22 de junio de 2026
El Programa de Adultos Mayores de la UNICEN hace vibrar las tardes del Club Ferro. Entre el recuerdo obrero de la Estación y la batuta de Laura Iglesias, todas las voces se unen para demostrar que cantar es un derecho soberano del corazón
"Sin música, la vida sería un error", escribió el filósofo alemán Friedrich Nietzsche en su libro El crepúsculo de los ídolos en 1889. Treinta años después, en 1919, los obreros ferroviarios de Tandil sintieron ese mismo llamado y, con las manos curtidas por el metal y el carbón, fundaron un club tricolor, deportivo y cultural. Hoy, ese mismo suelo alberga a más de medio centenar de almas que honran la existencia con canciones y palabras. Dámaso Latasa y Juan Antonio Salceda miran desde arriba con emoción; Hugo Mengascini acompaña desde el empedrado. La profesora Laura Iglesias comanda una vigorosa batuta y la esquina de Avenida Colón y Arana se viste de fiesta.
La propuesta de la Universidad Nacional del Centro, a través de su Programa para las Personas Mayores, genera desde el barrio de la Estación que los corazones sigan latiendo con la potencia de los sueños.
El cronista ingresa a Ferro, donde el arte y el potrero de arrabal laten con la fuerza de los pioneros. Se siente en el aire la renovada potencia vital de hombres y mujeres que ayer forjaron el presente de Tandil y hoy van en busca de más. El fulgor de las pupilas y las arrugas en las manos son detalles que flotan en una atmósfera de libertad creativa y magnética. Hace instantes, los participantes recibieron una propuesta muy especial: ser parte de una gala con filosofía, poesía y cine; convertirse en protagonistas de un encuentro con los otros donde, además, el brindis colaborará para que la verba fluya y la celebración sea inolvidable.
Tras el anuncio se produce un silencio reflexivo, ese instante hermoso donde se saborea el desafío. Después, bajo el techo del SUM, comienza la charla con la docente que reflexiona sobre su propio trajinar.
-Hablemos de la música en su vida, Laura.
-Desde que recuerdo, en mi casa siempre hubo música. Solía escuchar a mi papá tocando algún valsecito con una guitarra pequeña que nos habían regalado, o a mi mamá cantando alguna canción de Los Chalchaleros... Podría ampliar mi narrativa con muchos detalles que involucran actos comunicativos, vínculos y emociones. Fundamentalmente desarrollé desde temprana edad habilidades musicales -todas como se suele decir "de oído"- que me permitieron expresarme con seguridad y recibir gratas devoluciones. La actividad y la formación musical que recibí en la Escuela Polivalente de Arte de Tandil me abrió muchas posibilidades para relacionarme con pares en actividades culturales, participar en grupos corales y en bandas. De a poco se fue generando en mí el deseo de relacionar la música con la salud. Por eso, en el año 1987, me fui a estudiar Musicoterapia a la Universidad del Salvador en Buenos Aires.
-¿Y cómo siguió su camino profesional?
-He trabajado durante más de treinta años en la Educación Especial desde la modalidad artística. Lo hice con la firme convicción de que el fenómeno sonoro-musical, ya sea en la ejecución de instrumentos o en el uso de la voz para cantar, es patrimonio de todas las personas y debe ser una oportunidad de encuentro y comunicación. En el año 2014, la fonoaudióloga Laura Arregui, con quien me reencontré en el Conservatorio Isaías Orbe, me invitó a participar de un Taller del Programa Personas Mayores UNICEN que dictaba en Ferro, denominado "Cantar, contar un cuento y hablar". Me pareció una propuesta necesaria, con objetivos claros que giraban alrededor de la importancia del uso de la voz en las personas mayores. Pronto me uní con mi guitarra para cantar, ya que considero, y está probado, que cantar hace bien. Tiempo después, Laura exclusivizó su trabajo profesional en el consultorio y me ofreció continuarlo. Desde el año 2016 asumí la coordinación del taller.
-¿Cómo fue ese crecimiento dentro de la UNICEN?
-A partir del año 2018 se agregó otro grupo, ya que las propuestas del programa captaron el interés de muchas personas. En el 2020 la pandemia puso un freno a esto. En lista yo tenía 80 participantes inscriptos, pero, con el aislamiento social preventivo y obligatorio, las personas no aceptaron una continuidad a la distancia. Llegamos a fin de año con un trabajo en pequeños grupos por videollamada de whatsApp, siendo solo 30 los participantes. Hoy en día la realidad es otra: tenemos dos grupos con 30 participantes en cada uno. Trabajamos los días martes y los días jueves, de 15 a 16:30 horas, en el SUM del Club Ferro.
