7 de mayo de 2026
A sala colmada se estrenó en la sala La Fábrica la obra Bajo el Cielo de Tandil, que cuenta con la dirección artística de Esteban Calvo.
Por esas cosas de la sensibilidad y el encuentro, la sala de La Fábrica se convirtió en un refugio contra la prisa. Crónica de una noche donde el pago chico se hizo gigante a fuerza de poesía y memoria.
Con una sala colmada de cómplices -y otros tantos que se quedaron masticando la vereda con las ganas intactas-, se estrenó Bajo el cielo de Tandil. No fue solo teatro, ni apenas un recital; fue, como soltó un espectador con los ojos todavía brillantes, "una carta de amor a esa ciudad de todos los días, esa que a veces padecemos pero que, irremediablemente, nos constituye".
Bajo la batuta sensible de Esteban Calvo en la dirección artística, el aire se llenó de texturas necesarias. La guitarra y la voz de Adrián Ventos le pusieron banda sonora al alma, mientras que Victoria Rodríguez Lodi y Alejandro Latorre hilvanaron narraciones que nos hicieron tropezar, de nuevo, con el viejo empedrado y esos dilemas que desvelan al hombre desde mucho antes de que Adán y Eva perdieran el paraíso.
La propuesta tuvo ese gusto a "pago chico" pero con vuelo alto. Hubo intelectuales de los nuestros y un banquete -tan aristocrático como proletario- donde el brindis sirvió para regar charlas sobre el cine, la radio, el amor y esa religión laica que es la amistad.
En el éter de la sala flotaron, invisibles pero presentes, los duendes de Julio Léster, Josefina Equiza y Julieta Rabitti; las voces cómplices de Diego Castaño, Julio Canu, Gustavo Pina, Iván Navarro, Raúl Sigampa, María Inés Mazza y Juan Casero; y, por supuesto, la lentitud asombrosa del maestro René Lavand.
Alguna vez, el viejo León Tolstoi soltó aquella máxima que hoy, en plena calle Pinto, cobra una vigencia feroz: "Pinta tu aldea y serás universal". Los hacedores de esta obra hicieron exactamente eso. No buscaron la épica de las grandes metrópolis; hurgaron en el barro, el nombre propio y la gloria de nuestro propio patio para terminar hablándole al mundo entero.
"Prepará tus pupilas para crear la poesía y apagá el celular, por favor". La consigna en la entrada fue un susurro de resistencia. Y cada uno de los presentes, entendiendo que la belleza requiere silencio y entrega, se dispuso al rito: el de encontrarnos con el otro a través de la palabra empeñada y el oído atento. Porque, al final del día, de eso se trata: de reconocerse bajo el mismo cielo para no sentirse tan solo en el universo.
COMPARTE TU OPINION | DEJANOS UN COMENTARIO
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.
Solo suscriptos
Solo suscriptos
7 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
7 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
7 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
7 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
7 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
7 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
7 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
7 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
6 de mayo de 2026
Solo suscriptos
Solo suscriptos
6 de mayo de 2026