30 de agosto de 2025
Más que una tradición, un legado. En este Día del Trabajador del Chacinado, Cagnoli celebra su historia con sello innovador.
Un
Legado Familiar en el corazón de Tandil
La familia Cagnoli celebra su legado de cuatro
generaciones, honra su presente y proyecta un futuro que mantiene viva su
esencia.
Con casi un siglo de historia, Cagnoli es un
pilar de la chacinería en Tandil, una historia que comenzó con un inmigrante
italiano y se convirtió en un referente nacional. Hugo Cagnoli, segunda
generación y memoria viva de la tradición chacinera local recuerda los inicios:
"los inmigrantes trajeron sus recetas y su saber hacer. En nuestro caso pusimos
el apellido, eso era lo habitual en aquella época. Pero cuando uno pone el
apellido es un compromiso que asume, tiene que salir bien o salir bien."
El éxito de sus productos se debe en gran
parte a la sinergia única entre el saber hacer y el entorno natural, el clima
de Tandil es ideal para la elaboración de chacinados. Como cuenta Pablo
Cagnoli, tercera generación de la familia: "Ellos traían el oficio, pero la
máquina era el clima. La amplitud térmica y este entorno natural único permitió
desarrollar el oficio. En esos años solo se elaboraba en invierno."
En 1944, Pedro Cagnoli adquiere el predio en sección chacras N° 43, paraje El Molino, lugar donde se encuentra la planta elaboradora desde sus inicios hasta la actualidad. "Era la típica fábrica italiana de tres pisos en medio del campo, tenía un sótano, una planta baja y un primer piso. Luego fuimos creciendo, pero la fábrica original sigue existiendo y hoy es nuestra sala de especias", recuerda Pablo Cagnoli. En la planta baja se despostaba y elaboraban los salames, luego se subían al primer piso para secarlos porque allí corría el aire y en una segunda instancia se llevaban al sótano para madurarlos. Un proceso artesanal que aún hoy replicamos. "La tecnología actual nos permite trabajar con mayor seguridad que en aquellos inicios, y elaborar todo el año lo que solo lográbamos en invierno llevando un producto de calidad a todo el país con el auténtico sabor de Tandil", remarca.
Innovación
Constante: el envasado en el punto justo de maduración
La historia de Cagnoli es una historia de
innovación constante. Un hito fundamental fue su pionera técnica de envasado en
su punto justo de maduración. Facundo Cagnoli, cuarta generación, explica cómo
nació esta revolución: "A fines de los '90 fuimos los primeros en crear la
categoría Fuet en Argentina con esta tecnología de atmósfera controlada (ATM).
Esto nos permitió ofrecer el mismo sabor de siempre pero más seguro ya que es
envasado y más cómodo. Rápidamente se convirtió en un producto muy elegido,
infaltable en las picadas. Desde entonces, seguimos sumando productos en esta
línea como el salamín picado fino, grueso, la sopresatta y, ahora, los tres
nuevos sabores ahumado, picante y especiado. Hoy, Cagnoli es la única marca con
una familia de sabores de ocho productos envasados con esta tecnología."
Nuevos
sabores, nuevas experiencias
Con la mirada puesta en ofrecer nuevas
experiencias en la clásica picada argentina, Cagnoli lanzó tres nuevos
salamines que combinan su saber centenario con una nueva propuesta de sabores
Picante, Ahumado y Especiado envasados en su punto justo de maduración.
Juan Pedro Cagnoli, cuarta generación resalta
que el proceso de maduración es un arte que llevan más de cien años
perfeccionando: "el punto justo de maduración lo define el artesano. Sabemos
cuándo un salamín está bien madurado y cuándo no. Y contamos con la tecnología
que nos permite conservarlos en su punto justo de maduración."
La familia Cagnoli tiene una tradición en
desarrollar una variedad de recetas, siempre pensando en ofrecer más opciones
en las picadas, pero los nuevos sabores fueron un gran desafío. Explica Juan
Pedro Cagnoli: "Probamos muchas recetas y combinaciones diferentes hasta que
llegamos a los sabores que queríamos. Por ejemplo, buscábamos un picante no
invasivo, que dejara disfrutar el sabor del producto sin taparlo. El picante
debía ser algo que se sienta de manera progresiva, para que la gente pueda
disfrutarlo más. No queríamos que fuera un picor inmediato que ocultara el
sabor del salamín."
La innovación en los sabores y en su envasado
reflejan por qué Cagnoli sigue marcando la diferencia y continúa siendo un
referente indiscutible chacinados y fiambres en la Argentina.
Estas innovaciones, también han permitido que
puedan ofrecer una amplia variedad de productos libres de gluten, ya que este
tipo de envasado garantiza mayor seguridad desde que el producto se elabora
hasta que llega a la mesa, sin verse afectado en su manipulación o traslado.
Hoy cuentan con más de 35 productos certificados libres de gluten.
La marca ha sido pionera en la creación de
productos de alta calidad desde que comenzaron a elaborar salamines hace más de
un siglo.
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