-¿Cómo es la dinámica de una tarde cualquiera en el taller?
-La propuesta es abierta, tal como lo contempla la modalidad de taller, pero no faltan ejercicios de trabajo con la voz, de respiración, articulación y vocalización. Practicamos el canto colectivo, que es una "forma" accesible a todas las personas. Aquí no hay exigencias de afinación, solo se procura el entrenamiento de la escucha dentro de las posibilidades de cada participante. Se realizan lecturas para proyectar la voz, se festejan cumpleaños y lo que más nos gusta es salir de "gira". Este año ya fuimos a cantar a la comunidad educativa de Fulton, donde disfrutamos de un almuerzo y la visita a un museo; solemos ir a residencias geriátricas y a cuanto evento se nos invite. En el año 2023 armamos "La Banda Mayor" con músicos en vivo y 68 cantantes en escena. Fue en la Sala INCAA y resultó una experiencia inolvidable: un recital de 13 canciones de autores nacionales en el marco de los 40 años de la recuperación de la democracia. Básicamente se propicia el encuentro alrededor de la experiencia musical y la charla, recuperando la narrativa y la hospitalidad.
-¿Qué es lo que más la conmueve de trabajar con este grupo etario?
-El trabajo con personas mayores en un ámbito educativo como la Universidad, que le da un marco particular, es sumamente gratificante. Si bien es un servicio el que se brinda, sobre todo es un acto pedagógico cultural que no tiene precio, sino que se aprecia. Saber que este es un lugar que acompaña, que escucha y que brinda la posibilidad de expresarse a quienes lo eligen, en lo personal me produce mucha alegría. Año a año, cuando veo los listados y los vuelvo a ver ahí firmes para seguir cantando, me doy cuenta de que este programa es vital. Por ahí me cruzo con vecinos que me dicen: "...yo iría a tu taller, pero no sé cantar...". Antes de contestarle, siempre pienso: ¿quién le habrá dicho que no "sabe" cantar? Cantar es inherente al ser humano y cada cual lo hace como puede. Si uno quiere ser un cantante profesional, obviamente tiene que atravesar una exigente formación para lograrlo... pero para cantar solo tenemos que tener la voluntad de hacerlo, o simplemente ganas. La unión de los distintos timbres hace todo lo demás.
EL MAPA DE LAS VOCES
Al apagar el grabador, la docente pide un último apunte para la libreta: "No quiero dejar de aprovechar esta oportunidad para expresar un profundo agradecimiento hacia quienes forman parte de este Programa Personas Mayores UNICEN: su coordinador, los compañeros y compañeras no docentes, y los colegas de los talleres que hacen de esto una gran familia".
Debajo de la batuta de Laura, los nombres que le dan cuerpo y vida a las tardes de la Estación:
El batallón de los martes: Isabel Aramburu, María Angélica Aranguren, Zully Arrighi, Marta Buffoni, Alejandrina Cipolletti, Luis Constanzo, Mra. Alejandra De Priete, Yoli Del Giudice, Adriana Desimone, Lila Díaz, Mara Frigo, Nora Gayo, Estela Lamónica, Sara Lechuga, Noemí Lueje, Gustavo Malinarich, Liliana Navas, Mario Pecelis, Ana María Polifroni, Juana Posse, Diana Riva, Graciela Rodríguez, Marcela Rossi, Jorge Símaro, Delia Simos, Carmela Soler, Silvia Soulie, Hilda Susana Storino, Graciana Tellechea, Liliana Varela, Paula Viteri y Ana María Zabalegui.
El batallón de los jueves: Stella Maris Aranda, María Cristina Bellada, María Marta Berruti, Marta Brunero, Rosario Sara Chimnnici, Mabel Conforti, Rosa Di Lena, María Teresa Diaz, Ana María Diaz, Liliana Echeverría, Claudio Errondasoro, Marta Espada, María Isabel Ferragine, Marta Fittipaldi, Licha Giaconi, Adriana Iglesias, Miriam Iglesias, Beatriz Irigoyen, Mabel Jensen, María Cristina Jorge, Mónica Lucero, Andrea Marchioni, Carmen Marta Martínez, Gladys Rodríguez, Nora Sack, Silvia Ugalde, María Carlota Vistalli y Teresita Zumpano.
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