21 de febrero de 2018

PERSONAJE DE LA SEMANA

PERSONAJE DE LA SEMANA. Sueños de peñas y charangos

por
Mauro Carlucho

Su padre fue un constante animador de las peñas folclóricas en la década del 60 y el 70.  Su madre también gustaba de las artes criollas y despuntaba el vicio bailando en distintos ballets de la ciudad. Cuenta la historia que bailó junto al gran Tinencio Fernández. Gran valor local del siglo pasado.

Sus padres se conocieron, seguramente, en una peña folclórica. Quizás organizada por algún centro tradicionalista o en algún club de la campaña.

Ella era enfermera y él carpintero. "No heredé ninguno de estos oficios, pero seguro me contagiaron el amor por la música y el folclore. Antes de que yo naciera, mi padre formó  parte del Grupo Vocal con gente como Pascual Pina, uno de los hermanos Dalera, Cacho Pereyra y alguno más que se me escapa. Mi viejo tocaba el bombo y cantaba", le dijo el Crespo a ElDiarioDeTandil.

En la casa de la familia Irigoyen nunca faltaba la música. El winco daba incontables vueltas con los discos de Los Hermanos Dávalos, Los Huancahua o Ariel Ramírez.

Guillermo apenas caminaba y ya imitaba a su padre con el bombo leguero. A los tres años le regalaron el primer instrumento. Seguramente para reyes, el primer fin de semana de enero.

"Viste que todos tienen una foto de pibe con la pelota, la bicicleta o una camiseta de futbol. Bueno. Mis fotos de infancia son con el bombo o con alguna guitarra que agarraba de por ahí. Por eso digo que casi sin querer me metí en este mundo de la música. Se dio solo", comentó.

Era muy chico cuando le tocó perder a su madre. Fue un duro golpe que debió absorber tempranamente.

A los 8 años su padre lo anotó en la vieja Escuela de Música, luego devenida en el Conservatorio. Quería estudiar piano, pero debió iniciarse con la flauta dulce.

Tenía muy buen oído y mucha facilidad para sacar las diferentes notas y ritmos, pero no soportaba estudiar lectura y escritura musical.

En cada acto de la Escuela N1, el alumno Guillermo Irigoyen era el encargado de agarrar el bombo.

Soñaba con tocar el piano, pero terminó dejando la enseñanza formal. De la misma manera que más adelante abandonaría la Escuela Técnica para dedicarse a su pasión.

"A fines de la década del 70, mi viejo junto a otros amigos forman Los Tihuancu. Ahí metían folclore con instrumentos andinos. Fueron algo así como los antecesores de La Forestal y a mí me dejaron esto de la quena y el charango que tanto he disfrutado. A los 13 tocaba la quena. Después mi viejo me trajo un sicus del norte. Estaba como loco con esto. Alguien me prestó unos casettes de Jaime Torres y me volaron la peluca. Ese mismo año participé del Festival de la Sierra y a través de un contacto conseguí una beca para estudiar en el Instituto de Artesanías y Folclore que está en Avellaneda. Imagínate yo con 14 años viajando todos los sábados hasta Buenos Aires. Era algo así como un Taller de Instrumentos Andinos. Después aprovechaba el viaje y estudiaba charango como oyente en el Conservatorio. Me empecé a encontrar con gente muy grosa. Viajé al norte con Jaime Torres para un Tantanacu Juvenil. Para ese tiempo formé parte de un importante grupo de danzas nativas que dirigía la madre de Julio Bocca. Viajamos mucho y toamos en escenarios importantes como el Teatro San Martín. Los directores eran profesores de la Escuela Nacional de Danza. Después se terminó la beca y era muy pibe para salir a laburar. No sé. Me volví para Tandil. Muchas veces me pregunto qué hubiera pasado si seguía en ese ambiente. Pero bueno, para ese entonces conocí a Oscar Tavano y tiempo después me llama para ir a escuchar los ensayos de un grupo que recién habían armado", dijo sobre los comienzos de un grupo que todavía sigue sonando: La Forestal.

En sus comienzos la banda estaba formada por Tavano, Eduardo Iturrioz, Bernardo Pérez y el recordado Maguila Althabe. Así nace La Forestal en 1988.

"Ensayaban en el Salón Blanco del Palacio Municipal. Cacho Testa era el Secretario de Cultura en el gobierno de Gino Pizzorno. Había muy buena onda y predisposición. También es cierto que no había tantos grupos como ahora. Yo empecé a ir mas seguido y casi sin darme cuenta fui quedando. Tocaba la quena con Oscar y después fui metiendo el charango. En ese mismo tiempo empezaron a ir los de El Cielito a los ensayos. Iba Miguel Roaux, los bailarines del ballet principal. Tenían la idea de presentarse en el Festival de la Sierra con banda en vivo y nosotros le hicimos toda la música. Hicimos malambos, gatos. Fue en el año 89. El año del disco "Sembrando América ". Fue un espectáculo impresionante. Hoy es normal verlo en los Festivales Nacionales, pero para la época fue un gran despliegue", relató.

