26 de mayo de 2026
Por Alejandro Latorre
Por las orillas de la UNICEN viajan los gastados zapatos. Patean los bordes de este coloso de piedra y aulas. El cronista camina con la obsesión de describir el interior del gigante. Busca esas pepitas poéticas que andan sueltas. Este suelo pisado es el milagro de un sueño que ya sopló más de cincuenta velas. Una quimera de pioneros de Tandil, Olavarría, Azul y Quequén. De quienes entendieron, con la lucidez de los que ven el futuro, que la educación pública no era un gasto. Era la proa de la embarcación. La punta de lanza para el desarrollo indomable de toda la región.
En este Mayo Teatral, el frío de la chapa de La Fábrica se disuelve cuando se encienden las luces. Lo que sucede aquí adentro no es simulacro. Es resistencia pura. El teatro universitario, como nos recordaba Freire, no es un espejo para reflejar la realidad. Es un martillo para moldearla. Funciona como una herramienta de creación colectiva indispensable para que una sociedad no se vuelva sorda ni gris.
LA RULETA RUSA DE LA EXISTENCIA
Sobre las tablas, la atmósfera se corta con cuchillo. Seis suicidas enamorados se juegan la vida en una ruleta rusa. Una niña dirige los hilos del juego. Es El Amor es un Francotirador, la feroz dramaturgia de Lola Arias. Este elenco de pibes y pibas la defiende con el cuchillo entre los dientes.
Hay un pulso biodramático en escena. Un código propio que late en el barro de la experiencia humana. Abigail Calderón encarna a esa Niña que maneja el azar con frialdad de cirujano. En paralelo, una banda de rock en vivo musicaliza el vértigo de un álbum de biografías rotas. Daiana Grierson rompe los parches de la batería. Gisela González marca el pulso duro en el bajo. Gustavo Gardonio desgarra las cuerdas de la guitarra.
Cada actor es un universo en colisión. No tienen respiro ni salida del escenario. Federico Zárate le pone el cuerpo al Tímido con una fragilidad que estremece. Gastón Dubini camina el fango del Don Juan. Martina Cabrera desarma el aire desde la piel de la Stripper. Melisa Arce trae el perfume trágico de la Chica del campo. Nahuel Gorosito transpira la lona como el Boxeador. Sostener esa convivencia simultánea de confesiones, llanto y canciones es un laburo de orfebrería. Exige dejar el alma en cada baldosa.
EL SALTO AL VACIO
Detrás de este Big Bang sensorial hay una arquitectura invisible pero feroz. Abril Josefina Ocampos no solo habita la escena como La belleza. También asume el timón de la dirección junto a la complicidad técnica y la asistencia de Flora Zaffora. Ambas coordinaron ese caos hermoso. Indagaron en los abismos del amor y el suicidio. Transformaron las preguntas sin respuesta en carne viva.
Para parir este milagro hizo falta algo más que técnica. Hizo falta, como bien dice Abril, un salto al vacío. Un "entregarse a la odisea teatral". Implicó perderse y encontrarse en cada ensayo. Significó masticar el dolor y la belleza en un espacio de profunda reflexión fuera de las luces.
La UNICEN está viva porque en rincones como La Fábrica se sigue defendiendo la cultura pública con el pecho abierto. Esto no es solo arte apto para mayores de 18 años. Es la herencia de los pioneros latiendo, con potencia, en pleno siglo veintiuno.
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