páginas de El Diario de Tandil, "nunca" se quedó quieto y siempre encontró una manera de seguir trabajando y estar cerca de la gente.

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