La Forestal irrumpió con mucha fuerza. Maguila venía del rock, Iturrioz del jazz. Oscar Tavano era y es un fenómeno. Hacían folclore con el pelo largo. En la base sonaba una batería y además los instrumentos andinos que le daban otra dimensión.

"Que te puedo decir de La Forestal. A mí me dio y le di muchísimo. Viajamos por todos lados. Me hice grande junto a ellos. La primera vez que maneje fue el colectivo de La Forestal. Las giras. Tocar en la calle. Vivir de la música. Fue todo. Además, allí se empieza a forjar el sueño de la Escuela de Música Popular. Eduardo Iturrioz creo que fue el primer director junto a grandes como Coie Granato, Luis Tangorra, el toco Saldivar, el negro Torrecillas. Como aca no había profesores de quena y charango, fui yo con mis humildes conocimientos junto a Oscar. Después vino Atilio Fischer como director. Yo siempre trazo un paralelo entre el surgimiento del grupo y la Escuela. Encima yo vivía a pocos metros del edificio donde funcionaba en ese entonces. O estaba ensayando o en la Escuela. Una época hermosa", rememoró.

"Queríamos tocar en todos lados. Ir de pueblo en pueblo. A Oscar se le ocurrió hacer la costa en una carreta tirada por caballos y hasta habló con el loco Barletta para hacerla. Esa no se dio, pero igual nos fuimos en un Ford A con un carro enganchado atrás. Íbamos mucho a Necochea e hicimos una linda amistad con Los Prepucio que también hacían temporada allá. Conocimos mucha gente que nos enseñó este trabajo de artista callejero. Tocamos en festivales y en un montón de escenarios chicos y grandes, pero La Forestal era un grupo callejero. Pasábamos la gorra y nuestra ilusión era vivir así", explicó.

 Un año después, cuando compraron el viejo colectivo Bedfore 64, empezaron a soñar con viajes más ambiciosos. La primer epopeya fue una gira que empezó en Ayacucho, siguió en la Fiesta del Algodón de Roque Sáenz Peña, Chaco y terminó en Misiones. "Era viejito el Bedfore. Cuando salíamos de Tandil no podía subir la loma de la terminal, pero luego se acomodó y nos llevó por todos lados. Nos íbamos por la nuestra. Casi sin un peso. Sin gps ni mapas. Era toda una aventura a 65km por hora. Una maravillosa aventura".

Para ese entonces, Iturrioz había dejado el grupo y habían sumado al chino Ibarguren. Esta formación se mantuvo hasta el 92. Crespo se fue a Neuquén y Tavano a Italia.

Al año siguiente, Oscar sorprendió a Irigoyen con una carta. Lo invitaba a reencontrarse en Tandil para una nueva etapa. Sumaron a Javier Ripolli en el bajo y a un joven Marquitos Pereyra.  

"Todas las etapas de La Forestal fueron copadas, pero en este tiempo salieron temas como ?Caminos? y el disco ?Folklore en Zapatillas?, que para mí fue algo impresionante. Esos temas se siguen escuchando en todos los festivales. La gente lo recuerda y todavía me preguntan si tengo alguna copia. Lo tocamos por todos lados también. Primero girando en la citroneta de Oscar y después en otros colectivos. Siempre con la misma impronta de tocar en la calle o donde se pueda. Para nosotros era lo mismo. Quizás nos faltó proyectarnos más arriba. Pero teníamos la música y la gente nos seguía. Se enganchaba con el grupo. Después algunos muchachos se fueron bajando, la calle se puso muy dura y nos bajamos del colectivo", se lamentó.

La Forestal se separó oficialmente en el año 2001.El año pasado algunos integrantes de volvieron a reunir para un emotivo recital en el Club Ferro. Ya no estaba Maguila, Iturrioz y otros muchachos que dejaron su impronta en el grupo.

Con el grupo en pausa, Crespo intentó por todos lados seguir ligado al folcklore. Primero en Tandil con La Romería, un entrañable espacio cultural que mantuvo viva la llama por algunos años.

Conformó varios grupos, como La Macha en aquellos años, y también fue parte de ballets que mostraron nuestra cultura en España y Portugal. La paradoja es que este grupo oriundo de Trelew ponía en escenas canciones y arreglos de La Forestal.

En el año 2008 viajó nuevamente a Cosquín y encontró un viejo conocido de Misiones que lo invitó a recorrer el país,  al estilo de los buenos viejos años. Así estuvo 6 años trabajando y viviendo en la música. Cumpliendo su sueño de chico, aunque lejos de su tierra.

Allí adónde iba y mencionaba su ciudad natal, siempre alguien preguntaba por La Forestal. Las canciones de Oscar Tavano lo sorprendían en cada uno de los festivales. Es como una estrella que lo sigue en su camino.

Ahora, de vuelta en Tandil, busca rememorar tiempos pasados con "La Vieja Romería", ubicada en Rodríguez 348. Este nuevo emprendimiento familiar brinda un espacio dedicado a los músicos. Donde se valora al artista y su obra.

Cansado de dar vueltas por todo el país, Crespo siente que tiene mucho para dar. Sueña con peñas, cantos, chacareras y amigos disfrutando de esta pasión.

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